Radicales libres: ¿Puede nuestro cuerpo deshacerse de ellos?

El daño potencial de los radicales libres aumenta durante el trauma, el estrés, el daño muscular, el ejercicio y los contaminantes ambientales como el esmog.

Guía de: Deporte y Salud

No es un eslogan político. El ejercicio libera tóxicos, “radicales libres”. El cuerpo se deshace de ellos. Pero podemos ayudarle.

El consumo de oxígeno necesario para oxidar los nutrientes y generar energía biológica genera CO2 y agua, sin embargo, aproximadamente un 2 a 5% de este oxígeno generará compuestos oxigenados tóxicos para la célula, llamados radicales libres, tales como el agua oxigenada o H2O2, superóxido: O2-,  e hidroxilo: OH-, con alto poder oxidante y destructor de células.

Radicales-libres

Aunque los efectos benéficos del ejercicio físico son bien conocidos, el aumento de radicales libres que se producen al elevar el metabolismo aeróbico para la mayor generación de energía son una amenaza latente. ¿Puede nuestro cuerpo deshacerse de ellos? La respuesta es sí. Enzimas humanas como la superóxido dismutasa se encargan de hacerlo, neutralizando el efecto oxidante de los radicales libres. Sin embargo, la actividad aeróbica aumentada y por ende la mayor producción de radicales libres podría superar nuestras defensas antioxidantes naturales , y dejarnos vulnerables a un “estrés oxidativo”.

Aquí entran en juego refuerzos externos, vitaminas antioxidantes con alta eficiencia contra los radicales libres. Sin embargo, la evidencia sugiere que mientras la producción de radicales libres aumenta durante el ejercicio, nuestras defensas biológicas también lo hacen, adaptándose a los requerimientos del entrenamiento físico aeróbico mediante inducción y mayor producción de las enzimas antioxidantes. Esto es apoyado por las investigaciones que muestran los efectos benéficos del ejercicio físico regular en la incidencia de varias formas de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

No obstante, el daño potencial de los radicales libres aumenta durante el trauma, el estrés, el daño muscular, el ejercicio y los contaminantes ambientales como el esmog, y con el ejercicio el riesgo parece depender de la intensidad y del estado físico de los sujetos, debido a que el ejercicio exhaustivo realizado por individuos no entrenados es más proclive a producir daño o estrés oxidativo en los músculos activos.

Así y todo, surgen dos preguntas. Una es si los individuos físicamente activos son también susceptibles al daño de radicales libres, y la otra, si se requiere un suplemento mayor de antioxidantes en ellos.

En relación a la primera cuestión, la investigación sugiere que los humanos bien nutridos tienen defensas naturales adecuadas para su protección. Repetidas cargas submáximas de ejercicio,  a pesar del aumento de la liberación de radicales libres, no produjeron “estrés oxidativo” y tampoco agotaron las defensas antioxidantes.

En relación a la segunda pregunta, hay menos consenso. Agentes nutritivos como las vitaminas A, C y E, y el precursor de la vitamina A, el betacaroteno, brindan protección celular como antioxidantes. En efecto, estas vitaminas antioxidantes protegen a la membrana celular al reaccionar y remover a los radicales libres, abortando su efecto tóxico. Además, los estudios demuestran que una dieta que proporcione niveles apropiados de vitaminas antioxidantes, especialmente C y betacaroteno, reduce el riesgo de varios tipos de cáncer, apuntando  que la vitamina E puede ser el agente antioxidante más importante relacionado al ejercicio.

Animales con dieta normal y suplemento de vitamina E parecen haber tenido menos “estrés oxidativo” causado por el ejercicio en sus fibras musculares. Evidencia limitada a los humanos sugiere un posible beneficio de un suplemento de vitamina E (200mg diarios por tres semanas), disminuyendo dramáticamente la producción de radicales libres. Personas recibiendo un suplemento antioxidante en base a vitamina C, betacaroteno y vitamina E, mostraron menos índices de estrés oxidativo que la población normal.

La suplementación de vitamina E (alfa tocoferol) en ciclistas de carrera mostraría tener un efecto de protección al “estrés oxidativo” inducido por ejercicios de resistencia extremos, con menor tendencia al agotamiento y mayor capacidad de recuperación, en pruebas de varios días. Un protocolo digno de poner en juego, sobre todo en competencia.

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