¿Cómo cultivar la resiliencia en medio de las catástrofes? 7 hábitos para lograrlo

La resiliencia es una hermosa invitación a ver la vida desde una perspectiva más completa y optimista.

Guía de: Espiritualidad

Para nadie es indiferente que a veces la vida nos pone a prueba de diversas maneras, poniéndonos en situaciones que parecen superar nuestras capacidades: Una catástrofe natural, una enfermedad, una ruptura sentimental particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, problemas económicos o el fracaso de un sueño largamente anhelado, entre tantas otras. Todas estas circunstancias nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante.

Este punto es crucial ya que tenemos dos caminos a elegir: O nos dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o bien estar empeñados en sobreponernos y salir fortalecidos. De esto último se trata la resiliencia.

 

En términos generales, la resiliencia es la capacidad de los seres humanos de afrontar crisis o situaciones potencialmente traumáticas con flexibilidad y ser capaces de salir fortalecidos de ellas.

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En este sentido, la resiliencia no es una cualidad que esté necesariamente impresa en nuestros genes. De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, y es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida, ya sea a través de referentes cercanos que han sido un modelo de resiliencia a seguir, o bien encontrando el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

A continuación, comparto algunos hábitos principales a considerar para el desarrollo de la resiliencia:

  • Flexibilidad: Esto implica flexibilizar nuestros recursos internos de modo de ser capaces de sobreponernos a las adversidades y de utilizar estas situaciones a nuestro favor para crecer y desarrollar al máximo nuestro potencial.
  • Tenacidad: El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas. Al contrario, si hay algo que las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha, por medio de una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
  • Optimismo: Las personas resilientes tienen una manera diferente y optimista de ver las situaciones adversas ya que son conscientes de que después de la tormenta viene la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden y emocionan por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa.
  • Creatividad: La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar reparar los daños, ya que es consciente de que ya nunca a volverá a ser la misma. Por el contrario, transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil para otras personas.
  • Practicar la atención plena: Es de suma importancia cultivar el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y tener una gran capacidad de aceptación de la misma. Esta es una hermosa capacidad de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentar sacarles el mayor provecho y lecciones posibles.
  • Sentido del humor: Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, siendo capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.
  • Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo. Para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda en sus redes más cercanas o bien generar nuevos grupos de ayuda.

La resiliencia es una hermosa invitación a ver la vida desde una perspectiva más completa y optimista. Pese a que es muy importante vivir los procesos y experiencias adversas a fondo, siempre se puede salir de ahí y convertir lo negativo en una gran lección a integrar y compartir de modo optimista con el mundo.

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