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Cinco artículos cotidianos que le debemos a la Primera Guerra Mundial

La Gran Guerra no solo nos dejó máquinas de muerte, sino también inventos que facilitaron la vida cotidinana de millones de personas.

Las ametralladoras, los tanques y los gases venenosos no fueron los únicos inventos surgidos a partir de la Primera Guerra Mundial y el desarrollo tecnológico previo al conflicto. También dio origen a innovaciones que han mejorado la calidad de vida de las personas.

A 100 años del inicio de la Gran Guerra, la BBC realizó un listado con los 10 grandes inventos que se desarrollaron debido al conflicto o se mansificaron con él. La lista incluye adelantos como el acero inoxidable y los cambios de hora. A continuación, revisamos una selección de los elementos más cotidianos que heredamos de este conflicto.

Las toallas higiénicas

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Foto: Internet

Antes de la guerra, una pequeña empresa estadounidense habia desarrollado un nuevo material a partir de la celulosa: el celucotton, cinco veces más absorbente que el algodón y a la mitad de su costo. Cuando Estados  Unidos entró a la guerra en 1917, la compañía comenzó a fabricar con este material el forro del vestuario de los profesionales de la salud que acompañarían a los soldados al frente.

Una vez en el campo de batalla, las enfermeras de la Cruz Roja notaron que el celucotton tenía otro posible uso durante sus días de menstruación. Cuando terminó la guerra, ya no se necesitaron más uniformes para enfermeras, por lo que la empresa se tuvo que reenfocar: en 1920 se lanzó “Kotex”, la primera toalla higiénica de la historia.

Los pañuelos desechables

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Foto: Internet

Si bien las toallas higiénicas fueron un invento revolucionario, su acogida en el público fue más bien tibia. Las mujeres sentían vergüenza de comprar este producto a los hombres que atendían las tiendas de productos de aseo.

Por esto, la empresa buscó un nuevo uso para el celucotton. A principios de 1920, C.A Fourness tuvo la idea de planchar el material de la celulosa, hasta obtener unhojas suaves y finas. Así nació el pañuelo desechable, que salió al mercado en 1924 bajo la marca “Kleenex”.

Las bolsas de té

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Aunque hoy la mayoría de las personas toma té en bolsa y no preparado en tetera, hace un siglo era todo lo contrario, pues estos saquitos no existían. En 1908 un comerciante norteamericano empezó a enviar té en pequeñas bolsas a sus clientes.

Esta idea fue copiada por la compañía francesa Teekanee durante la Primera Guerra Mundial. De esta forma, la empresa abasteció a las tropas que se encontraban en el campo de batalla de esta tradicional bebida caliente en una forma práctica. Eso sí, fueron conocidas bajo un nombre un poco más belicoso: bombas de té.

El cierre de cremallera

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Desde mediados del siglo XIX varios inventores trabajaron en varias combinaciones de ganchos, broches y hebillas para lograr un cierre rápido de las ropas y que aislara del frío. El sueco Gideon Sundback dio con la solución: el cierre de cremallera.

El inventor emigró a Estados Unidos, donde se convirtió en el diseñador jefe de la compañía Universal Fastener Company y su invento fue incorporado en los uniformes del ejercito norteamericano. Después de la guerra, el invento se masificó en el vestuario de los civiles.

El reloj de pulsera

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Cualquier película sobre el siglo XIX debe incorporar esta escena: un hombre un reloj desde el bolsillo interior de su chaqueta, el cual está asegurado al chaleco mediante una cadenita metálica. Esta era la forma habitual de los relojes portátiles a principios del siglo XX.

Durante la guerra el reloj fue fundamental, por ejemplo, para sincronizar los bombardeos. Sin embargo, los soldados necesitaban tener sus dos manos desocupadas para manipular armas. Fue así como se masificó el reloj de pulsera.

“Se dice que uno de cada cuatro soldados utiliza reloj de pulsera y los otros tres quieren adquirir uno lo antes posible”, consigna el informe anual de 1916 de la empresa británica H. Williamson, fabricante de relojes.

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