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El ego como obstáculo que ahoga el alma

Ya no es tiempo de gurús ni maestros de algún tipo, no es tiempo de encontrar afuera sino adentro, es tiempo de mirarnos, de conectarnos con nuestro interior y escuchar la voz de nuestra propia intuición.

Hemos sido engañados…….!!! Se los puedo asegurar, incluso, no me crean, averigüen, investiguen y saquen sus propias conclusiones. Ya no es tiempo de gurús ni maestros de algún tipo, no es tiempo de encontrar afuera sino adentro, es tiempo de mirarnos, de conectarnos con nuestro interior y escuchar la voz de nuestra propia intuición, que es, a fin de cuentas, nuestro ser interno o “conciencia superior”, es decir, nosotros mismos, pero en un plano alternativo de conciencia continua, conectado directamente a la Fuente de todo lo que es.

Y, ¿quién o qué nos ha engañado? Bueno, señalar que las instancias de poder nos han engañado habitualmente por siglos es algo que escapa al motivo de este texto, pues ellos, sólo en parte,  también lo han sido. El engaño es más sutil y corresponde a una energía inteligente que toma el control del ser humano inconsciente, manejándolo a su antojo.

Ego

Foto: El Mercurio

La base de todo sufrimiento está en el manejo inconsciente que el ego ejerce sobre nosotros.

Iván Durán Garlick, chileno, investigador de la consciencia humana, en su libro “El Ego” señala lo siguiente: “El real sentido de nuestra venida a este mundo es elevarnos e iluminarnos pero existe una conciencia inteligente a la cual llamaremos: conciencia tridimensional que proviene de la materia y que nos adormece la mente impidiéndolo”. Esto es relevante para entender que somos manejados por una fuerza inteligente, que usurpa nuestra esencia o identidad espiritual. Si bien es la energía necesaria para la sobrevivencia en esta dimensión, es también la causante de que no evolucionemos espiritualmente sin sufrir, es el “largo y sinuoso camino”, como escribieron los Beatles.

Vivir separados

Durán afirma que esta conciencia tridimensional engaña al humano introduciendo al ego entre la Divinidad y él, haciéndole creer que ambos son separados. Esta conciencia le roba la memoria espiritual a la persona, cambiándosela por una memoria material tiempo-espacial e individual.

La antropóloga chilena Patricia May en su libro “Todos los Reinos Palpitan en Ti” define al ego como el “Yo herido, recubierto de capas de apariencias, defensas, máscaras y manipulaciones”. Asimismo, establece que esta energía inteligente de la materia “ahoga y suprime al alma”, es decir vive como unidad separada, en la carencia, con la sensación básica de estar incompleto y por lo tanto, desea. Buda Gautama, afirmaba que la base de todo sufrimiento está en el deseo, por lo tanto en el manejo inconsciente que el ego ejerce sobre nosotros. “El que desea más, siempre es pobre”, versa el refrán popular. En oposición, May señala que “el alma vibra en la totalidad, en la unión, en la generosidad, en lo pródigo de la vida. No importa cuánto se tenga, en cada minuto se está en la abundancia”.

Las raíces del mal

Así también Deepak Chopra, en su libro “Las Siete Leyes Espirituales del Éxito”, define esta energía como “……… tu imagen; es tu máscara social; es el papel que estás desempeñando. Tu máscara social crece con la aprobación. Quiere controlar, y se sostiene con poder, porque vive del miedo”.

Gerald Messadié, periodista científico e historiador francés, en su libro “El Diablo” señala que únicamente en el zoroastrismo dualista de Irán, en el judaísmo posterior al exilio en Babilonia, así como en el movimiento esenio y finalmente en el cristianismo, se encuentra presente una figura tan enigmática como controversial como el Diablo. La etimología para conocer su significado habría que buscarla en Irán, sin embargo en esos intentos se le señala como “El calumniador”, “El acusador”, “Espíritu del mal”, etc., siempre y sospechosamente, al igual que Dios, como una energía masculina. El psicoanalista y conferencista argentino, José Luis Parise señala que diablo tiene una etimología de “división”. El porqué me interesó esta etimología es motivo de este artículo.

La etimología de diablo como “división”, descrita por Parise resulta interesante, pues una de las características más importantes del ego es la “separatividad o división” con la que nos envuelve, conduciéndonos a sentirnos superiores o distintos a otros. Y ¿acaso no es esa la “labor asignada” al diablo, la de hacernos sentir divididos, separados de la Divinidad, siempre deseando el jardín del vecino? Qué curiosa similitud entre diablo y ego. Tal vez, Zoroastro en su reforma religiosa del siglo VI a. c. hablaba de aspectos sicológicos al “crear” al diablo, de separatividad del Todo, producto de una división interna en el ser humano. Pero no fue entendida así. Sólo lo planteo, no tengo la certeza de ello.

En fin, se pueden citar muchos autores que establecen, invariablemente, símiles entre sus opiniones y aportes. Sin embargo lo que me interesa compartir es una mirada más profunda a las manifestaciones de la conciencia tridimensional de la materia tomando como base la extensa, acertada y luminosa investigación que Iván Durán ha realizado sobre el tema.

Durán en su libro establece tres grandes barreras, bloqueos o tapones que le impiden a la mente del ser humano una conexión directa con la Fuente o el Espíritu, manteniendo a la mente caída en este plano, adormecida: el Ego, la Mente Alegórica y la Emoción Pasional, motivo de análisis en la segunda parte de este artículo.

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