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¿Qué comen fuera de casa las personas con diabetes?

Cuántas veces hemos visto la cara de horror de nuestros anfitriones que se arman un gran lío al saber que tenemos diabetes. Al sentarnos a la mesa vemos sólo verduras cocidas. Aquí explicamos cómo no complicarse.

No pocas veces la esposa de un amigo escuchó la siguiente frase para informarle que habría visitas en la noche: “Querida… invité a Marcelo a comer, acuérdate que tiene diabetes”. Y cuántos problemas representaba esa invitación no sólo por inoportuna quizás, sino que además echaba a andar toda una serie de acciones para poder “atender” como correspondía al “cachito” del amigo que tiene diabetes.

“Pero… ¿qué puede comer? ¿Le gusta el pescado? ¿Y el vino? ¿Ellos no pueden comer papas, no es cierto? Tampoco arroz. ¿Y el postre? Es que sólo tengo duraznos en conserva con crema ¿Y si compramos un helado light, bajo en grasas? Sabe que más, invítelo a un restaurante mejor”.

Cuántas veces hemos visto la cara de horror de nuestros anfitriones que se arman un gran lío al saber que tenemos diabetes. Y si le agregamos que es Tipo 1, como no entienden las diferencias mejor ni comentar las expresiones. Finalmente nos sentábamos a la mesa y lo que había era puras verduras cocidas… ¡cero hidratos de carbono! Y para no incomodar, vamos pidiendo pan entonces.

Qué comen personas con diabetes fuera de casa

Foto: Claudio Vera

Algunas personas se complican cuando hay alguien con diabetes invitado a comer. La verdad, la solución es más simple de lo que parece.

Esta situación la podemos llevar a la fiesta de cumpleaños de los amiguitos, el asado del fin de semana, la comida de celebración de los 50 años de matrimonio de los papás, el almuerzo aniversario de la empresa, la convivencia del colegio. Invitaciones y eventos sociales de todo tipo.

No bien hemos salido del hospital o la clínica luego del debut, al llegar a nuestro hogar nos encontramos de golpe con la cruda realidad: hace 25 años mi mamá se preguntaba qué diantres me podía dar de comer si ya no podía comer azúcar, dulces, tortas, helados, bebidas azucaradas o chocolates según dijo el doctor entonces. ¡Como si mi alimentación hubiese estado basada exclusivamente en esos productos!

Recuerdo que tomamos debida nota de todo lo que me dieron en la clínica, de sus raciones y combinaciones. Desde ese tiempo me quedó la costumbre de probar en algunos desayunos unas galletas de soda o agua, con mantequilla, un trocito de jamón y arriba una pequeña cucharadita de mermelada de frambuesas ligth. Para mí, una exquisitez.

Arroz con pollo a la plancha. Puré de papás con un guiso de carne. Fruta cocida de postre. Y así muchas otras cosas de que tan elaboradas visualmente parecían imposibles de replicar en casa. Pero era más simple que eso, era lo mismo de antes pero más medido: una pequeña ración de hidratos de carbono, proteínas y muchas verduras, ojalá verdes, porque tenían poquísimos hidratos de carbono y sí muchas vitaminas y fibra.

Poco a poco y con el apoyo de algunas personas, nos fuimos dando cuenta que lo único que había que hacer era simplemente conocer la cantidad de hidratos de carbono de lo que comía, prestando atención la ingesta y respetando algunos horarios al tiempo de saber qué glicemia tenía en ese momento.

Una anécdota. En el primer viaje que hice en avión ya como Tipo 1 se me ocurrió pedir el menú para personas con diabetes: casi me dio una hipoglicemia severa, pues era para tipo 2: verduras, verduras y más verduras. Nunca más pedí ese menú, ahora pido normal y ahí voy separando lo que como y lo que no.

Lo que hace falta

Para algunos amigos, los menos eso sí, todavía sigue siendo una complicación invitarme. Los más, afortunadamente y gracias al “trabajo” de educación que he venido haciendo con ellos, tienen claro que a mí me basta una bebida light (no bebo alcohol ni fumo) y el resto lo mismo que comen todos. Los hidratos de carbono de acción rápida para las posibles emergencias los llevo conmigo siempre.

Dependiendo en el ambiente en que nos movamos, unos podemos estar expuestos a situaciones como eventos donde los cócteles se suceden día por medio. O las celebraciones o “colaciones compartidas” en el colegio con los niños más pequeños. Ahí es justamente donde tenemos que lucirnos dando muestras de nuestro conocimiento, midiendo nuestra glicemia antes, a lo mejor durante, y por supuesto después, para sacar conclusiones y volver a aplicar lo que nos resultó y corregir los errores.

Hoy, con tratamientos bastante menos restrictivos que hace 25 años, el tema es más fácil. Pero requiere disciplina y un buen conocimiento del conteo de carbohidratos.

Las “dietas para diabéticos” ya pasaron a la historia. Hoy ya se habla de alimentación saludable para todos. Según un estudio aparecido recientemente esa alimentación, sumada a no fumar, no beber alcohol, hacer ejercicio en forma regular y mantener el peso adecuado hacen los que riesgos de desarrollar diabetes tipo 2 se reduzcan hasta en 70%… y eso sí que vale la pena.

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