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Discapacidad, no Discapacitado: ¿Cuál es la forma correcta?

No es bueno ni es lo correcto decir “los discapacitados” o “el minusválido”; eso es como estar definiendo a las personas de acuerdo a un problema.

En la actualidad, ideas de Integración, Inclusión, Tolerancia y No Discriminación, entre otras, toman cada vez mayor fuerza para potenciar procesos que nos lleven a ser una sociedad más equitativa y solidaria. Los cambios para lograr estos objetivos deben partir desde algo básico y cotidiano, como lo es la forma en que nos expresamos.

El lenguaje entonces cobra importancia, para que no seamos ofensivos ni despectivos, y dándole mayor coherencia a nuestro actuar. Por lo cual, así como se debe comprender qué es la Discapacidad, también se debe conocer cómo referirse a esta situación.

Discapacidad discapacitados

Foto: Agencias

El Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS) sugiere usar el concepto de “Persona en Situación de Discapacidad” (PsD).

No es bueno ni es lo correcto decir “los discapacitados” o “el minusválido”; eso es como estar definiendo a las personas de acuerdo a un problema. Por ejemplo, al decir “el esquizofrénico” se está caracterizando a esa persona con el trastorno, entonces se asocia directamente a los signos y síntomas de la esquizofrenia, a todos los prejuicios que la rodean, y en general a aspectos negativos.

Persona en Situación de Discapacidad

En algunos países se habla de Personas con Capacidades Especiales, en otros de Personas con Diversidad Funcional. En Chile se suele utilizar el concepto de Personas con Discapacidad (PcD). El Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS) sugiere usar el concepto de “Persona en Situación de Discapacidad” (PsD). Lo relevante en todas estas concepciones es que “la persona” es lo primero, y se quiere hacer notar que estas personas no son incapaces, sino que son capaces de hacer las cosas pero de otras maneras; llevan a cabo sus actividades de una forma diferente, o de la misma forma que la mayoría de la gente pero con alguna clase de apoyo.

Cabe cuestionarse entonces ¿Es importante realmente el cómo nos referimos a estas personas? Por supuesto que sí. El cambiar nuestro lenguaje al respecto es una pequeña muestra de interés, un ejemplo de respeto, un modo de generar empatía. Demostramos acogida al no adjetivar o etiquetar a las personas como “discapacitadas”, “mongólicas”, “enfermitas”, “inválidas”, “retrasadas”, etc., y que sabemos que tienen otras capacidades. Porque de todas formas, cualquiera de nosotros, presentando o no una situación de Discapacidad, tiene diversas capacidades.

Finalmente, al modificar nuestro lenguaje también tenemos la opción de educar a otros; por ejemplo, si nos preguntan por qué decimos PsD y no discapacitado, al explicarlo estaremos ayudando a generar perspectivas adecuadas sobre qué implica la Discapacidad.

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