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Murió el cineasta iraní Abbas Kiarostami, a los 76 años

El destacado director de cine alcanzó la fama mundial gracias a la película "El sabor de las cerezas".

Guía de: Cine

El director de cine Abbas Kiarostami falleció el lunes 4 de julio a los 76 años de edad en París, ciudad a la que se había trasladado hacía unos meses para recibir un tratamiento para el cáncer gastrointestinal que padecía.

Murió Abbas Kiarostami

BBC

Hablar del cine de Irán es hablar de Abbas Kiarostami, quizás el cineasta de Medio Oriente más reconocido a nivel internacional. Pero, ¿qué había en ese cine, de tierras tan lejanas, de silencios y andar lento, que lograba cautivar al público occidental? Humanidad, ante todo.

Su primera obra fue el cortometraje “El Pan y la Calle” (1970), donde se aprecia una evidente influencia del neorrealismo italiano. Una imagen despojada y carente de todo artificio cuenta una historia microscópica, valiéndose solo de una calle, un niño y un perro. Solo eso, y fue suficiente.

 

Años más tarde filma la llamada trilogía de Koker, compuesta por “¿Dónde está la casa de mi amigo?” (1987), “Y la vida continúa” (1992) y “A través de los olivos” (1994).

Pero el verdadero éxito y reconocimiento mundial le llegaría en 1997 con “El sabor de las cerezas”, la película quizás más famosa de Kiarostami y ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Durante todo el film, un hombre deambula en su auto buscando a la persona correcta para que lo entierre luego de suicidarse. La sencillez con que cuenta esta historia, en las antípodas de cualquier golpe bajo o sentimentalismo, asombra tanto como su capacidad de mantener al espectador atento frente a escenas de aparente monotonía marcadas por el drama latente.

 

Sus últimas obras fueron “Copia certificada” (2010) con Juliette Binoche y “Like someone in love” (2012), la primera ambientada en Italia y la segunda en Japón.

¿Qué había en el cine de Abbas Kiarostami que lograba atrapar al espectador? Silencios, planos lejanos con emociones remotas, historias que a veces hablaban solo del vacío, de la nada. Pero tal vez en esa nada, a veces el vagabundeo de un hombre, a veces el temor de un niño a un perro, hubo dosis certeras de humanidad. En la pequeñez de los personajes creados por el director iraní, en sus historias personales e íntimas, estuvo el mundo. Y allí seguirá estando.

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