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Radioactividad amenaza dieta de Japón

Niveles considerables de radioactividad han sido detectados en el mar cercano a la planta nuclear de Fukushima, lo que podría convertirse en un golpe bajo para la alimentación básica del pueblo japonés.

Según la emisora japonesa de noticias NHK, la central de Fukushima decidió desalojar hacia el mar 8.000 toneladas de agua residual de baja radioactividad. Si a esto le sumamos la filtración de agua altamente radioactiva que sufrió por varios días una fosa de hormigón en el reactor 2 de la central Fukushima 1, nos podemos percatar, aunque no seamos expertos en el tema nuclear, que existe una importante dosis de radioactividad nadando con el plancton y las especies marinas cercanas a la central afectada.

En el momento más complejo vivido hasta ahora con respecto a la filtración de radioactividad, las fuentes declararon que se alcanzó una presencia de “yodo 131” de 7.500.000 veces superior a los niveles permisibles. Afortunadamente después de 5 días de esa lectura, y tras lograr sellar la fisura de la fosa dañada, los niveles de radioactividad descendieron drásticamente a 140.000 veces sobre el límite establecido por el gobierno. Independiente de que el yodo 131 tenga una corta vida, la contaminación continúa siendo alta y la información sobre otros elementos tóxicos aún no es totalmente transparente.

Dieta Japón

Foto: EFE

El pescado, principal componente de la dieta de los japoneses, es uno de los productos alimenticios más amenazados por las filtraciones de radioactividad.

Japón es una isla y por ende su principal fuente de alimentación se basa en los productos marítimos. El atún, el pulpo y otras exquisiteces son los invitados principales de los múltiples platos que constituyen el diario alimento de la población nipona. Si para los argentinos es la carne y para los pueblos altiplánicos es la papa y el maíz, para el pueblo japonés los frutos del mar son indispensables en su modo de vida y en su economía.

Por ejemplo, la comida callejera en las ciudades de Japón ofrece un festín de pescados a las brasas, bolas de masa cocida rellenas con pulpo, calamares enteros salteados a la plancha, tortillas con langostinos y un sinfín de brochetas y sopas que poseen como base los productos marinos. Si nos vamos a los restaurantes de comida rápida podremos disfrutar el tan famoso sushi, el sashimi e incluso apetitosas hamburguesas de camarones ofrecidas por cadenas internacionales de fast food. Al seguir evolucionando en la escala de restaurantes siempre nos encontraremos con el mismo panorama, una abundante oferta de productos provenientes del mar que confunde y abre el apetito a cualquiera.

Aún recuerdo cómo algunos de mis compañeros de viaje sufrían al verse enfrentados a los múltiples productos y subproductos marítimos que no eran de su total agrado: pescado crudo, pescado semicrudo, mariscos apanados, snack de pescaditos secos, charqui de calamar, caldos con algas, etc., etc., etc. En realidad el rechazo no era provocado por los sabores exóticos de los platos, sino porque simplemente nuestras dietas no están concentradas hacia ese tipo de manjares.

Si analizamos un típico desayuno americano versus un desayuno tradicional japonés, los huevos, las tostadas, el jugo de naranja y el café se contraponen totalmente al pescado con arroz, sopa miso y vegetales encurtidos que disfrutan algunos nipones por la mañana.

Un ejemplo de la gran importancia que los alimentos del mar tienen para este país, lo constituye el incomparable mercado de Tsukiji. Tsukiji es el terminal pesquero más grande del mundo, famoso por los remates de gigantescos atunes y por ofrecer la mejor calidad en productos marítimos para Japón y el mundo. En este mercado a principios de este año, un solo ejemplar de atún fue rematado en casi 400.000 dólares; imaginen cuánto podría llegar a costar un bocado de sushi de este singular espécimen.

Con un consumo de pescado por persona que bordea los 70 kilogramos anuales, Japón se vería seriamente afectado si sufriera una alteración drástica en su alimentación debido a la radioactividad. Esperemos que las alarmantes cifras sean solamente números y no lleguen a contaminar los productos que el mar ofrece, tanto para bien de los japoneses como para todos los amantes de su exclusiva gastronomía.

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