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Anita Ekberg: La idolatrada diva del cine que enamoró a todos, pero murió sola y en la pobreza

Musa de Fellini en "La dolce vita", su vida tuvo éxitos, romances y también soledad.

Guía de: Cine

Anita Ekberg quedó en la historia del cine cuando se metió en la Fontana Di Trevi, llamando a “Marcello” (Mastroianni) en la escena más famosa de “La dolce vita” (1960). La obra maestra de Federico Fellini la convirtió en una de las actrices más admiradas y deseadas del mundo, siendo comparada con Marilyn Monroe.

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Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en “La dolce vita” (1960)

La vida de Ekberg, sin embargo, solo tuvo algunos puntos en común con la de su colega. Nacida en Suecia, comenzó a abrirse camino en los medios al ganar el concurso nacional de belleza de su país. Compitió en Estados Unidos y perdió, pero se abrió la primera puerta: un contrato con Universal para trabajar en cine.

Lo que parecía el inevitable camino al éxito, se truncó. A los pocos meses le rescindieron el contrato, pero para entonces ya había participado en varias películas. Era 1953 y su nombre ya estaba ligado al de varias estrellas con las que se le adjudicaron romances: Frank Sinatra, Errol Flynn, Tyrone Power, Yul Brynner, Rod Taylor y Gary Cooper.

Dos años más tarde, estaba otra vez filmando películas en Estados Unidos y Europa con grandes directores y estrellas de cine. En 1960 hizo “La Dolce Vita” e inició una colaboración y amistad con Fellini que se mantendría hasta la vejez de ambos.

Quien fuera una de las mujeres más deseadas del cine tuvo numerosos romances y dos matrimonios fallidos. Se casó en 1956 con el actor Anthony Steel, a quien definió como un alcohólico, y en 1963, contrajo matrimonio con el guionista Rik Van Nutter, con quien estuvo durante una década.

Pero su verdadero amor no fueron ellos ni ninguna de las estrellas de Hollywood con las que se la relacionó. Gianni Agnelli, un aristócrata italiano y magnate de FIAT fue a quien ella misma definió como “el único verdadero amor de mi amarga ‘dolce vita’”. “Inteligente, irónico y activo”, así lo describió.

“La relación duró mucho más de lo que se podía pensar, nadie creía en ella, su mujer pensaba que era una aventura, pero quizá no llegamos a dejarlo nunca”, reveló años más tarde sobre este romance prohibido que culminó en 2000, cuando él debió viajar por la muerte de su hijo. Agnelli murió tres años después.

“Estábamos ya juntos cuando rodé la escena de la Fontana. No ha habido nunca ninguno como él en mi vida, ni antes ni después”, sentenció sin dudas.

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Su especial atractivo también hizo que Giulietta Masina, la esposa de Fellini, creyera que ambos habían tenido una aventura. Pero no fue así. “Fue el mejor director de cine de todos los tiempos, pero no lo hubiese mirado ni dos veces como hombre”, declaró.

“Cuando él murió (en 1993), llamé a Giulietta para darle mis condolencias y limpiar el panorama, porque ella estaba celosa y pensaba que habíamos tenido algo, tardó años en entender que no, pero ese día me creyó y luego nos hicimos muy amigas”, declaró.

El propio Fellini había descrito en pocas palabras lo que generaba la actriz sueca: “El problema de Anita es que cree que todos los hombres quieren dormir con ella. Lo peor de todo: es cierto”.

Orgullosa de la carrera que supo construir casi sin buscarlo, Anita Ekberg también reconoció que no se esforzó lo suficiente para llegar más alto y obtener mejores papeles.

Con el paso de los años se mantuvo fiel a sí misma y a ese encanto natural que tantos admiraron: “No me interesan las cirugías, pienso que cada edad tiene su propio encanto, siempre se trata de vivir la vida al máximo y la edad te la marca tu mente. ¿Qué es hacerse viejo? Yo no creo estar en ese camino, mi cabeza ve todo tan claro como cuando tenía 20″.

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En 2010, en el Festival Internazionale del Film di Roma

En esa entrevista que brindó en 2013 a “The Irish Examiner”, también expresó cierta nostalgia: “Ahora no hay actrices que se puedan comparar con las de mi época, todo es completamente diferente, las películas se ven por Internet, todo cambió tanto”.

En 2011, con 80 años, una serie de infortunios complicaron su vida: sufrió una fractura de cadera y, mientras estaba internada, asaltaron su casa. Se llevaron casi todas sus pertenencias y recuerdos, y un incendio devoró lo poco que le quedaba. Tras una orden de desalojo, pidió ayuda a la Fundación Fellini para internarse en un geriátrico.

“¿Usted quiere saber si me siento sola?”, preguntó desafiante a un reportero del “Corriere della Sera”. “Sí, un poco sí. He amado, he llorado; gané y perdí. Llegué a enloquecer de felicidad. Pero no tengo marido, no tengo hijos, y esa monjita que entró antes de usted ya es una de mis mejores amigas”, declaró con brutal honestidad.

Anita Ekberg falleció el 11 de enero de 2015, a los 83 años. Sus últimas declaraciones públicas, ya desde una silla de ruedas, la definen: “Pienso en mi vida, con lo bueno y lo malo, y no me arrepiento de nada”.

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