Jugar a disfrazarse con los niños, la libertad de ser otro

Disfrazarse es uno de los juegos dramáticos por excelencia. Les permite a los pequeños recrear al mundo que tienen cerca. Sin darse cuenta, le ponen movimiento, imagen y palabras a sus fantasías.

Olvídate de comprar costosos trajes ni arrendarlos en lugares especializados. Eso, mejor déjalo para fiestas exclusivas. En casa, tenemos todos los materiales necesarios para generar los mejores -y reveladores- parlamentos de nuestros actores.

Jugar a la mamá y al papá puede ser un buen inicio. Permíteles que investiguen en su ropero. Que busquen y elijan algo que les guste o haga sentido.

Pero si temes que quede demasiado desorden, una alternativa es aglutinar un par de modelitos y accesorios de la madre y/o del padre en una caja o container. Y déjalos innovar. No te preocupes de que las combinaciones sean desafortunadas ni pretendas dirigirlos en la previa de esta actividad.

Jugar disfrazarse

Foto: AFP

Disfrazarse es bueno para los niños porque favorece el desarrollo social y emocional.

De hecho, esta es una de las partes más divertidas y graciosas de este panorama infantil. Y los niños son capaces de crear el disfraz más insólitamente creativo.

A continuación, les debes dar un tiempo para que analicen lo que dirán –también pueden improvisar-  y determinar el sitio donde harán gala de su desempeño actoral.

Mis hijos acostumbran a ubicar en sillas a sus peluches favoritos, como público invitado. Y a veces, me piden que alguno de esos monos cobre vida -como un títere-, obviamente con mi voz.

Algunos consejos, si tu hijo nunca se ha disfrazado:

  • Sepárale en una caja ropa suya y de su marido que ya no usen.
  • No olviden incluir zapatos, a los chicos les encanta ponerse los zapatos de los grandes
  • Pídale a alguna abuela si todavía guarda algún sombrero.
  • Busquen también alguna cartera o maletín. También bijouterie.
  • Disfrázate tu también, pero de niño: Puedes dramatizar alguna actitud que tiene habitualmente su hijo.
  • Si el niño cambia de personaje rápidamente, no le digas nada. Esto significa que tu hijo tiene una gran riqueza de estímulos.

Expertos aseguran que el juego dramático es “la expresión de la relación del niño con la totalidad de la vida”, uno de los caminos más directos.

Basta con vestirse “como mamá o papá” para hablar como ellos, retar como ellos, moverse como ellos: ¿Hay algo más liberador?

Aprovecha esta oportunidad única para saber cómo te ven tus pequeños, como un juego de rol. Como alguien que sólo da órdenes o como alguien que habla relajadamente, como alguien simpático que saluda a todos o como alguien que siempre está apurado.

Disfrazarse y ser otro, aunque sea por un momento, en muchos casos sirve como un desahogo.

Y es que a través de este tipo de juegos los niños expresan sus emociones, sentimientos y necesidades.

Muchas cosas que no se atreven a decir directamente, lo revelarán con un disfraz. Como la que sintió Bob Green, un pequeño de cuatro años cuando en la guardería se disfrazó de bebé y comenzó a gatear y a succionarse el dedo. El pequeño acababa de tener un hermanito y se sentía tan desplazado que pensó que sólo volviendo a ser bebé iba a recobrar la atención de su madre.

En resumen, disfrazarse es bueno para los niños porque favorece el desarrollo social y emocional, al intercambiar ideas, compartir, dar y recibir, apoyarse mutuamente, reír entre todos.
El juego sin reglas es el mejor secreto para estimular su expresión. Puede resultar muy divertido actuar algo que le haya pasado ese día y contárselo a su familia a través de la actuación.

Acá no gana la mejor actuación ni la mejor caracterización. Acá triunfa el espíritu crítico y creativo que nos asegura una tarde de entretención familiar.

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