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El Sangrador, de Patricio Jara, un dentista en el Antofagasta mágico

Antofagasta pareciera existir solo desde que pasó a ser parte del territorio chileno, sin embargo, tiene una larga historia anterior que rescata Patricio Jara.

sangrador

En enero de 1872 pisa Antofagasta el sangrador Apolonio Teobaldo Mancuso. Llegó desde Elvira cuando decidió migrar del interior de Bolivia a la costa luego de la llegada de dentistas profesionales. Sin trabajo y humillado, Mancuso parte con su taladro dental que construye desde cero. El problema es que nadie se atrevió a abrir la boca ante ese brazo que parecía un cañón de resortes y alambres. En la costa esperaba encontrar a los valientes que le darán la razón, pero en el camino las revueltas políticas de Quintín Quevedo e Hilarión Daza amenazan con dejarlo en la ruina nuevamente. El sangrador, novela de Patricio Jara reeditada este año por Editorial Planeta, nos lleva a dar un vistazo al Antofagasta boliviano. En esta entrevista, Patricio Jara nos adentra en sus miradas.

-¿Por qué te interesó hacer una novela sobre un dentista de esa época?

Mi interés viene del miedo que tuve por muchos años. Al comienzo me preguntaba cómo habrá sido ese trabajo cuando no había anestesia ni los instrumentos que existen hoy. Era lo más parecido a una historia de terror. Luego vino la búsqueda del mejor lugar para situarla y entonces apareció el pasado de mi ciudad, del que sabía bastante poco y me exigió casi un año de investigación.

-¿Qué te llamó la atención del Antofagasta boliviano?

Que hay una historia enterrada. En el aniversario de la ciudad se conmemora el 14 de febrero de 1879 que fue el día de la ocupación por las tropas chilenas, pero Antofagasta existía al menos cinco años antes. Era una ciudad cosmopolita y muy avanzada, levantada por inmigrantes, varios de los cuales salieron corriendo al ver la horda de milicos que llegó de pronto.

-¿Es El sangrador una novela histórica? Mancuso me imagino que nunca existió, pero sí Quintín Quevedo y Hilarión Daza.

Hay muchas recetas para escribir una novela que huela a pasado y sea un bestseller, con todos los ingredientes que le dan éxito asegurado, pero acá  fue mucho más intuitivo. Yo quería escribir, primero, una novela con forma de  novela. En ese sentido, en vez de historias con membrete “histórico”, me gustan más ésas donde los personajes tienen un oficio que los define, los sitúa en el mundo y los mete en problemas.

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