Estudio: Los juegos arriesgados inciden positivamente en la salud de los niños
- Paz González, ex guía de Educación para Niños
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Una investigación realizada en el Child & Family Research Institute at BC Children’s Hospital (Canadá, 2015) reveló que el juego arriesgado al aire libre no sólo es bueno para la salud de los niños, sino que también estimula la creatividad, las habilidades sociales y la resiliencia.
Los resultados, publicados en el International Journal of Environmental Research and Public Health, encontraron que los niños que participaban en actividades físicas como trepar y saltar, el juego rudo, revolcarse, o la exploración sin supervisión, mostraban una mayor salud física y social.
“Encontramos que los entornos de juego en los que los niños podían asumir ciertos riesgos incrementaban el tiempo de juego, la interacción social, la creatividad y la resiliencia“, dijo mariana Brussoni, principal autora del estudio. “Estos efectos positivos reflejan la importancia de apoyar el juego arriesgado al aire libre como una forma de promover la salud de los niños y un estilo de vida activo“.

“Los parques y entornos de juego que ofrecen elementos naturales como árboles y plantas, cambios de altura y libertad para que los niños se embarquen en actividades elegidas por ellos mismos tienen un impacto positivo sobre la salud, la conducta y el desarrollo social. Estos espacios proporcionan a los niños la oportunidad de aprender sobre el riesgo y sus propios límites“, dijo Brussoni. La preocupación con la seguridad y el exceso de la supervisión impiden a los niños dedicarse a este tipo de actividades.
Las preocupaciones de seguridad, tales como lesiones, fueron vistos como la principal razón de la limitación de juego al aire libre. Los investigadores encontraron que demasiada supervisión por parte de los padres impiden que los niños puedan tener actividades más arriesgadas y de exploración.
¿Por qué es importante jugar?
- Jugar proporciona placer, alegría y satisfacción, hace que nos sintamos felices.
- El juego asegura un sano equilibrio emocional.
- Jugando los niños tienen la oportunidad de expresarse libremente, porqué mientras juegan entienden que lo que hacen y dicen forma parte de lo ficticio y que lo que en el juego transcurre no tendrá repercusiones en la vida real. Esto les permite descargar tensiones, reproducir aquellas situaciones que les generan miedos o que les resultan difíciles de entender. Y es que jugando las analizan, las interpretan y las ‘traducen’ para comprenderlas y asimilarlas.
- Jugar es crear y como todas las actividades creadoras genera satisfacción emocional, confianza y seguridad.
- El juego también permite experimentar el fracaso, lo que supone un importante aprendizaje para el niño, ya que le ayuda a elaborar un importantísimo escudo ante la frustración.
- El juego es interacción con los demás. Jugando se comparten aventuras, tramas, partidas… En definitiva, se descubre al compañero viviendo situaciones impregnadas de sentimientos, actitudes y comportamientos que aportan modelos e informan de los diferentes matices en las actuaciones, lo que permite diferenciar entre las diversas pautas de actuación, diferenciando lo que nos gusta, lo que no y, sobre todo, tomando conciencia de nosotros mismos, averiguando las habilidades, las propias competencias y también los defectos a mejorar.
- El juego es una actividad que, al mismo tiempo que los mantiene saludables les ayuda a ser más autónomos y desarrolla sus competencias sociales. Disponer cada día de un tiempo de juego mejora su estado de ánimo así como su rendimiento escolar.
El tiempo libre de nuestros hijos cada vez es menor y, en una gran mayoría de casos, inactivo. La exigencia escolar en la medida que se hacen mayores, aumenta, y poco a poco el horario extraescolar se va completando con nuevas actividades formativas con la intención de prepararlos mejor para la sociedad competitiva en la que les tocará vivir como adultos y, sobre todo, para cubrir con éstas unas horas que el horario laboral mayoritariamente, no permite conciliar con el horario familiar.
En este sentido, es fundamental el papel de los padres y madres para facilitar y promover estos tiempos y espacios de juego en el día a día de los niños y niñas.
Fuentes:
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