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Opinión: ¿Soluciona realmente la nueva Ley de Convivencia Vial los problemas de fondo?

La nueva normativa es un primer, y correcto, paso para terminar con los problemas diarios que se viven en las calles, pero necesita de mucha ayuda.

El domingo 11 de noviembre, finalmente, comenzó su vigencia la nueva “ley de Convivencia vial”, como ha sido bautizada la normativa que regula el tránsito de los llamados “Ciclos” por las calles de la ciudades.

Sí, porque la ley de “Convivencia vial” no fue redactada solo para los ciclistas, como se podría pensar, sino que también para scooters, patinetas y patines. Y dentro sus estipulaciones también trae nuevas normas para los automovilistas. En resumen, aborda una serie de aspectos que no sólo incluyen a las bicicletas, sino que a la mayoría de los actores que interactúan diariamente en la calle.

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Pero el foco parece estar puesto en los ciclistas, quienes por primera vez se ven enfrentados a una ley que regula sus desplazamientos en las calles donde no existan ciclovías, por el explosivo aumento que han tenido en los últimos años y por el aumento de los reclamos contra quienes circulaban irresponsablemente por las veredas sin respetar a nadie.

Independiente de las críticas que han surgido en las primeras horas por la falta de ciclovías, el fondo al que apunta la ley de “Convivencia vial” no debería centrarse en la figura de los ciclistas, quienes se han transformado inexplicablemente en los enemigos número 1 en las calles, sino que en lograr un cambio que permita movilizarse sanamente por las vías públicas, una tarea que se ve compleja a la luz de lo que sucede diariamente.

Sí, hay un amplio grupo de ciclistas a los que dan ganas de quitarles la bicicleta por actitudes tan lamentables como ir chateando por celular mientras pedalean (aunque no lo crea, lo hacen). Y también hay otros que no chatean, pero sí hablan por teléfono. ¿Seguimos? A otros, se les ocurrió que no hay problema en sacarse los cascos y ponerse los audífonos más grandes que encuentren, quizás es más seguro así, deben pensar; y el resto no lo sabíamos.

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No, esto no es photoshop.

Yo soy ciclista y soy feliz arriba de la bicicleta, pero no entiendo a los que andan como locos por las veredas, a los que usan las campanillas para que los peatones se corran y ¡¡más encima, se enojan si no les dan el paso!! Tampoco me gustan los que se han convencido de que las ciclovías son pistas de carrera y se molestan con los que andamos tranquilamente.

Pese a esto, me sorprende que los peatones y automovilistas crean que tienen la altura moral para dar cátedra de respeto y criticar a los ciclistas por su comportamiento vial, cuando basta pararse, por ejemplo, en Providencia, entre Suecia y Lyon, para ver todos los días a gente cruzando en el medio de esa calle al salir del metro, a solo 50 metros de una esquina y un semáforo.

Avance un par de cuadra y también en calle Lyon, a pocos metros de Nueva Providencia, de nuevo hay peatones que cruzan entre medio de los autos y aparecen inesperadamente, poniéndose en riesgo ellos y a los ciclistas que circulan por la calle, que tienen muy poco tiempo de frenar cuando los ven aparecer.

El bonus track se lo adjudican algunos padres que usan las ciclovías para caminar con los coches de sus hijos, teniendo las rutas para peatones a dos pasos, como he visto 3 ó 4 veces.

Los automovilistas no se quedan atrás. Para los que andan en autos, los pasos de peatones parecen ser invisibles, a veces pueden pasar hasta 4 ó 5 autos antes que uno pare; y en las horas punta, el bloqueo de cruces es habitual, por ejemplo, en la avenida Andrés Bello, que tiene puntos críticos en avenida Los Leones en las tardes, donde hay que ser contorsionista para poder atravesar. En las mañana, el problema sube 100 metros hasta el cruce con Nueva Tajamar.

¿Lo peor? Varios conductores desesperados no tienen problemas en llegar y cruzarse por las ciclovías aunque venga un ciclista cerca, obligando a frenar bruscamente o intentar maniobras evasivas para evitar un accidente. Por esto, es difícil creer que vayan a hacer el esfuerzo en adelantar a 1,5 metros de distancia a un ciclista, como establece la normativa.

Ejemplos como estos podría alargar esta columna eternamente, porque la falta de empatía y respeto por el resto se ha perdido en la calle. Lo único que importa, para muchos, es tener la vía libre para moverse, aunque muchas veces eso se consiga a costa de la tranquilidad y la seguridad del resto.

Quizás sería buena idea que la nueva ley, junto con las multas económicas, considere obligar a los infractores a tomar clases de convivencia cívica o asistir a algunas horas de tratamiento con algún terapeuta.

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