Adaptación a condiciones distintas para el deporte: La alquimia del agua

La adaptación a un hábitat distinto al propio demanda energía, que puede provocar una baja en nuestro rendimiento deportivo.

Guía de: Deporte y Salud

Calor, frío, altitud, humedad… Los deportistas saben que cuando se enfrentan a un medio que no es el propio, sus marcas pueden bajar considerablemente. También saben que las circunstancias de un hábitat distinto son estresantes, al punto que de no haber respuestas adaptativas, o ante un cambio demasiado fuerte -como trasladarse de cero a ocho mil metros-, el desenlace puede ser fatal. Los mecanismos biológicos de adaptación demandan energía, que va en desmedro de la que tenemos para hacer deporte, mermando entonces nuestro rendimiento.

Este costo energético puede ser tal que pase por una enfermedad, o en menor grado, que sólo suframos el cambio a expensas de un decaimiento. Pero en el caso de un deportista de alta competencia, donde la diferencia con sus rivales es estrecha, cuántica, una derivación de su energía vital en mecanismos adaptativos u homeostáticos, y no en trabajo atlético, se traduce más allá de la enfermedad. Se ve en una marca baja… o en la derrota.

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Foto: La Segunda

La estrategia consiste en canalizar la energía vital en el propósito que se ha planteado: el rendimiento deportivo, y no disiparla en adaptación durante la actuación misma. De repente, ante un hábitat distinto, siempre tendremos que gastar energía en adaptarnos. Para no hacerlo a expensas de la energía que tenemos para competir hay que tomarse un período de aclimatación, un tiempo en que nuestro organismo desarrolla respuestas adaptativas, que le van costando menos energía con el paso de los días, al punto que sus marcas van acomodándose a su realidad de casa.

Esta aclimatación puede hacerse como parte del entrenamiento en casa, reproduciendo las características del medio en el que sostendrá la competencia. Si es un lugar caluroso, se sugiere entrenar en esas condiciones; si es en altura, se puede reproducir ese medio ambiente hipóxico en camas hipobáricas que regulan la presión atmosférica.

Si no tenemos tiempo para aclimatarnos totalmente antes de la competencia, es decir, si damos esa ventaja, igual es imperativo tomar una serie de medidas profilácticas, destinadas a paliar los efectos dañinos del medio ambiente, y para ayudar al proceso adaptativo al menor costo energético. Para hacerlo más eficiente.

En términos generales, hay que tratar de mantener los hábitos de vida constantes. Por ejemplo, no variar la calidad de la dieta, además de detenerse en la higiene de los alimentos y del agua. Velar asimismo por la comodidad del sueño. En el caso de los desplazamientos largos en el eje Este-Oeste y viceversa, que resultan en cambios del huso horario y, por ende, afectan el ritmo sueño-vigilia, se recomienda evitar dormir en horas diurnas, para forzar el reacomodamiento a la nueva temporalidad. Y tomar mucha agua pura. Esta última pócima es medicina empírica para todo estrés.

En la competencia en lugares altos o de climas muy cálidos, la abundante ingesta de agua es una ley. En sitios tórridos, evita la deshidratación y previene la hipertermia. También en altitud, una prolífera ingesta de agua permite recuperar el exceso de líquido que perdemos al inspirar aire seco y expirarlo húmedo, siempre a una alta frecuencia respiratoria. Además el consumo de agua permite a los riñones orinar más bicarbonato, para compensar la alcalinidad que invade la sangre en altura, cuando nuestros pulmones ventilan en exceso.

Así, una alta ingestión de agua pura favorece el bienestar y la aclimatación al cambio. Quizás porque la naturaleza nos ha dado el agua como bebida única. La bebida natural. Quizás, como reza el adagio, porque “el agua todo purifica”.

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