Personajes de barrio: La nostalgia de una época extraordinaria e inolvidable

Recordarlos es volver al pasado. Muchos alegrías y buenos momentos reaparecen con estos personajes.

Guía de: Cultura Chilena

organillero
¿Se acuerda usted de su vida de barrio? Si alguna vez vivió en uno, se acordará de esas tardes en familia o solo, mirando la tv o quizás haciendo cualquier otra cosa al interior de su hogar. La vida de barrio, además de social y tranquila, también tenía presente a ciertos personajes que día a día deambulaban por los pasajes, visitando casas y buscando posibles clientes.

A modo de recuerdo, de esos años en que los niños jugaban a la pelota, donde no existían los celulares y pocos vecinos contaban con un teléfono fijo en sus casas y cuando al almacenero se le dejaban los recados para ser entregados a sus respectivos receptores, va dedicada esta nota, llena de nostalgia y buenos recuerdos.

¿Se acuerda del carrito Soprole? Ese que su vendedor usaba un gorrito celeste. Este personaje era un  clásico al verlo empujar su carrito con yogurt, postres, leches, sémolas y el mítico manjar, entre otros productos.  Caracterizado de un blanco y celeste, con letras rojas y redondas, eran las señales claras que resaltaban cuando este personaje aparecía por el barrio o afuera de alguna escuela o colegio. Uno de sus productos estrella, y que ningún niño se resistía a comer era el manjar. Ese pote diminuto, de color café y dorado que alcanzaba para dos cucharaditas de té y se terminaba, pero que igual los niños le pasaban el dedo, para sacar lo último de su contenido. Con su frase: ¡¡DATEEE!! Se sabía y era evidente quien estaba comiendo majar.

spprole

Continuando con los personajes de barrio, no se puede dejar fuera al Afilador de cuchillos. Sí, con ese particular sonido, desafiando por decir lo menos, pero que identificaba su presencia, desde lo más lejano de la calle, hasta llegar a las puertas de una casa o departamento. El afilador de cuchillos, aparecía generalmente los fines de semana, cuando el barrio se encontraba en paz, tocando una especie de zampoña plástica, como esas que vienen en las sorpresas de cumpleaños infantiles, el sonido de ese elemento esta lejos de ser melodioso, pero las señoras de la época lo identificaban plenamente.

Otro de los personajes de barrio que no pueden dejar de recordarse, era el vendedor de las escobas. Utilizando una especie de carrito, arrastraba toda su mercancía. Escobas de las antiguas, esas que se les salían todas las semillas y palos. O los plumeros, fabricados con plumas de gallinas y teñidos de colores muy llamativos. Rosado, turquesa, rojo, amarillo y un plumero con muchos colores que también se encontraba entre sus productos. Este personaje era común verlo durante la semana, pero también se hacía un intercambio los fines de semana, junto a la presencia del de los cuchillos, antes mencionado. Uno tocaba una especia de zampoña plástica mientras que el otro destacaba por la cantidad de escobas y plumeros que traía, entre otros elementos de aseo.

escobas

Siguiendo con la nostalgia ¿Recuerda usted al Permutador? Sí, leyó bien, el Permutador. Ese que cambiaba plantas por cualquier objeto que se encontrase en desuso al interior del hogar. Personaje que “a grito pelao” hacía llamar la atención de los vecinos, para que estos, salieran de sus casas y pudieran deshacerse de todo lo que le sobrara al interior de la casa. Cambio plantas por rooooopaaa, juguetes, cachureos varios que siempre sobraban y hacían bulto. Este señor se los llevaba todos. El Permutador, vendría siendo como el ropavejero del chavo del 8, ese personaje que intercambiaba lo que fuere. Sombrero, o ropa usada que teeengaaa!! ¿Se acuerda?

Otro que se encuentra en esta lista y que muchos echan de menos es el heladero. Pedaleando las calles de Santiago, ya sean estas planas o en subida, el heladero hacía sonar las campanitas de su carro para llamar a todos los niños del barrio y vender sus helados. Este personaje es sin duda uno de los más recordados por los que fueron niños y, más de alguno, cuando lea esta nota se emocionará hasta las lágrimas.

 

Finalmente, quedan dos personajes que no se pueden dejar en el olvido en esta nota. Uno es el Chinchinero, quien alegraba todas las tardes y fines de semana con sus tambores. Siempre se encontraba sólo o acompañado por un chinchinerito menor, que lo acompañaba en la percusión de sus platillos y tambores.

Y para coronar el cierre de esta nota, junto al Chinchinero, se encuentra el organillero, que por estos días se pueden encontrar en el Parque Araucano, en las tardes de los fines de semana. Alegrando y dando vida con sus melodías y remolinos de colores. Comúnmente se encontraban cercanos a alguna plaza o algún lugar de encuentro familiar. El organillero tenía una caja pequeña, afirmada de un palo, donde guardaba a su loro, mientras tocaba su música.

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