Ex “novia” de Hugh Hefner revela detalles de su vida junto al recordado creador del imperio Playboy

Holly Madison publicó un libro en el que hace un repaso por cómo fue vivir en una de las casas más deseadas del Siglo XX.

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Un mundo se ha terminado. Fue el Siglo XX. Con sus ocurrencias, sus terribles guerras, sus muros, sus conejitas y sus subculturas, el Siglo XX sí comienza a parecer ahora ya lejano. Si se trata de esas dos últimas características, una exconejita (y aquí habría que explicar el término a los más jóvenes) supo contar las extravagancias de lo que fue vivir en la famosa mansión Playboy en esa hendija abierta a un costado de la cultura rock, una hendija frívola pero con todas las locuras de aquel mundo de sexo, drogas y rock and roll que el mundo, más que conocer, leyó en las revistas.

Holly Madison fue una de las protagonistas del reality “Girls of the Playboy Mansion”. Aquella tira ya se ubicó al final de aquellos años y lo mostraba al legendario Hugh Hefner ya anciano, rodeado de un harem de chicas jóvenes y no tan jóvenes.

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Pues bien, más tiempo ha pasado aún y hasta Holly ya pasó los 40. Pero la mujer tiene excelente memoria y recuerda sus años de veinteañera en la mansión. Fue a los 21 cuando dejó sus oficios momentáneos y se mudó a la mansión. Allí vivió una relación abierta con el dueño de casa, junto con varias personalidades más, como Kendra Wilkinson o Bridget Madquart.

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Aquella relación ya había culminado en 2009, pero Holly se quedó a participar de la sexta temporada del reality, que tenía los días contados por aquel entonces. Sus memorias quedaron inmortalizadas en el libro «Debajo del agujero del conejo: aventuras curiosas y cuentos preventivos de una ex conejita Playboy», de 2015.

La primera fiesta salvaje ocurrió bajo los efectos de una pastilla de “Quualude”; la droga es conocida por el film “El lobo de Wall Street” y fue llamada en los 70s como “abridora de muslos”. Fue Hefner quien se la dio a Holly, que vivió todo aquella como entresueños: “Me senté en el borde de la cama, sin saber qué hacer. Me incliné hacia una mujer llamada Vicky, después de todo, ella era con la que me sentía más cómoda. Tal vez si me escondía detrás de ella, pensé, pasaría desapercibida por la noche. ‘Finge el revolcón’, siseó en mi oído y me atrajo hacia ella. ‘¡Te lo explicaré más tarde!’

Holly narró aún más y desalentó las fantasías de miles de lectores con sus palabras a continuación: “Mis ojos se habían adaptado a la oscuridad y podía ver que todas las chicas, iluminadas a contraluz por las grandes pantallas, estaban montando un espectáculo: estaban haciendo los movimientos como si se estuvieran besando o besándose, pero nadie realmente lo hacía. Era solo una gran fachada. Nadie estaba realmente de humor (además de Hef, supuse) o excitado en lo más mínimo. Como el propio porno, todo era solo para mostrar”.

“Había música a todo volumen –continuó Madison–, pero si te acercabas lo suficiente a alguna de las chicas, podías escucharlas chismorreando entre ellas o burlándose de lo que pasaba frente a ellas. Si los teléfonos inteligentes hubieran existido entonces, estoy bastante segura de que habrían estado enviando mensajes de texto o revisando su Instagram cuando Hef no estaba mirando. Cuando lo pienso ahora, es casi cómico. Sin duda, todos los hombres estadounidenses han fantaseado con lo que sucedía en el dormitorio de Hugh Hefner con su harén de bombas rubias. ¿La respuesta? No mucho.

Holly dio a conocer algunas reglas de la mansión: las chicas no podían usar lápiz labial rojo, no podían salir pasadas las 21 horas, no podían trabajar fuera de la mansión. “Ahogarme parecía una forma lógica de escapar de la vida ridícula que llevaba. No podía soportar más mi propia miseria”, concluyó la conejita. ¿Mujeres encerradas sin candados en la casona de un anciano? Extravagancias del Siglo XX, una era que pasó y pasó y cada vez se aleja más.

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