Entrenamiento: Cuándo, cómo y por qué bajar la carga

Cuando un atleta comienza a rendir menos, hay que estar muy atento a los aspectos psicosomáticos involucrados. Saber tratarlos puede ser vital para prevenir lesiones y daños mayores.

Guía de: Deporte y Salud

Existe una fina línea que separa el entrenamiento del sobreentrenamiento; una línea que desaparece cuando el estímulo del acondicionamiento psicofísico de los deportistas pasa a ser un sobreestímulo, y se convierte en estrés.

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Foto: La Segunda

En estas circunstancias acecha no sólo un detrimento en el rendimiento de los atletas, sino que también la enfermedad. Más allá de la abulia, es decir, la falta de voluntad (como un desgano para entrenar, por ejemplo), y de la propensión a lesiones de abuso, los deportistas estresados son más propensos a una alteración en su función inmune; es decir, sufren una disfunción cualitativa y cuantitativa de este sistema de defensa, que está involucrado en infecciones, alergias, procesos inflamatorios en todos los tejidos corporales, y en el cáncer.

Nuestra biología está diseñada para adaptarse a los cambios del medio ambiente, manteniendo nuestro medio interno intacto. Esta capacidad se llama homeostasis. Así, por ejemplo, los cambios de temperatura exteriores no afectan nuestra temperatura corporal de 37 grados Celsius.

Pero hay límites. Por ejemplo, cuando nuestros sistemas no tienen capacidad de compensación y sufrimos de sobrecalentamiento, aparece un síndrome (conjunto de síntomas y signos biológicos) llamado hipertermia. Y es peligroso: si las condiciones se mantienen nos agotaremos hasta morir.

El ejemplo de la temperatura como estímulo es válido para cualquier cambio, incluido el entrenamiento psicofísico del deportista.

El estímulo del entrenamiento induce respuestas adaptativas corporales que consumen energía, pero que nos adaptan a una nueva carga de ejercicio. Si esta carga se convierte en sobrecarga, el deportista es vulnerable a estrés, una condición en que el estímulo comienza a minar sus reservas energéticas, sin generar una respuesta adaptativa eficiente. Entonces entra a una curva de rendimientos decrecientes; malos resultados que minan su voluntad y lo exponen más a la enfermedad. Un círculo vicioso.

Por eso el entrenador – y en general el equipo del deportista- debe estar atento a esta condición, que no sólo dice relación con la sobrecarga de ejercicios de entrenamiento, sino también con una serie de factores psicosociales, como una pelea con la novia, la falta de recursos materiales o un desencuentro familiar.

“Fundirse” y enfermarse

La falta de motivación es un síntoma sutil y de presentación, aunque hay muchos otros. Un déficit de energía psicofísica es parte del biorritmo de todos, y especialmente de los deportistas. Que ésta se sostenga en el tiempo hace la diferencia entre un ciclo normal y la enfermedad, cuya causa puede obedecer a un sobreentrenamiento.

El estrés del sobreentrenamiento puede minar más allá de la esfera psicológica a la orgánica. El conocimiento de factores psíquicos involucrados en enfermedades orgánicas es el campo de la medicina psicosomática, y se remonta en la medicina occidental a 1946, a las líneas de investigación desarrolladas por Hans Selye, un endocrinólogo canadiense nacido en Viena.

Selye mostró que el estrés estaba relacionado con la aparición de ciertas enfermedades, a través de lo que el llamó “Síndrome de Adaptación General”.

Importantes en este campo de la medicina del deporte, Holmes y Rahe vieron ya en 1967 la relación entre niveles elevados de estrés psicosocial, incluido el entrenamiento, y una mayor incidencia de enfermedades y lesiones.

El estudio de la relación entre estrés y la función del sistema inmune es lo que se desarrolla como Psiconeuroinmunología (PNI), con claras implicaciones en la medicina del deporte.

Atletas con altos niveles de estrés derivado de su práctica deportiva, como aquellos con un calendario intenso de entrenamiento y de competencia, o aquellos que entrenan y trabajan en condiciones difíciles están sin duda más expuestos a esto que en la jerga se conoce como “fundirse”, y no sólo a “fundirse”, sino también a enfermarse.

A menudo los médicos tratantes se darán cuenta de esta situación viendo al atleta francamente sobreentrenado, o “fundido”, de su propia boca, o sufriendo de lesiones crónicas.

Una variedad de indicadores emocionales, como ansiedad, frustración o depresión, se suman a los síntomas de sobreentrenamiento.

¿Sequía goleadora?

Aunque el reposo y el alejamiento del entrenamiento o de la competencia han sido prescritos como el tratamiento más adecuado, los estudios de PNI indican que se deben usar técnicas de intervención activas, que puedan acelerar la recuperación de un estado de estrés y sus potenciales enfermedades asociadas, más allá de una falta de rendimiento.

Estamos, por ejemplo, frente a la “sequía goleadora” de los futbolistas. En ese estado vulnerable, pronto sufren una lesión grave, una fractura, una rotura de ligamentos, que los deja fuera de las canchas por meses. Un reposo, una pausa obligada, “para cargar pilas” o remotivarse. Pero, ¿cómo podríamos haberlo hecho para parar antes de la lesión? ¿O prevenirla?

En fin, ¿cómo enfrentar el fenómeno que la sabiduría ancestral llama la Ley del Péndulo?

En primer lugar, reconociéndolo.

No podemos estar siempre en la cumbre, y en el período de merma, de “vacas flacas”, se debe alertar al atleta, y él debe hacerlo también respecto de sí mismo (que es quizás lo más difícil) para verse vulnerable, y hallar en el ritmo la compensación. Darse cuenta de que su lesión vino de un estado psíquico al que entonces estaba expuesto, y que hasta una lesión tan física como esa tiene un asidero mental. Por supuesto, se le dobló la rodilla, pero había algo subyaciendo, una forma, un estado mental.

Además de la sutileza de un diagnóstico oportuno, se debe compensar la carga de ejercicios, bajándola, o deteniendo el entrenamiento, con un descanso activo, en base a masaje, sesiones de relajación, de elongación, etc., o matizando el entrenamiento con otros juegos físicos, en un reencuentro del atleta con lo lúdico, con la faceta de la entretención.

Hay un componente importante de relajación, donde se deben enseñar al deportista técnicas de relajación profunda, como relajación autogénica, relajación muscular progresiva, relajación diafragmática, etc.

Otro componente importante es el cognitivo, que puede ser meditación, ejercicios de visualización o de conciencia corporal, donde el deportista se involucra activamente en su proceso de curación y no es el mero receptor de una terapia. Él debe saber cómo funciona y qué le está pasando todo el tiempo, y que sus ganas de curarse van de la mano con su proceso de reintegración a la práctica deportiva.

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