Espacios de relajación: La necesidad de reparar las fuerzas con quietud

Uno de los principios del entrenamiento psicofísico apunta a la recuperación del deportista después de un período de esfuerzo. Sin embargo, no basta bajar la intensidad o dejar de hacer ejercicio.

Guía de: Deporte y Salud

En el deporte, sea de alto rendimiento o recreativo, no basta sólo con hacer una pausa. Más allá del tiempo de reposo necesario para recuperarse después de un esfuerzo, importa la calidad de la recuperación física; es decir, cuán bien estamos descansando cuando no hacemos deporte.

Descansar es sinónimo de reposar y significa reparar las fuerzas con la quietud. Y así como se planifican pautas y programas de ejercicios, deben proyectarse también los períodos de recuperación, para hacerlos más eficientes.

Así, el ocio de un deportista no es un proceso pasivo, sino que activo. Debe aprender y aplicar técnicas de recuperación durante el descanso, que persiguen restablecer todas sus fuerzas físicas ynpsíquicas.

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Foto: El Mercurio

En esto, las técnicas de relajación son una herramienta fundamental. De acuerdo con su definición, relajarse es esparcir o distraer el ánimo con algún descanso.

Y no es casualidad que apunte a un elemento más mental que físico: el ánimo. Muchas veces, los deportistas están más agobiados en sus mentes que en sus físicos. Independientemente del peso de la carga de trabajo corporal, está el esfuerzo psíquico de la competencia, de la propia evolución deportiva o del tedio y desgano que puede generar su entrenamiento.

La limpieza de la mente

Cuando el cuerpo y la mente están continuamente bombardeados con estímulos, tienen poca opción de regenerarse. Por eso, debemos darnos diariamente un tiempo de limpieza, más allá del sueño. Debemos relajarnos, descansar conscientemente. Si no, el cuerpo y la mente se deterioran y se tornan más ineficientes. Los deportistas se exponen entonces a lesiones de abuso y a una merma de su rendimiento.

La verdadera relajación es experimentada cuando el cuerpo está consumiendo un mínimo de energía, la mente está en el presente y las percepciones, pensamientos e imágenes flotan más allá de una preocupación o apego. Simplemente, están ausentes. Es el modo que tiene la naturaleza de recargarnos.

Para comprender los principios de la relajación es útil conocer su opuesto. Toda acción requiere un estrés. Como las cuerdas de la guitarra, que para sonar requieren una cierta tensión. Si están muy sueltas, no suenan; si están muy tensas, se cortan. Hay una tensión justa para la acción.

Cada movimiento involucra varios pasos. Los estímulos son canalizados desde nuestros sentidos, a través del sistema nervioso, hasta convertirse en un fenómeno mental. El cerebro ayuda a procesar y analizar esta información, hasta que se decide la acción (o no acción). Si la hay, se envía, entre otros, un impulso a los músculos involucrados en un movimiento particular, los que consumen energía para contraerse.

Así, toda acción involucra un gasto extra, que viene dado por la acción misma y por la tensión que requerimos a priori para responder a los estímulos.

Hay que entender que los estímulos, aunque no generen movimiento, igual provocan tensiones muscular y síquica. Tanto un exceso de acción mental o física, como un exceso de estímulos, generan exceso de tensión y pérdida de enormes cantidades de energía. Esta es la base de un bajo rendimiento o un sobreentrenamiento, en especial cuando no están las bases del llamado descanso activo, enfocado a la relajación.

La tensión interior

Una de las claves para acercarse a espacios internos de relajación es reducir la cantidad de estímulos que nos llegan desde el espacio externo.

Otro elemento esencial es entender que los estímulos pueden venir desde nuestro propio cuerpo y, sobre todo, de nuestra propia mente. Pensamientos que nos llevan hacia adelante, al futuro, quizás solucionando problemas antes de que se produzcan, en su eterno juego. Esto también consume energía y desgasta.

Los estímulos medioambientales se reducen aislándose en espacios físicos especiales, ajenos al mundanal ruido. Eso que llaman los deportistas un espacio de concentración.

Pero, ¿cómo aislarse o manejar las proyecciones de nuestra propia mente?.. Gran trabajo. Paradójicamente, para un no hacer, para descansar y relajarse, sobre todo en el plano mental.

En esto son de ayuda algunos ejercicios de respiración, a veces acompañados de masoterapia o sutiles aromas. Todas técnicas que nos llevan a profundos espacios de relajación, mediante los cuales mejor nos restauramos y recargamos cuerpo y mente.

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