Fracturas: ¿Cómo se producen y en qué consiste la recuperación?

Los huesos son de un tejido dinámico, que cambia su estructura dependiendo de las fuerzas que actúan sobre él, y responden al entrenamiento con un aumento en su fortaleza.

Guía de: Deporte y Salud

Los huesos son los órganos más duros del cuerpo: acorazan nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso, los órganos torácicos, el hígado y el bazo, entre otros, para darnos una densidad y solidez indispensables para interactuar con el entorno. Además, ofrecen firmes anclajes para las palancas internas que se desencadenan con las contracciones musculares de posición y movimiento.

Los huesos son duros y elásticos, con la rigidez necesaria para estructurar y sostener el cuerpo, proteger los órganos internos y sentar las bases mecánicas del movimiento. Pese a su solidez y fácil regeneración, los huesos están permanentemente expuestos a quebraduras en el deporte de alto rendimiento cuando su interacción con el entorno supera la resistencia ósea.

fracturas

Cuando un hueso pierde su continuidad, parcial o totalmente, hablamos de su fractura. Esta condición deriva de fuerzas internas o externas que actúan sobre estos órganos, y que exceden su tolerancia mecánica a la deformidad impuesta, hasta quebrarse. Si esta condición es parcial, hablamos también de fisura.

Los huesos son de un tejido dinámico, que cambia su estructura dependiendo de las fuerzas que actúan sobre él, y responden al entrenamiento con un aumento en su fortaleza. Tienen, además, capacidad de regeneración y consolidación formando un callo óseo, en el caso de fracturas que los desintegren. Las fuerzas externas moldean la arquitectura interna del hueso, que redispone sus láminas para responder mejor a las exigencias mecánicas.

Por ejemplo, el más largo y sólido de la pierna, la tibia, que se extiende unos cuarenta centímetros entre la rodilla y el tobillo, está estructurado para responder muy bien a fuerzas aplicadas desde el eje transversal o antero-posterior, pero posee mínima resistencia ante una torsión en el eje vertical. Esta es una biomecánica que subyace a muchas de las quebraduras que sufren los esquiadores, que además resultan con fractura del delgado hueso peroné o fíbula, que corre paralelo a la tibia. Es la temida doble fractura de tibia y peroné de los amantes del deporte blanco y de los futbolistas, cuyo pie queda fijo y la pierna rota en torción sin descarga de fuerzas en la rodilla.

Diseño original distinto

Para nuestra locomoción, tibia y peroné no están diseñados para los movimientos de artificio del esquí o del fútbol, que son el resultado de una revolución evolutiva, y que no va de la mano con la evolución de nuestra anatomía.

Sin embargo, podemos fortalecer nuestros huesos aplicando fuerzas en frecuencia, intensidad y tiempo (F.I.T.) progresivas, con el fin de reestructurar la arquitectura ósea interna y prepararla para el estrés de la alta competencia deportiva. Y también en la rehabilitación de fracturas, que por la naturaleza de los huesos, están casi siempre condicionadas a sanar íntegramente, en gente no anciana y sin problemas nutricionales graves. En deportistas jóvenes, la regla es la consolidación total de una fractura, siempre y cuando se siga el tratamiento adecuado.

Aunque nuestros huesos estén diseñados para soldar sus fracturas, esto no basta, porque pueden quedar desalineados, por tanto hay que velar porque las partes se reintegren en la forma, posición y eje del hueso original. Para esto a veces la inmovilización de la zona afectada no basta y debe recurrirse a una corrección quirúrgica, que implanta elementos de sujeción externa como placas metálicas o clavos para esto.

La fractura suelda con un callo de hueso, esto se llama consolidación y tarda entre tres y cuatro semanas. El hueso quedará más débil, desmineralizado, mientras que la inmovilización atrofia los músculos de la zona que ha quedado inerte por un tiempo. La rehabilitación con cargas progresivas de ejercicios será clave en la vuelta a las pistas.

 

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