Medicina psicosomática: Cuánto puede llegar a afectar la mente en una lesión

La medicina psicosomática dice toda enfermedad es psicosomática, que la mente influye en el cuerpo y vice- versa.

Guía de: Deporte y Salud

La medicina psicosomática integra la unidad cuerpo-mente indisoluble, pero que la misma mente para comprender el misterio de la vida divide. Todo esto para explicar que tras cualquier enfermedad o lesión subyace el factor mental. La neuro-inmunología reparó que el estrés y la depresión van asociados a bajas defensas, a una baja inmunológica, y por ende nos hace más vulnerables a enfermedad.

En el ámbito dermatológico una máxima amplía esta visión: “La piel es un espejo del alma, quizás porque ambos provienen de la misma región, el ectodermo embrionario”. Como si piel y cerebro estuviesen atados indisolublemente.

Medicina-psicosomatica

Enfermedades como la psoriasis, la dermatitis seborreica, y variadas condiciones de alergias, se relacionan médicamente con trastornos del sistema nervioso, que se manifiestan en la piel. Y más allá; en diversos “órganos blancos”, como el aparato digestivo que reacciona con úlceras pépticas, trastornos dispépticos, y el llamado “Colon irritable” No son las únicas.

Al contrario. La medicina psicosomática dice toda enfermedad es psicosomática, que la mente influye en el cuerpo y vice- versa.  Que algo de lo más somático, como una fractura o una ruptura de ligamentos, es absolutamente psicosomático. Quizás en el tiempo de la lesión, el deportista estaba en la fase de agotamiento, sin motivación, o fue víctima de un proceso existencial fuerte –como una infidelidad-, en fin, sufrió una pérdida, o andaba muy acelerado por la vida. Que en ese período estaba más vulnerable.

Y ese es el punto. El equipo del deportista puede muchas veces prever cuando éste es más vulnerable, indagando en su esfera psicológica y leyendo los signos conductuales que develan su estado. Los grandes entrenadores y psicólogos deportivos saben hurgar en la psique del atleta, ver sus períodos oscuros, y protegerlos.

Las lesiones pueden sorprender al atleta en diversas circunstancias de su vida activa, y de éstas, en parte, dependerá  su reacción frente al contratiempo. Sin embargo, más allá de la desgracia, porque representa una limitación, un cambio inesperado en la evolución de la carrera deportiva, las lesiones son lecciones, cuando sobemos aceptarlas rápidamente y nos preguntamos ¿Por qué nos pasó?, más allá de victimizaciones. Tras una lesión casi siempre asistimos a una serie de cambios de ánimo, traducidos en sentimientos de incredulidad, de negación del suceso, de frustración o de rabia. El deportista puede tender al aislamiento y la depresión, antes de evolucionar a un espacio de resignación y aceptación.

Es importante que el deportista afectado sea conciente de sus “distimias”, cuando lucha con su lesión, cuando cae en estados negativos, “pierda la paciencia”, y entre en distorsiones culposas. Podemos aprender técnicas para controlar los pensamientos, y lo que nos decimos a nosotros mismos. Cuando nos damos cuenta de diálogos internos derrotistas debemos aprender a detenerlos, diciéndonos concientemente ­¡ALTO!, y luego repitiendo algunas frases de aliento. Porque lo que un atleta piense y se diga a sí mismo en relación a lo que le ha ocurrido desde su lesión, por supuesto influye en su sanación.

Así, los deportistas pueden experimentar sus lesiones de diferentes maneras. Algunos pueden percibirlas como la muerte, o un desastre. O como una oportunidad de crecimiento, o para mostrar su temple más allá  de las pistas. En la vida misma. Otro puede vivir su lesión como un alivio, una detención inevitable en una mala temporada. Pero todos tienen la oportunidad única de reconocer el trasfondo de una lesión, de una enfermedad.  En fin, un aprendizaje. Para reconocer sus momentos vulnerables. Escrutando los signos. Indagando en el cuerpo y la mente.

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