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¿Cómo salir de la terrible dicomotomía del blanco o negro?

Vivimos atrapados en la dicotomía, en la división, en lo que se conoce en la tercera dimensión como el mundo binario: bueno-malo, lindo-feo, positivo-negativo.

Muchas veces nos sentimos atrapados en el sufrimiento por cosas o acontecimientos que juzgamos como “malos”. Continuamente estamos calificando, actos, personas, instituciones, gobiernos, de acuerdo a nuestra manera de entender la vida en lo que consideramos “correcto”. Vivimos atrapados en la dicotomía, en la división, en lo que se conoce en la tercera dimensión como el mundo binario: bueno-malo, lindo-feo, positivo-negativo. Sin llegar a discutir en los términos de la ética natural, autores como Miguel Ruiz, se refieren a este fenómeno como el origen del sufrimiento humano. Nuestro juez interno está atento a condenarnos tanto a nosotros mismos como a los otros, apenas aparezca algún indicio que no corresponda con el decálogo interno que tiene cada uno. Y frente a las dificultades, aparecen las descalificaciones: “no sirvo para nada”, “es un estúpido”, “está gorda”, etc. El efecto de este acto reflejo, que hemos practicado por tanto tiempo, se traduce en desprecio y falta de amor.

Una visión integradora

Blanco Negro

Imagen: Aetos

Vivimos atrapados en la dicotomía, en la división, en lo que se conoce como el mundo binario: bueno-malo, lindo-feo, positivo-negativo.

Hay un desafío para estos nuevos tiempos, según lo plantea Bárbara Marciniak en su libro “Familia de Luz”. Frente a los diversos dramas que cada uno puede estar viviendo, está la posibilidad de entender que nada está separado del todo. Hoy la física ha demostrado que existe más espacio intersticial que materia. Por lo tanto, físicamente, estamos conectados con todos a través de ese enorme mar de espacio “vacío”. Si alguien sufre entonces, ese dolor también es mío. También la violencia, el amor, la risa y el desamparo. Asumiendo estas diversas realidades como experiencias necesarias para aprender y para crecer, nos damos cuenta que nada es realmente malo ni bueno, solo es.

Superar la propia sombra

El comienzo de esta tarea consiste en reconocer las propias áreas oscuras. En su libro “El dedo y la Luna”, Alejandro Jodorowsky, explica a través de un koan japonés, que nada en nosotros puede ser menos bueno. Su invitación es a asumirnos como somos, tanto con nuestros pensamientos sublimes, como aquellos más oscuros, que a menudo nos avergüenzan. La antigua frase “conócete a ti mismo”, no es más que otra invitación a que sabiendo quiénes somos realmente, con fortalezas y debilidades, hagamos elecciones impulsadas por la libertad y no por la represión. ¿Y qué tal si me equivoco? Nada es en vano, es experiencia. Y es de esperar que la lección sea bien aprendida, pues de lo contrario, lo más probable es que nos encontremos una y otra vez con el mismo tema hasta que entendamos cómo manejarlo. Después, casi por milagro, desaparecerá.

El desafío entonces, no es dejarse abatir ante el sufrimiento propio o de los demás. Tampoco significa no conmoverse. Y es que ser, en presente, en cada segundo de la existencia, es el regalo que nos da la vida. Frente a un “evento de destino”, como los llama Fernando Malkún, la respuesta debe orientarse a despertar sentimientos como la comunión con el otro. Inclusive, cuando es el otro el que nos hizo el daño (nada es personal dice Miguel Ruiz). También encender  la compasión, que es la música que despertará al mundo y al amor verdadero, el único camino que  permite superar el dolor del drama humano y entender el propósito de un plan superior.

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