Abuso de Fútbol: ¿Qué consecuencias puede traer?

Las lesiones de abuso en la práctica continua de esta popular disciplina determinan cuadros patológicos.

Guía de: Deporte y Salud

El fútbol es un deporte de contacto y de alto impacto. Con el juego globalizado y con un gran mercado, los futbolistas son los gladiadores modernos sometidos a exigencias en las que en algunos casos el deporte no es salud.

Las lesiones de abuso en la práctica continua de esta popular disciplina determinan cuadros patológicos. Más allá de las contusiones, esguinces, rupturas de ligamentos y desgarros musculares, mencionaremos una que sirve de modelo para cualquier lesión de abuso: la famosa pubalgia o enfermedad de los aductores, conocida como “Perisinfisitis pubiana de Andrivet” o “Enfermedad de los futbolistas”, sin perjuicio de que no sea exclusiva de ellos.

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El cuadro fue descrito por primera vez en 1948, por el argentino José Alberto Bandoni entre los esgrimistas. Es una entesitis o inflamación de la inserción de los aductores en la sinfisis pubiana, que es la zona en la que confluyen los rectos anteriores y oblicuos abdominales.

La inserción muscular en el hueso se produce por intermedio de fibras colágenas que penetran directamente en el hueso, y en parte se confunden en el periostio.

Desde el punto de vista mecánico -por su constante participación en el golpe del balón- esta zona es muy vulnerable y en ella la acción motora se transmite íntegramente al hueso para realizar el movimiento. La acción reiterada del gesto deportivo puede determinar estos casos, cuando el estímulo resulta patológico y actúa sobre tejido previamente lesionado; y se hace con manifiesta intensidad, con excesiva repetición rítmica, sin disponer del necesario reposo o con una técnica defectuosa.

En suma, es efecto más de la sobreactividad o sobreesfuerzo que del entrenamiento en sí. El estímulo puede sobrepasar la capacidad plástica de los tejidos y aparecer la lesión inflamatoria involutiva, con fenómenos degenerativos locales y menor resistencia al esfuerzo.

El dolor local irradiado a la región inguinal, crural o bajo vientre es el signo de alerta y suele ser despreciado muchas veces por el jugador o simplemente minimizado por su afán de superación. La lesión que en un comienzo era reversible es arrastrada a la cronicidad.

El dolor de la pubalgia posee una característica especial: se manifiesta durante el gesto deportivo a poco de iniciado y desaparece si se abstiene de hacerlo; al revés de lo que ocurre con el desgarro de los aductores, con el cual muchas veces se confunde y el cual es permanente. También el dolor puede despertarse con ciertas maniobras, como al cruzar la pierna, colocarse los zapatos o al pellizcar los aductores.

La radiografía muestra a veces en la sínfisis del pubis un aspecto característico: un borde en sacabocados, “como mordedura en diente de ratón” y la desaparición del ángulo inferior.

El tratamiento es el reposo por tiempo suficiente, algo muy incomprendido, porque al principios sólo son “molestias”. Se debe instaurar terapia analgésica y antiinflamatoria, tratando de no recurrir a infiltraciones de cortisona u otro corticoesteroide.

Infiltraciones de anestésicos locales como novocaína se intentan, como alivio, pero no ayudan en la mejoría, cuya base está en el reposo, la instauración de fisioterapia, en base a ultratermia o ultrasonido, y cuando el dolor se ha disipado, en la ejecución de ejercicios profilácticos en base a una buena elongación de los aductores, y de fortalecimiento.

La acupuntura da resultados sobre todo analgésicos, pero también curativos en caso de que la pubalgia sea por una hipertensión crónica de los aductores, un cuadro psicosomático analogable a apretar las mandíbulas por estrés. Por último, se debe poner especial cuidado en revisar la técnica del “chute”, porque quizás es la raíz de todos los males.

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