Torcedura de rodilla: ¿Qué hacer en caso de sufrir esta lesión?

La rodilla es una de las articulaciones más importantes que posee el cuerpo humano.

Guía de: Deporte y Salud

La rodilla es más que una articulación de bisagra, porque además de los movimientos de flexión y de extensión  que en ella se producen, permite una considerable rotación, lo que permite súbitos y fluidos cambios de eje durante la locomoción, básicos en la práctica de muchos deportes, como el fútbol o el esquí.

Los huesos más importantes que articulan en la rodilla, el fémur y la tibia,  no encajan mucho, de modo que su estabilidad viene dada por ligamentos que unen los huesos entre sí,  y por músculos, fundamentalmente el cuádriceps, el factores dinámico, que contrarresta automáticamente los torques que se producen en la articulación.

Cualquier fuerza que haga sobrepasar el rango de movimientos de la rodilla puede dañarla, afectando los huesos, sus meniscos y sus ligamentos. Un mecanismo común de lesión ligamentosa  se da cuando   fuerzas llevan simultáneamente a la rodilla a la posición de “valgo” (piernas en X) y de flexión, cuando el fémur está internamente rotado sobre la tibia. Otro mecanismo de lesión se da cuando la rodilla es forzada en hiperextensión.

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El primero de estos mecanismos, es la combinación de fuerzas que se da en un tacle de fútbol, por ejemplo, aunque el mecanismo puede no involucrar fuerza externas, sino un súbito cambio de eje, “un enganche”,  ayudado con una trampa, un resalte del suelo, que sorprende como un paso atarantado, y que visualizamos en la primera ruptura de ligamentos de rodilla del crack de fútbol Marcelo Salas, por ejemplo.

Dependiendo de la intensidad de la fuerza, varias de las estructuras de soporte de la rodilla pueden estar dañadas, por ejemplo, su cápsula, el ligamento colateral medial, el menisco medial, o el ligamento cruzado anterior.

Las fuerzas de hiperextensión y rotación amenazan al ligamento cruzado anterior, y si son suficientemente intensas, al ligamento cruzado posterior, además de amenazar con una fractura por compresión cuando los cóndilos femorales impactan a los platillos tibiales.

Estamos en el terreno de los esguinces de rodillas. Un esguince se produce cuando una articulación se tuerce violentamente desencajándose temporalmente sin dislocarse, y conlleva un alto riesgo de daño de sus estructuras. En el caso de la rodilla, para el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de una esguince, desde el primer momento es importante la historia, la descripción del accidente, y que puede dar luces inmediatamente sobre la naturaleza de la lesión. Hay que atender también, si ha habido o no inflamación, o algún ruido tipo chasquido o “pop” cuando ocurrió. Junto al dolor y la impotencia funcional, que son síntomas inespecíficos, un rápido aumento de  volumen de la rodilla puede corresponder a hemartrosis, es decir, sangre en la articulación, por ruptura de ligamentos, cápsula o huesos, ruptura que puede también reflejarse en  un lento aumento de volumen de la rodilla, que refleja una inflamación de instalación lenta, con “derrame” articular (líquido no sanguinolento).

Tras un esguince de rodilla debe sobrevenir un diagnóstico preciso de las estructuras dañadas. El examen físico debe intentar detectar además de inflamación, el grado de estabilidad articular, es decir, el rango de acción y protección de sus ligamentos, si quedaron o no laxos, algo que se refleja en un rango anormal de movimientos. Esto debe complementarse con exámenes radiológicos que permiten afinar el diagnóstico.

Los esguinces de rodilla, y las lesiones de ligamentos que suceden se clasifican dependiendo del grado de ruptura de sus fibras:

Grado I:   Atenuación de fibras, no hay pérdida de continuidad, no hay inestabilidad ni aumento de laxitud.

Grado II:  Ruptura parcial de fibras, “punto de término” firme a los test de estabilidad y laxitud.

Grado III: Ruptura completa de todas las fibras de un ligamento con inestabilidad y laxitud persistentes.

Siendo el dolor y la incapacidad física un signo suficiente de detener cualquier actividad ulterior, en todos los casos el deportista accidentado  debe permanecer inmediatamente en reposo y aplicarse frío local con compresión, y con la pierna elevada. Altas dosis de antiinflamatorios no esteroidales ayudan a mitigar el dolor, la eventual tumefacción y la inflamación.  Para los esguinces grado II, puede usarse un ortésico de sujeción externa que inmoviliza parcialmente y aumenta la estabilidad. Los esguinces grado III casi siempre reclaman cirugía de reconstrucción…

No obstante, tanto en la rehabilitación de estas lesiones como en su prevención es básico el fortalecimiento de los músculos que actúan en la rodilla, fundamentalmente el cuádriceps, máximo estabilizador de esta articulación, además de ejercicios que aumenten la flexibilidad articular.

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