Fracturas de estrés o fracturas por fatiga: Cuando la acumulación pasa la cuenta

En el caso de las fracturas por estrés, este proceso se va instalando gradualmente, y resulta de fuerzas menores que terminan por fracturar la estructura ósea.

Guía de: Deporte y Salud

Las fracturas por estrés se denominan también fracturas por fatiga. Hablamos de fractura cuando la estructura ósea es vulnerada al punto de quebrantarse con una pérdida de su continuidad y forma. El proceso se explica por fuerzas que superan la resistencia física de los huesos, y se produce en forma repentina.

Sin embargo, en el caso de las fracturas por estrés este proceso se va instalando gradualmente, y resulta de fuerzas menores que por un efecto de acumulación terminan por fracturar la estructura ósea.

Fracturas-estres

Estas fuerzas menores, bajo el máximo del límite de fractura inmediata, igual afectan al hueso provocando la ruptura de los tabiques óseos interconectados –las trabéculas-. Estas pequeñas fracturas o microfracturas se reparan muchas veces con escasos síntomas para el deportista. No obstante, si la zona vuelve a esforzarse a niveles submáximos antes de se reparación, la lesión no sana. Por el contrario, tiende a expandirse, aumentando los síntomas de inflamación, con dolor, aumento de volumen e impotencia funcional, con la incapacidad de ejecutar el movimiento que solicita el uso de la parte afectada.

Si no se pone fin al estrés a que se somete la estructura del hueso, este círculo vicioso termina con una fractura evidente, parcial o total, aunque generalmente el dolor, que aumenta con la actividad y disminuye o desaparece con el reposo,  obliga a detener por un tiempo la práctica deportiva, y permite la cura espontánea.

La tibia, el peroné y los huesos largos del empeine del pie (metatarso) son blancos comunes  de las fracturas llamadas de estrés. También este tipo de lesión de abuso puede afectar la cadera y la columna. La espondilolisis es un tipo especial de fractura de estrés que afecta generalmente a la columna lumbar.

El caso del pie

En el pie, las fracturas por fatiga se dan frecuentemente en su zona media. Originariamente se llamaron “fracturas de marcha” debido a la alta incidencia en los reclutas del ejército que se veían forzados a marchar usando botas pesadas y rígidas.

Aquí vemos que en el abuso de la estructura hay una carga desmedida de  ejercicio que genera fuerzas que vulneran la estructura, y al que contribuyen vicios en la técnica del ejercicio, sumado a materiales deportivos inadecuados. En este caso los zapatos.

Así, las fracturas por estrés de los huesos metatarsianos son comunes en corredores y montañeros, y en general todos los deportistas que abusen de sus pies. La historia típica es de un dolor “in crescendo”, y que lleva, tarde o temprano al reposo. La única forma de tratar una fractura por estrés. Cuatro a seis semanas de reposo requerirá el hueso para consolidar y estar en condiciones de ser exigido nuevamente.

El deportista debe atender a su carga de entrenamiento y competencia. Y no sólo a eso, también a la biomecánica y los vicios kinésicos, donde quizás encontremos la causa de todos sus males.

 

 

 

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