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Trabajo en Equipo: el secreto de la alquimia

Los grandes equipos son capaces de abrirse a lo inesperado y de llegar a soluciones que jamás ninguno de sus integrantes hubiera pensado por sí solo.

Para convertir el hierro en oro los antiguos alquimistas se enfrentaban a un duro desafío. Primero, debían contar con los ingredientes adecuados: hierro de primera calidad, un caldero excelente, la fragua perfecta, amén de los elementos secretos  y esenciales que cada uno manejaba. Pero había uno clave, que era el que permitía la magia: la proporción.

Ya los matemáticos griegos habían planteado que el verdadero orden de la naturaleza respondía a patrones de la geometría. Objetos y seres vivos reproducen maravillosamente el orden cósmico, perfectamente proporcionado en sus lados y ángulos e incluso elipses.

Así como la magia del alquimista, los milagros del trabajo en equipo son resultado de la combinación adecuada de sus ingredientes: buen estilo de liderazgo, adecuada proporción de indagación y propuestas, suficiente calidad de escucha, peticiones claras y precisas, una metodología de trabajo ad-hoc, siempre acompañado de ética. Como en el proceso alquímico, el resultado de los talentos individuales es mucho más que la suma de los ingredientes.

Trabajo En Equipo

Foto: Blogs

La fórmula secreta

Aportes como el de Marcial Losada, en el tema de la conectividad, que equilibra en un 50/50 proposiciones e indagaciones, así como temas internos y externos, apoyan la idea de que un equipo debe tener muy en cuenta la combinación de elementos. De qué sirve un grupo de trabajo en el que todos tienen algo que decir y ninguno escucha. Esta capacidad va más allá de la acción del oír. Rafael Echeverría lo presenta como un acto de generosidad y apertura, en el que las personas están abiertas a que lo dicho por el otro pueda transformarlas.

Avances en la metodología de trabajo, como los que propone Tim Hurson, a través de su concepto de pensamiento productivo, también establecen tiempos y etapas que permiten llegar a resultados extraordinarios. Estimular el pensamiento lateral permite simultáneamente, que los miembros del equipo aprendan y se abran a escuchar las propuestas de los demás y a someterlas a juicios constructivos como parte de un proceso creativo. El producto tiene todas las posibilidades de llegar al éxito en la medida en que se sigue un proceso impecable, que valora el camino, pero no pierde de vista el fin.  Los grandes equipos son capaces de abrirse a lo inesperado y de llegar a soluciones que jamás ninguno de sus integrantes hubiera pensado por sí solo.

Si hubiera que representar esta idea en un producto, uno de los mejores ejemplos podría ser el Ipad. Sin ser fanática de Apple, y al margen del genio de Steve Jobs, este aparato reúne lo mejor de muchos mundos: la mejor tecnología “nano” disponible, el concepto “touch” llevado a lo cotidiano, una nueva materialidad del vidrio, prescindencia del disco duro, Wi Fi incluida, en fin… un resultado del colectivo.

Lluvia de ideas, selección, mejoramiento y las etapas que se quieran llevar a cabo en el proceso, no serían posibles si los miembros del equipo no se sintieran estimulados a compartir y poner en evidencia sus ideas e inquietudes. Es ahí donde entra nuevamente la idea de proporción matemática. La Losada Line establece un mínimo de 3:1 interacciones positivas v/s negativas (verbales y no verbales) para que pueda existir un equipo de alto rendimiento. Este es el piso, pero Losada sitúa el máximo en 11:1, siendo el máximo medido de 5.6. ¿Cuánto estamos dispuestos a reconocer de bueno en el otro, antes de enrostrarle sus errores?

Pensar el futuro

Nuevamente volvemos a la idea de la proporción adecuada de los ingredientes. Cuando se sitúa sobre la Losada Line, un equipo consigue “florecer” gracias a su pensamiento expansivo. Si en cambio, la retroalimentación es mayoritariamente negativa, los individuos se restan o se sitúan en un esquema de pensamiento restrictivo, que frena la capacidad del equipo.

Queda todavía un ingrediente adicional, que tiene que ver con el tiempo que los equipos y sus integrantes dedican al campo emocional respecto a la coordinación de acciones.  Mientras que en un esquema tradicional, esta última acapara buena parte de la jornada diaria, lo primero apenas se considera. De ahí que afirmaciones como “apenas tengo tiempo para pensar”, debieran ser parte del pasado. Es pensando el futuro, generando estrategias en equipo y aprendiendo unos de otros, que los grupos humanos pueden superar las posibilidades existentes, generando resultados extraordinarios. Como el alquimista, transformando el hierro en oro.

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