Acuario, irrumpe su energía

Independientemente de que seamos acuarianos de nacimiento o no, las energías planetarias constituyen vibraciones que todos compartimos y que nos afectan por igual. Sólo basta invocarlas en nuestra vida, escuchar sus invitaciones y, en el caso de Acuario, atrevernos a ser fieles a nosotros mismos.

Acabamos de entrar hace unos días en la vibración de Acuario. Tras el paso del Sol por Capricornio (20 de diciembre al 20 de enero aproximadamente), la energía acuariana se apronta a derribar algunas estructuras y renovarlas creativamente, que es una característica propia de este signo.

Acuario

Foto: El Mercurio

Acuario nos impulsa a ser nosotros mismos y romper las reglas.

Mientras que Capricornio, el anterior signo, se caracteriza por generar estructuras, jerarquías y leyes a partir de las cuales se rige el orden social, Acuario va más allá de las estructuras externas, de la voz del deber ser, de los juicios sociales y de la tradición.

Precisamente Acuario transgrede estructuras o al menos se las cuestiona; es el rebelde del zodíaco, el contestatario, el innovador, el hippie, el loco, el que, lo quiera o no, perturba el sistema tradicional de lo que “siempre ha sido así y así seguirá siendo”.

Más allá de que algunos de nosotros temamos a los cambios, a las rupturas, rebeldías y transgresiones, mientras que otros parecemos sentir un golpe de adrenalina similar al de un salto en benji con estas innovaciones, lo cierto es que la energía de este signo es una oportunidad para todos, cautelosos y osados; cuerdos y locos.

En ese sentido, Acuario es siempre una invitación para que todos los seres humanos o, dicho en términos acuarianos, toda “la comunidad humana”,  rompa con ciertas reglas que no nos convencen o que poco y nada tiene que ver con nosotros mismos; el momento en que el Sol transita por este signo es el momento ideal para atreverse a cuestionar ciertos órdenes establecidos, para preguntarnos cuán fieles a nosotros mismos estamos siendo, para ver en qué lugar anida nuestro loco interior, ese arquetipo que de vez en cuando nos anima a hacer ciertas locuras, libres de prejuicios, temores y aprensiones por el futuro.

Asimismo, Acuario nos pregunta por nuestra creatividad, por el coraje para que emprendamos cambios radicales en la vida, para atrevernos de una vez por todas a desafiar la voz del qué dirán y revisar cuán genuinos son los mandatos con que hemos construido nuestra vida, es decir, cuán cercanos son a nuestra alma o cuánto tienen que ver con jueces severos, voces externas, que nos presionan a actuar de cierta manera en la vida, traicionándonos en definitiva a nosotros mismos.

Bien sabemos que los modelos son necesarios en la vida, muchas veces inspiradores, espejos de una meta o propósito que queremos alcanzar, especies de guías o líneas directrices del camino que nos hemos trazado. Pero quizás cabe preguntarse si esos modelos que he erigido resuenan en lo profundo conmigo mismo o simplemente los adopté porque “es lo que corresponde”.

Acuario

Foto: Archivo Zig.Zag

Acuario es el más hippie, el más rebelde de los signos del Zodiaco.

Visto así, algunos rígidos mandatos del deber ser que más que ofrecernos una estructura sólida y segura, suponen una cárcel y un obstáculo para nuestro crecimiento espiritual. En todo caso, el zodíaco constituye un proceso completo y perfecto, y en ese sentido, ninguna energía es mejor que la otra; todas -sin excepción- constituyen las fases de un viaje arquetípico y son necesarias para la evolución de la psique.

Es este paso que estamos viviendo precisamente ahora (el paso o más bien “salto” desde la estructura caprina, terrenal, conservadora, hacia  un abismo abierto, infinito, creativo y sobre todo libre) lo que podemos elegir vivir conscientemente, de la mano de Acuario, amigándonos de nuestro Loco y finalmente atreviéndonos a ser nosotros mismos, en la más plena aceptación.

¿Hay acto más amoroso que éste?

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