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“El Padrino”: el regreso de una obra maestra

El largometraje, dirigido por Francis Ford Coppola, volvió después de 40 años en una versión remasterizada a las pantallas nacionales.

Una clase magistral de cómo componer una perfecta pieza cinematográfica, con todos sus elementos en armonía y precisión, sin que nadie la pueda dejar pasar. “El Padrino”, producción basada en el libro de Mario Puzo bajo el mismo nombre y dirigida por Francis Ford Coppola, nos traslada a mediados de los años 40 para relatar la historia del máximo jefe de una de las 5 familias que dominan las calles y el mando de la mafia siciliana en Nueva York, Don Vito Corleone, su forma de ejercer el poderío sobre la sociedad y el inescrupuloso actuar de su clan familiar.

"El Padrino" interpretado por Marlon Brandon

La película fue conducida en 1972 por un joven Coppola de apenas 30 años, con inexperiencia en grandes producciones (con una sola gran referencia, el Oscar por su trabajo como guionista en “Patton”) pero con una idea fija en su mente, el personaje principal debía estar a cargo de Marlon Brandon, quien entregó una notable caracterización de un maquiavélico y a veces desgarrador Vito Corleone, un personaje que estremece y convence con su emoción y desfachatez, un hombre que privilegia a su familia, la amistad y la lealtad por sobre cualquier negocio, un personaje con fuertes códigos de honor que se refuerza en sus propias e inmortales frases, “Le haré una oferta que no podrá rechazar” o “¿Por qué acudiste a la policía en vez de venir antes a mí?”.

Vivir “El Padrino” frente a la gran pantalla (en un reestreno con pocas copias que ha llenado las salas nacionales), es una experiencia aparte. Con una sala repleta de espectadores la obra maestra de Francis Ford Coppola (solo superada por su secuela) recorre, con una música memorable, la constante lucha de poder y cuestionables negocios de las familias más poderosas de Nueva York, la traición como eje funcional de cada movimiento de sus miembros, el contraste de dos mundos italianos diferentes, desgarrados desde su origen, insertados en una misma sociedad y el destino, quizás aquel elemento esencial del cual uno de los personajes principales intenta arrancar a como de lugar pero del cual no puede escapar, comparable con la tragedia de Shakespeare “El rey Lear” de la cual Coppola se dio percató en plena escritura del guión.

Michael Corleone (Al Pacino), el hijo menor, nació para no pertenecer al imperio que fundó su padre, se enlistó en el ejercito de los Estados Unidos, es el único hombre de la familia que no se encuentra ligado al crimen organizado, sin embargo el inesperado atentado contra su padre y la inesperada muerte de un importante miembro de su clan (Sonny, interpretado por James Caan) van aumentando su sed de venganza y lo va transformado en el nuevo guía de su familia, poco a poco comienza a parecer el nuevo Don, el sustituto innato del imponente Vito Corleone, convirtiéndolo poco a poco en el mafioso que nunca quiso ser. Coppola nos permite ser testigos de la drástica transformación de un personaje presentado en la primera parte como un angelical y a veces dolido Michael hasta revelar a quien estaba escondido detrás de ese rostro, en una secuencia de un bautizo notable, a un frío y calculador padrino.

Vale la pena verla mil veces más y así disfrutar de la que es una de las mejores películas norteamericanas de la historia.

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