¿Es solidaridad el hecho de dar plata y después olvidarse?

Hay un viejo proverbio que dice: “Si un hombre tiene hambre, no le des un pez, enséñale a pescar”.

Desde niño tengo recuerdos de la Teletón y de mi mamá pidiéndole a mi papá que fuésemos a donar plata al banco. Del primer “Chile ayuda a Chile” para el terremoto de 1985 y para tantas otras campañas cuando se han producido catástrofes naturales en nuestro país.

La solidaridad está enraizada en Chile de una manera muy fuerte, tanto que cuando una vez en un supermercado hice el experimento de negarme a dejar dos pesos de vuelto para la fundación de turno, las personas alrededor me miraron como si fuese un extraterrestre y de ahí no lo he intentado más.

Solidaridad

Imagen: Alfredo Cáceres

La solidaridad está enraizada en Chile de una manera muy fuerte.

Hasta que llegué a una “oficina” en una esquina donde un par de señoras (una de cada lado) se ponían “a pedir” a los autos durante en la mañana en las luces rojas del semáforo, y a la hora de almuerzo se sentaban a contar lo conseguido.

Un cálculo rápido según cuanto duraba el semáforo y teniendo en cuenta que en cada turno les daban cien pesos me llevó a que ellas estaban fácilmente cada una ganando unas tres veces el sueldo mínimo. (Voy a dejar que cada uno saque las cuentas).

Ahí es cuando me di cuenta que la solidaridad por sí sola no es suficiente. Cientos, si es que no miles de personas estaban siendo solidarios con ellas, pero para ellas el tema era un negocio. Día a día tenían su rutina, y todo el intercambio quedaba ahí.

Sensación de vacío

Para mí eso creó una sensación de vacío cada vez que pensaba en ayudar, donar o “ser solidario”. Y no sólo dejó de bastarme el dar la moneda, sino que lo comencé a encontrar sin sentido. Ahora no es por ser tacaño, feliz puedo darle a quien me ayuda con las bolsas en el supermercado, pero sí creo que estoy en el momento en que me fui al otro extremo y no he logrado encontrar el equilibrio de simplemente dar, porque veo que hay un valor, más allá de la solidaridad que se nos está olvidando cuando mal entendemos a la solidaridad como la solución y lo único que hay que hacer.

Hay un viejo proverbio (de esos que no sabemos de dónde vienen exactamente) que dice: “Si un hombre tiene hambre, no le des un pez, enséñale a pescar”. Eso es lo que estamos olvidando.

Por eso el año pasado me involucré en ir a facilitar unos programas de preparación para el trabajo del FOSIS a personas en “riesgo social” que estaban sin trabajo, y pude ver cómo todos tienen muchas ganas de aprender.

No basta con solo donar unos pesos al menos para Un Techo para Chile, el Hogar de Cristo, o cualquiera sea tu fundación favorita. Hay que involucrarse. Y cuando digo involucrarse no me refiero a solo donar tiempo, sino que realmente jugártela en proyectos que ayuden a “enseñarles a pescar” a quienes lo necesitan.

Mi experiencia fue muy enriquecedora como persona, y estoy seguro que lo será para ustedes si logran encontrar la forma correcta de hacerlo.

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