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Discapacidad: Cómo combatir prejuicios y malas actitudes

Es importante siempre recordar la necesidad de conocer e informarse sobre los reales alcances de la Discapacidad, especialmente en casos tan castigados por las barreras actitudinales.

Las Personas en situación de Discapacidad (PsD) muchas veces ven disminuidas sus opciones de inclusión en la sociedad por variadas causas: calles en mal estado, falta de espacios públicos comunes, falta de recursos o rehabilitación, entre otras. Sin embargo, tal vez las barreras más importantes para la participación y desarrollo de las PsD son las actitudinales: los prejuicios y la discriminación.

Los prejuicios son las ideas preconcebidas que tenemos de otras personas sin apenas conocerlas, a ellas o a su situación. Es nuestra forma de encasillarlas debido a la educación recibida, a nuestras experiencias pasadas o a lo que hemos oído. Los seres humanos tendemos a prejuzgar; todos en algún momento somos generadores o repetidores de algún prejuicio. Por ejemplo: “Los políticos son todos mentirosos”, “los taxistas manejan como animales”, “los ricos son engreídos”, etc. El punto crítico son las consecuencias sociales negativas de los prejuicios, ya que con ellas el pensamiento se plasma en acciones concretas, en un trato diferenciado, el cual conocemos como discriminación.

Así, la información puede ser acertada pero exagerada (en este caso, las PsD efectivamente necesitan algunos apoyos para efectuar algunas actividades, pero no necesitan ayuda para todo ni en todo momento) o la información puede ser errada (por ejemplo, creer que las personas en silla de ruedas no pueden tener relaciones sexuales).

Negar oportunidades

Estas barreras actitudinales pueden darse tanto desde lo negativo como de lo positivo, es decir, hay prejuicios negativos como creer que las PsD son inútiles, una carga en la familia, un potencial problema en un trabajo, o por otra parte, se puede pensar que la PsD necesita constante ayuda y supervisión, que es frágil, vulnerable, requiriendo máxima protección y compasión. Entonces, ya sea porque la percepción que se tiene de la PsD es peyorativa, o porque la PsD es sobreprotegida, en ambos casos se niegan oportunidades, se anula la independencia y autonomía de las PsD. Son los extremos, cuidar mucho a la persona o no querer tenderle una mano.

Finalmente, es importante siempre recordar la necesidad de conocer e informarse sobre los reales alcances de la Discapacidad, especialmente en casos tan castigados por las barreras actitudinales, como el de las personas con Esquizofrenia. Y así como el lenguaje genera cambios en nuestra actitud (“no decir discapacitado ni minusválido”), el cambio en nuestras actitudes y acciones posibilita una mejor convivencia y capacidad empática.

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