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Fudoushin, el corazón inmutable del pueblo japonés

Tras experimentar el terremoto más grande en 140 años, el archipiélago nipón muestra al mundo la templanza de sus habitantes y su increíble espíritu de supervivencia. Para entenderlos, antes hay que conocer el concepto Fudoushin.

El otro día mientras seguía en televisión los acontecimientos del terremoto, el tsunami, la crisis nuclear y las intensas nevazones acaecidas en Japón, me llevé una sorpresa que realmente me dejó con la boca abierta. La televisión nipona mostraba a una joven, que en medio del caos vivido por este país, daba a luz un niño que ponía en manifiesto una vez más el equilibrio de la vida.

Las miles de víctimas cobradas por el terremoto y sus efectos colaterales no podían empañar el momento perfecto que aquella madre sentía al abrazar a su pequeño hijo recién nacido. Al entrevistar al padre del bebé, sus palabras fueron simplemente las siguientes: “Sin importar lo que ocurra, debemos seguir adelante”.

Japón

Foto: AFP

Un soldado japonés sostiene a un bebé de cuatro meses que sobrevivió al terremoto y tsunami junto a su familia.

Decir que no me emocioné sería una mentira; no me considero un sentimental, pero mis lazos de afecto con el pueblo japonés hicieron temblar mi corazón y me recordaron un concepto que identifica totalmente la tranquilidad y la capacidad de reponerse que tanto caracteriza a este pueblo. Me refiero a “fudoushin”, término que hace referencia a la inmutabilidad del corazón, entendiendo éste como el espíritu o la parte más interna de nuestros sentimientos. Un espíritu en calma siempre nos otorga una mejor visión de las cosas que suceden, aunque éstas sean las más catastróficas que podamos experimentar.

Durante el terremoto del 27 de febrero de 2010 en Chile, el corazón del país se partió dejando salir nuestros instintos más oscuros. Protagonismo, saqueo, usura, no son palabras que me enorgullezcan, pero son el fiel reflejo de lo que aún somos como sociedad.

A ver, pensemos un poco… el viernes 11 de marzo de 2011, Japón se enfrenta a un terremoto grado 9 seguido por un tsunami digno de una película apocalíptica. Si lo anterior no es suficiente, se anuncia el daño de múltiples reactores nucleares en diversos puntos de la isla, siendo los más conflictivos aquellos ubicados en la planta nuclear de Fukushima. Días después se inician intensas nevazones en las áreas más afectadas que complican las labores de rescate e intensifican la ola de frío. Miles de muertos, miles de desaparecidos, millones de japoneses expuestos a una posible nube radioactiva; al parecer el panorama no es muy alentador.

Al ver las noticias en televisión no se aprecia ninguna imagen de japoneses entrando a las tiendas comerciales por la fuerza para llevarse algún artefacto tecnológico, y ¡ojo! que tienen mucha tecnología y de la buena. Por el contrario, podemos observar verdaderas clases de civismo; según la Real Academia Española, la palabra civismo significa “comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”.

¿Pero cómo se logra mantener el civismo en un momento tan confuso y dramático?… con el fudoushin. Si le hicieran esta pregunta a un japonés en estos momentos, dudo que les responda diciendo: “¡Con el fudoushin!”. Creo que este concepto esta simplemente inserto en el ADN de la cultura japonesa desde los tiempos feudales. Los antiguos guerreros y monjes de ese país entrenaban su espíritu para estar preparados ante cualquier evento, entendiendo que la única forma de poder sortear un acontecimiento impredecible era teniendo la calma necesaria para afrontar la situación y poder seguir adelante.

Un corazón inmutable (Fudoushin) no significa tener un corazón de piedra que no se conmueve ante lo que suceda, simplemente implica sumergirse en nuestro interior y a través de la calma poder encontrar la forma de salir adelante sin que haya más sufrimiento propio o ajeno. Fudoushin le llaman los japoneses.

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