“Cronopobreza”: El nuevo y terrible mal que afecta cada vez más con más fuerza a nuestra sociedad

Una gran parte de la población declara que no tienen tiempo para disfrutar de sus logros con sus cercanos.

Lunes, seis y media de la mañana, suena el despertador, me levanto de la cama, entro al baño, me miro al espejo y en apenas un instante pasa por mi mente todo lo que tendré que hacer durante el día. Me lavo rápidamente los dientes, me ducho, me visto, despierto a mi mujer, despierto a los niños, los preparamos para el colegio y desayuno velozmente para no llegar tarde a la estación de metro que de seguro estará al borde del colapso cuando llegue. Casi una hora de viaje para llegar a mi destino, ya son las ocho con treinta y me preparo para comenzar una nueva jornada laboral. Pienso un momento en el agotador regreso de la tarde. Espero que llegue pronto el fin de semana.

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Lo que acabo de relatar, es parte de la rutina que debe realizar el ciudadano promedio cada semana y, como podrás deducir, refleja cómo la calidad de vida en las grandes ciudades se ve profundamente afectada por un fenómeno que está creciendo a una velocidad aterradora; la “Cronopobreza”, “pobreza temporal” o “pobreza de tiempo”.

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Como bien sabemos, las oportunidades en el mundo han aumentado gracias al avance de la tecnología, la economía de la mayoría de los países ha prosperado y el acceso a la educación ha permitido conseguir más y mejores trabajos. Sin embargo, a pesar de tener más recursos económicos disponibles, una gran parte de la población declara abiertamente que; “no tienen tiempo para disfrutar de sus logros con sus cercanos y difícilmente pueden desconectarse de esos trabajos que le proporcionan la seguridad que tanto buscaban”. Somos ricos en dinero, pero pobres en tiempo, hemos perdido la capacidad de disfrutar y conectarnos con las cosas simples de la vida, buscamos bienestar en lo material y en lo superficial, que aunque algunas son muy importantes, deben complementarse con otro tipo de actividades que aporten real valor a nuestras vidas.

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Cuando trabajaba en la industria, integraba la larga lista de los “Cronopobres”, ya que la mayoría de mis días empezaban muy temprano y terminaban muy tarde, incluso a veces ni siquiera terminaban, ya que debido a fallas del sistema productivo, tenía que quedarme hasta el día siguiente en la fábrica, resultando en extensas y agotadoras jornadas de trabajo. Debido a esto, vivía en un estado constante de aceleración, una carrera por procesar todo lo que se me venía por delante, la única forma que conocía para generar los resultados que necesitaba.

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El desafío al que nos enfrentamos hoy es a mejorar la gestión de nuestro tiempo, pero también a cambiar nuestro paradigma respecto al mismo. Tal como lo hago evidente en mi primer libro Optimezation, ya no es tan válida la premisa “Tiempo es oro”, sino que debemos comprender que en este mundo súper líquido y conectado es más valioso aún. El “Tiempo es Vida” y si no lo ves así, entiende que aquello que llamas un recurso no lo es, debido a que es imposible almacenarlo para usarlo más tarde, por lo que tu enfoque se centrará en aprender a gestionarte a ti para encontrar la armonía que necesitas, evitando que escape entre tus dedos como el agua.

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El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, plantea que la aceleración actual que vive el mundo disminuye la capacidad de permanecer y genera algo llamado disincronía, que es un efecto producto de la atomización del tiempo por la alta valoración que tiene desde los últimos años a trabajar en multitareas. Esto provoca una alteración en la percepción entre el comienzo y el término de una actividad. El hecho de que existan muchos inicios y pocos finales, hace que las personas pierdan la capacidad de contemplar lo que sucede a su alrededor y vivir conscientemente en el presente; afectando finalmente la calidad de su experiencia. Es por eso, que muchos buscan llenar ese vacío existencial con agendas saturadas de actividades, creando individuos cada vez más pobres de tiempo.

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Hace poco leí un informe que entregaba los valores referidos al tiempo que se destina a ver televisión y quedé impresionado al descubrir que existen personas que pueden pasar más 3,31 horas en promedio al día viendo televisión. Si hacemos un pequeño cálculo y considerando solo los días despiertos (16 horas), podemos llegar a concluir que alguien podría estar más de dos meses de su año despierto atento a una pantalla. Eso refuerza aún más la decisión que tomé hace casi un año de disminuir el uso de este medio de comunicación, permitiéndome destinar tiempo a trabajar en mis proyectos personales, con excelentes resultados.

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Ahora, si a lo anterior le sumamos el tiempo destinado a redes sociales, quizás se explicaría por qué somos uno de los países que más trabaja y menos produce y donde, según las estadísticas, el 10% de la población adulta del país entra en la categoría “pobre de tiempo”, debido a trabaja más de 12 horas al día, cifra que aumenta al 26% si se toman en cuenta las horas utilizadas en transporte.

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Cuando quieras determinar tu nivel de pobreza temporal, lo primero que debes hacer es identificar la cantidad de horas o minutos destinados al tiempo de trabajo; que corresponde al período que pasamos haciendo nuestras actividades remuneradas, luego aprender a diferenciar entre el tiempo de recuperación; que son las pausas necesarias entre intervalos laborales y el tiempo personal; que incluye actividades de cuidado personal, de ocio y vida social, además del espacio destinado a la educación y aprendizaje. La idea es siempre trabajar menos del límite de 12 horas diarias, para que puedas dedicar espacio a todas esas cosas que aportan a tu felicidad, tales como preocuparte por ti, cultivar tus relaciones y el desarrollo de tus competencias personales.

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Esta semana más que entregar una solución a un problema, lo que pretendo es que puedas reflexionar acerca de la “Cronopobreza” y la forma en que está afectando tu vida y la de quienes te rodean. Quizás algún día podamos decir con orgullo que somos abundantes en todo sentido.

Que estés muy bien, nos vemos en la próxima y no olvides visitar mi página www.humbertoalmonacid.com

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