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Invierno: Un tiempo para sanarnos

La medicina y los avances de la genética hoy permiten hacer un mapa completo y saber qué padecemos o de qué nos podemos enfermar en el futuro. Pero una cosa es tener el potencial y otra muy diferente es desarrollarlo.

En épocas como el invierno, las personas, aunque algunos  no se den cuenta, comienzan un periodo similar al de la naturaleza: volcarse más hacia adentro y centrados en sí mismos. En esta misma época también despierta una serie de dolencias, algunas relacionadas con la estación, como resfríos y gripes y otras que son producto del propio proceso de observación que produce este periodo más introspectivo. Porque a menos que un problema de salud explote brutalmente, no son muchos los que en la vorágine de cada día, se dan tiempo para atender a las señales que envía el cuerpo cuando algo no funciona bien. El invierno da la oportunidad para esa pausa. Y así como ésta sirve para la propia reflexión, también despierta la necesidad de atender adecuadamente nuestro “envoltorio”.

Invierno

Foto: Agencias

Elige qué creer

Si bien en este proceso la visita al médico puede ser necesaria y recomendable, así como la larga o corta lista de exámenes y chequeos que éste requiera, es importante recordar siempre que los responsables de nuestra salud no son otros, sino nosotros mismos. Y de ahí este llamado para alejar los decretos que pueden caer sobre nuestra persona casi gratuitamente: “tienes una historia de familia hipertensa, es altamente probable que tú también lo seas”; “mamá y hermana con cáncer de mama, te hacen candidata segura”; “cálculos renales en todo tu círculo, prepárate para algo parecido”. Tengo una amiga a la que antes de examinarla y ver sus exámenes, la ginecóloga le diagnosticó menopausia precoz; escuché la angustia de un niño de 10 años que se sentía condenado a tener problemas renales porque su mamá acababa de tener un cálculo al riñón. También supe la historia de una chica cuya madre murió de cáncer de mama y que a pesar de decir desde los 12 años que nunca tendría ese cáncer, enfermó de éste a los 30. ¿Por qué sucedió? Probablemente por su genética, pero en un plano más sutil, se podría decir que dicha enfermedad estuvo en su pensamiento permanentemente por 18 años.

Desarrollar el potencial correcto

La medicina y los avances de la genética hoy permiten hacer un mapa completo y saber qué padecemos o de qué nos podemos enfermar en el futuro. Pero una cosa es tener el potencial y otra muy diferente es desarrollarlo. Si tenemos posibilidades para una enfermedad, también lo tenemos para la salud. Joe Dispenza en su libro “Evolve your Brain”, cuenta no sólo la asombrosa recuperación que tuvo después de un demoledor accidente, sino también relata casos de mejorías altamente improbables para la medicina. ¿Cuáles eran las características que tenían en común estas personas?: primero, sabían que en algún grado habían creado su enfermedad; segundo, tenían algún tipo de fe, no eran necesariamente practicantes, pero confiaban en un orden superior. En tercer lugar dedicaban un tiempo importante a su proceso de sanación, pero este tiempo era a través de oración, reflexión, meditación o enfoque en crear su propia salud. Esas personas decidieron que su diagnóstico no era una sentencia que debían esperar resignados, sino que comprendieron que enfrentaban una prueba que requería reunir todo su poder.

En su libro “Sana tu cuerpo”, Louise L. Hay identifica una amplia serie de dolencias con su correspondiente estado emocional, y destaca la importancia de las creencias acerca de nuestra salud en nuestro bienestar físico. Como dice Patricio Valenzuela en su artículo sobre “El cáncer y sus causas desconocidas”, la sanación definitiva consiste en adquirir conciencia superior de lo que somos. Y en asumir como el guerrero, las riendas de nuestra salud, escuchando consejos, pero siendo soberanos en nuestras decisiones y responsabilidades.

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