La moda antioxidante: Los efectos y alcances sobre los deportistas (II)

Los estudios demuestran que una dieta que proporcione niveles apropiados de vitaminas antioxidantes, especialmente C y betacaroteno, reduce el riesgo de varios tipos de cáncer.

Guía de: Deporte y Salud

Con la mayor producción de energía para el ejercicio, el cuerpo humano genera más radicales libres, sustancias tóxicas que aumentan el riesgo de daño celular o estrés oxidativo en muchas biomoléculas. Estas incluyen el material genético o DNA, las proteínas y las grasas estructurales de la membrana celular, que ayuda a aislar a la célula de agentes dañinos como toxinas y carcinógenos.

Así, el efecto mayor de los radicales libres se produce sobre las grasas poliinsaturadas de la membrana celular. Ésta se daña por un efecto llamado peroxidación de lípidos, que vulnera a toda la célula.

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Aunque el organismo no tiene forma de impedir la aparición de radicales libres a partir de la combustión biológica, sí tiene mecanismos de defensa naturales. Estos incluyen enzimas antioxidantes como la catalaza, la glutatión pe-roxidasa, la superóxido dismu-tasa, y algunas proteínas que ligan metales.

Además, agentes nutritivos como las vitaminas A, C y E, y el precursor de la vitamina A, el betacaroteno, brindan protección celular como antioxidantes. En efecto, estas vitaminas antioxidantes protegen a la membrana celular  al reaccionar y remover a los radicales libres, abortando su efecto tóxico.

Los estudios demuestran que una dieta que proporcione niveles apropiados de vitaminas antioxidantes, especialmente C y betacaroteno, reduce el riesgo de varios tipos de cáncer.

Aunque los efectos benéficos del ejercicio físico son bien conocidos, se han discutido sus potenciales efectos negativos, basados en el aumento de radicales libres que se producen al elevar el metabolismo aeróbico. Esto porque la actividad aeróbica aumentada – y por ende la mayor producción de radicales libres- podría superar nuestras defensas naturales y dejarnos vulnerables a un estrés oxidativo.

Sin embargo, mientras la producción de radicales libres puede aumentar durante el ejercicio, nuestras defensas biológicas también lo hacen, adaptándose a los requerimientos del entrenamiento físico aeróbico mediante inducción (mayor producción) de enzimas antioxidantes. Este argumento es apoyado por las investigaciones que muestran los efectos benéficos del ejercicio físico regular en la incidencia de varias formas de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

Se argumenta que el daño potencial de los radicales libres aumenta durante el trauma, el estrés, el daño muscular, el ejercicio y los contaminantes ambientales como el esmog. Con el ejercicio el riesgo parece depender de la intensidad y del estado físico de los sujetos, debido a que el ejercicio exhaustivo realizado por individuos no entrenados es proclive a producir daño o estrés oxidativo en los músculos activos.

Así y todo, surgen dos preguntas. Una es si los individuos físicamente activos son más susceptibles al daño de radicales libres, y la otra, si se requiere un suplemento mayor de antioxidantes en ellos.

En relación a la primera cuestión, la investigación sugiere que los humanos bien nutridos tienen defensas naturales adecuadas para su protección. Repetidas cargas submáximas de ejercicio, a pesar del aumento de la liberación de radicales libres, no produjeron estrés oxidativo y tampoco agotaron las defensas antioxidantes.

En relación a la segunda pregunta, hay menos consenso. La investigación sugiere que la vitamina E puede ser el agente antioxidante más importante relacionado al ejercicio.

Evidencia limitada a los humanos sugiere un posible beneficio de un suplemento de vitamina E (200 mg diarios por tres semanas), disminuyendo dramáticamente la producción de radicales libres. Personas recibiendo un suplemento antioxidante en base a vitamina C, betacaroteno y vitamina E mostraron menos índices de estrés oxidativo que la población normal. El suplemento de vitamina E (alfa tocoferol) en ciclistas de carrera ha mostrado tener un efecto de protección al estrés oxidativo inducido por ejercicios de resistencia extremos. Los efectos antioxidantes del selenio y de la coenzima Q10 están aún por definirse. Más allá de los suplementos dietéticos, una recomendación es el consumo de una dieta balanceada que contenga frutas, granos y vegetales.

 

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