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Guía de: Artes Marciales

Uno de las primeros acercamientos que tuve con las artes marciales fue cuando era niño.

Producto de la influencia que el cine de acción ejerció en mí y en varios amigos de mi generación, especialmente “El Karate Kid”, ingresé a los 12 años a la Academia de Karate “Enzo Ramírez”, la cual disputaba en popularidad con la Kenpo Karate en esa época.

Ahí fue que aprendí las primeras grandes lecciones de la vida y el deporte: “la práctica hace al maestro”.

Y hablando de maestros fue por esa misma época que también conocí la obra de Bruce Lee, el gran cultor de las artes marciales, especialmente del Jeet Kune Do.

Lee no sólo fue un deportista, actor y director de cine, sino que también todo un filósofo de la vida y el espíritu.

El acuñó la famosa filosofía del agua: “Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza, si pones agua en una botella se convierte en la botella, si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Sé como el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”

Y claramente fluí con él.

Ya más grande tuve la oportunidad de competir en algunos torneos infantiles y seguir a otro de los grandes ídolos de las artes marciales: Jean Claude Van Damme, que casualmente gracias al kickboxing, y tal como también sucedió con Jackie Chan con el kung-fu, también derivó en el cine.

Aún recuerdo aquel clásico “Retroceder nunca, rendirse jamás” y su comentada elongación de piernas en las cuerdas del ring. O cuando el fantasma de Bruce Lee aparece para entrenar a Jason Stilwell, el protagonista, que termina por derrotar heroícamente al sicario “ruso” Ivan Kraschinsky, interpretado por el hoy actor.

Lamentablemente un hecho policial, cuando unos alumnos de la academia ER liderados por alguien apodado “el Cherokee” golpearon hasta morir a un joven en Las Condes (hecho que fue usado como inspiración en el guión de la serie “Los 80″ para retratar un conflictivo episodio de Martín Herrera), me costó el alejamiento del Karate Do, debido al cierre de la academia y a la “persecución” mediática contra el deporte.

De todos modos, desde ese momento más que como deportista seguí muy de cerca las artes marciales en el cine y los videos VHS que llegaban al video club de mi barrio de distintas peleas y torneos.

Con ese origen, conocimiento y pasión, cuando me oficié de periodista deportivo en distintos medios pude seguir de cerca nuevamente todas las disciplinas que confirman las llamadas artes marciales, incluso en torneos nacionales, sudamericanos, panamericanos y juegos olímpicos.

Hoy, con el surgimiento de las artes marciales mixtas (MMA) y la profesionalización de la Ultimate Fighting Championship (UFC) estas disciplinas viven un segundo aire, que justo me cruza cuando ya tengo varios años y experiencias de vida, como para ayudar a su masificación desde la vereda de las comunicaciones

Esperemos que este camino sea como un entrenamiento, la cual nos va a demandar una absoluta devoción. La misma que hay que poner cada vez que uno decide ser un artista marcial, porque al igual que en la vida, con el deporte siempre se puede ser más grande.

Sin dogmas, credos, ni adoctrinamientos, sólo fluyendo como el agua.