Inicio » Astrología y Destino » Biografía

Guía de: Astrología

Mmm, ¿por dónde empezar? …Nacida al sur del mundo, en Santiago de Chile, una fría madrugada a mediados de los ’70 me asomé a esta vida con el Sol y la Luna en Géminis y el Ascendente en Aries. Es decir, mezclo el aire (las ideas, la comunicación) y el fuego (la iniciativa, la fe) para avanzar.

Supongo que por buen karma –la consecuencia positiva o negativa de acciones anteriores que conforma un tejido invisible que colorea nuestras vidas- estudié Periodismo y lo ejerzo cada ciertas temporadas y algunos días a la semana. Igual, nunca me sentí tan identificada ni con el ambiente, ni con la práctica formal de la profesión. Pero cuando vi mi carta astral por primera vez resultó tan obvio que esta era una de las carreras que podía haber elegido, que me sentí aliviada, al menos no estaba tan perdida. Claro, tenía que pulir mi escritura y recibir herramientas para comunicar.

Pero si hay algo que no esperaba en mi destino era el encuentro con un mazo de cartas mágicas, ancestrales y llenas de simbolismo: el Tarot.

A raíz de ciertos dolores y crisis varias, en 1999 di con un aviso en el diario que anunciaba talleres semestrales en un centro cultural y entre ellos uno acaparó mi atención, decía: Tarot, autoconocimiento. Instintivamente sentí que era eso lo que necesitaba para encontrar el rumbo y aliviar la pena que sentía en ese momento.

Ya, eso era una cosa. Pero de ahí a que se convirtiera en mi oficio y en mi ocupación principal había un tremendo trecho. Sin embargo, aprendí que a veces es mejor no discutir con el destino y aceptar no sólo sus desafíos, sino también sus misiones y regalos puestos en el camino.

Así, después de estudiar varias veces tarot y astrología -en un principio como una mezcla de afición y búsqueda personal-, con enfoques clásicos hasta psicológicos, pasando por el típico estilo gitano, que tanta gracia me hace cuando la señora mira las cartas y dice frases del tipo: “Veo a un hombre de tipo claro en tu camino…”, la lectura del tarot comenzó a copar mi agenda laboral.

En medio de todo, en el 2004 comencé a escribir –hasta la fecha- el Horóscopo de Emol.com, y luego por unos tres años, el de la Revista El Sábado de El Mercurio.

Por estos días, tengo una consulta de tarot; escribo aquí, también en mi blog: Pasajeros con destino a, desde donde relato algunos viajes internos y externos; colaboro eventualmente con el diario El País de Uruguay y cada semana realizo el evento “Jueves de tarot”, en el Café Magdalena, en Providencia, Santiago.

Ahora que escribo esto, recuerdo nuevamente que el tarot –y el dolor, sin duda- fue la puerta de entrada y un vehículo para el encuentro espiritual conmigo, con otros y con distintos valiosos conocimientos y disciplinas como el budismo, la meditación, las constelaciones familiares, los arquetipos, el eneagrama, el reiki, las sanadoras flores de Bach, otros oráculos y quizá cuántos hallazgos más que el destino quiera entregarme en el futuro.

¿Algo más? Sí. Creo en las señales de la vida y en las no casualidades de cada día. Me gustan las disciplinas esotéricas –como la lectura de la borra del café o las runas-, pues tienen un respetable conocimiento ancestral, mágico y sabio; aportan una mirada de la vida muy necesaria en estos tiempos, que muchas veces excluimos por estar centrados en la racionalidad; y aprecio su gran poder de orientación. Pero no comparto ni promuevo la dependencia de ellas, pues finalmente nuestra alma, nuestra propia sabiduría pura tiene todo el poder, la intuición y el conocimiento para vivir lo bueno y lo malo que la existencia nos ofrezca.