Peligros del calor: Cómo enfrentarlo para que no afecte el rendimiento deportivo y la salud

Entrenar o competir expuestos a grandes temperaturas puede afectar el rendimiento y exponer al cuerpo a graves trastornos de salud.

Guía de: Deporte y Salud

Con desilusión vemos en repetidas oportunidades a maratonistas que nos representan internacionalmente, logrando marcas lejanas a su mejor récord.

Si para recorrer los cuarenta y dos y pico kilómetros de la clásica prueba, exhiben tiempos clasificatorios cercanos al mágico límite de las dos horas, sorprende que sus resultados en magnas competencias, alrededor de dos horas y media para los hombres, empeoren tan abruptamente.

Deportistas y el Calor

Foto: Internet

Muchas veces la causa de este grave deterioro del rendimiento atlético es resultado del medio ambiente.

Tanto el río, como la altitud y el calor -ahora se suma la polución-, afectan a nuestro organismo, el que debe mantener, a pesar de las condiciones exteriores, una constancia interna.  Este proceso llamado homeostasis demanda energía; y si se desarrolla además en la exigencia de una prueba atlética, veremos que los resultados pueden ser desastrosos.

De una parte podemos evidenciar este fenómeno de sobrecarga como una baja del rendimiento deportivo, pero más grave puede resultar en enfermedad, a veces fatal.

En el caso del calor, ya sobre los veintidós grados Celsius, y dependiendo de la humedad del aire, la actividad física se ve afectada.  Más allá de los resultados, acecha un síncope por calor o colapso, cuando el ejercicio se desarrolla bajo temperatura excesiva (30 grados Celsius) o aire muy húmedo (humedad relativa de 80 por ciento o más).

Nuestro cuerpo disipa el calor excesivo a través de la piel: por radiación, convexión y conducción, si la temperatura ambiente es menor a la de la piel: y por evaporación del sudor si la temperatura ambiente es superior a la de la piel.  Por esto es que en ambientes saturados de humedad, el sudor ayuda poco a eliminar calor corporal.

Durante el ejercicio aumenta el flujo de sangre a los músculos para satisfacer sus necesidades energéticas… y al mismo tiempo aumenta el flujo sanguíneo a la piel para disipar la producción aumentada de calor, todo esto a expensas de un aumento del ritmo cardíaco.

Nuestra capacidad para balancear las demandas energéticas del ejercicio y perder calor puede ser sobrepasada en condiciones extremas.  La alta temperatura y la carga deportiva pueden confabularse malignamente, al punto de hacer insuficiente la capacidad cardiaca para mandar sangre a los músculos y a la pieles; en estas condiciones y de no mediar medidas preventivas, puede sobrevenir el colapso.

Además de la hidratación, es preciso recalcar el proceso de aclimatación.  Porque la habilidad para tolerar el calor puede ser mejorada por repetidas exposiciones a él.  Los procesos de adaptación al ejercicio bajo calor se refieren a una expansión del volumen sanguíneo un aumento de la sudoración, y un mejor control circulatorio, evidenciado por una disminución de la frecuencia cardíaca, a una misma intensidad de calor y trabajo.  Y quizás en esto último radica nuestra mejor defensa, y también estrategia, para enfrentar a tono los grandes desafíos.

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