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Educación escolar en China: Compitiendo por ser los mejores

El nivel de presión que tienen los niños chinos es tan alto que un tercio de los estudiantes primarios sufre de stress.

En China, el que no compite desde la infancia no se asegura el éxito. Desde los 5 o 6 años, los niños entran al colegio con un solo objetivo: ser el o la mejor. Tienen que llegar algún día a buenas universidades, que les aseguren un buen trabajo, que les permita ganar mejor que varios millones de compatriotas. A fin de cuentas, van a salir a pelear un trabajo con casi la mitad del mundo, literalmente.

En las áreas urbanas, la competitividad a nivel escolar alcanza niveles inimaginables, y la presión que reciben los niños por parte de padres y profesores es enorme. De hecho, un tercio de los estudiantes chinos de nivel primario sufre de stress, según un estudio del University College London (2010) hecho sobre niños de 9 a 12 años.

Educación china

Foto: AFP

Las clases en los colegios chinos son de lunes a domingo.

Las clases en los colegios chinos son de lunes a domingo, con pocas excepciones, aunque el fin de semana son un poco más cortas. Durante la semana, los estudiantes van al colegio de 8:00 a 20:00, y en los cursos superiores algunos salen a las 22.00. El resto del tiempo no lo consideran “libre”, ya que la gran mayoría de los jóvenes está en dos o más actividades extracurriculares -como clases de arte, deportes o idiomas-, y sus padres están dispuestos a pagar un alto precio por ellas.

Citaré como ejemplo a la niña a quien enseño inglés. Sus padres son personas de negocios, quienes pasan la semana viajando entre Nanjing, Taiwan y Chonqing por su empresa de tecnología. Ella, a sus 9 años, vive interna en el colegio, donde estudia hasta las 9 de la noche y además debe lavar su ropa a mano todos los días. El viernes a las 7 de la tarde la va a buscar su papá para llevarla de vuelta a casa, donde la esperan la cena y una hora de clases de inglés conmigo. El fin de semana también es intenso: ballet, clases de instrumentos musicales y natación. Y el domingo en la tarde debe preparar sus materias para la semana.

Ella no es un caso aislado, excepción ni rareza. Es una niña común, que hace lo mismo que todos sus compañeros: dedica el 100% de su tiempo a buscar la perfección a nivel intelectual. Hace unos días una madre china me decía que sufre por tener que obligar a su hijo a estudiar tanto y no dejarlo disfrutar su infancia,  pero que si no lo hacía su hijo no iba a resaltar, y  en su adultez iba a ser “aplastado” por la sociedad. Al final de cuentas, no es difícil entender por qué hay tantos premios Nobel chinos. Mas allá que un tema de coeficiente intelectual alto, lo que se demuestra con el éxito son los resultados del trabajo duro, con más o menos sufrimiento de por medio.

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