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Los todoterrenos se vuelven cibernéticos

Land Rover está aplicando en algunos de sus modelos superiores algunos de los más avanzados recursos que la electrónica ha desarrollado para hacerle fácil la vida al conductor en las condiciones más difíciles.

¿Qué hace la diferencia entre una travesía todo terreno placentera y otra tortuosa y agotadora? Bueno, a esta altura del partido la tecnología está lo suficientemente desarrollada como para que vehículos de alta gama como los Land Rover  Discovery 4, Range Rover y Range Rover Sport ofrezcan algo más dócil que las durísimas palancas de las cajas reductoras y las poco inteligentes teclas o perillas que permiten pasar de 4×2 a 4×4.

La respuesta que dan los modelos mencionados se llama terrain response y fue precisamente para probar sus habilidades que viajé a Inglaterra. La marca británica especializada en vehículos tan elegantes como extremos, desarrolló la Land Rover Experience para que clientes y sujetos como yo –dedicados a escribir de estos asuntos- vean de qué son capaces estos vehículos.

Todoterrenos

Foto: Land Rover

Land Rover dispuso todo para poner a prueba sus todoterreno.

Por supuesto, siempre habrá puristas que prefieran hacer todo como en los viejos tiempos, pero para aquellos que valoran más llegar al objetivo que sudar tratando de alcanzarlo, el terrain response es el camino. Literalmente.

Sin entrar en los insondables misterios técnicos que hacen posible los prodigios que vi en Inglaterra, el dispositivo de marras se expresa en la forma de un mando giratorio situado en la consola central de los mencionados modelos de Land Rover, en el cual es posible seleccionar cinco configuraciones: General, para la mayoría de las situaciones por carretera y campo; Hierba/gravilla/nieve, para superficies firmes y resbaladizas; Barro y surcos, para caminos forestales y terrenos con lodo; Arena, para playas y dunas; y Piedras, para rocas y piedras sueltas.

Así, basta que el conductor vea el tipo de terreno por el que tiene que circular para elegir la posición del mando giratorio. Así, cualquier novato se convierte en un experto del todo terreno, porque de hecho, el auto lo hace todo por él: se configuran los parámetros del motor, caja de cambios, sistemas de control de tracción y frenos y suspensión para cada tipo de terreno.

Land Rover tiene en los alrededores del Castillo de Eastnor, en el condado de Herefordshire, unos predios donde se preparó un circuito muy exigente para cualquier vehículo.

Las colinas que circundan el castillo están cubiertas de bosques y prados que crecen en un terreno arcilloso, poco permeable, que impide que el agua de las lluvias se absorba, de manera que al final del invierno, cualquier camino no preparado se convierte en un barrial. Justo lo que necesitábamos para desafiar al terrain response. El suelo parece sólido y seco, cubierto por hierba, pero basta pisarlo un poco para darse cuenta de que es una especie de turba que exuda agua.

Primero a bordo de un Discovery 4 y luego en un Range Rover Sport, bastó que seleccionara el modo Barro y surcos para que los vehículos fueran por donde quería. Pendientes del orden de 30 a 40 grados (en ascenso, descenso y laterales), barro profundo y pasos por aguas que llegaban a la mitad de las puertas no fueron suficientes para sospechar los límites técnicos de estos modelos.  De hecho, la mayor dificultad fue para sacar las ruedas de los surcos que habían hechos los vehículos precedentes.

Considerando que portaban neumáticos para carretera y que estaban con presión normal, el comportamiento de los Land Rover fue sobresaliente. Sin que el conductor haga nada más que guiar, el vehículo eleva la suspensión (o la baja si es necesario), opera los frenos, activa en sistema de control de descenso, varía la transferencia de torque entre los ejes y bloquea automáticamente el diferencial central y trasero.

Y  toda esa actividad se muestra claramente en la pantalla LCD de la consola central, donde además hay una gráfica donde se aprecia la posición de las ruedas direccionales y de todas las ruedas respecto del recorrido de la suspensión.

Y para mejor, los ejemplares probados tenían además el sistema de cámaras perimetrales, que permite ver todo el entorno del auto, eliminando completamente las áreas ciegas.  Más todavía, los creadores del circuito enfatizaron los vadeos (el paso por agua), un recurso que resultó más efectista que desafiante para el terrain response, dado que en tales circunstancias no hay nada realmente problemático para vehículos como los que estaba probando. Es sólo agua y estos Land Rover pueden vadear hasta 70 cm de profundidad.

Mi conclusión es que el terrain response termina quitándole el espíritu deportivo a los modelos de gama superior de Land Rover; pero, claro, si alguien está gastando unos US$100 mil en uno de estos modelos, tiene derecho a exigir que junto a las maderas finas, los cueros seleccionados y el extraordinario equipo de audio, tenga un sistema de gestión de la travesía todo terreno que esté a la altura.

Por último, siempre quedará el Defender, el más tradicional y salvaje modelo de la marca, que carece de todos estos artilugios.

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