¿Cómo encontrar nuestro verdadero amor? Dos aspectos fundamentales.

La búsqueda del verdadero amor en otra persona es una necesidad vital en cada uno de nosotros, que llega a buen puerto cuando descubrimos que somos la fuente de todo.

Guía de: Espiritualidad

La búsqueda del amor en otra persona es una necesidad vital en cada uno de nosotros. El amor, como energía universal, permea cada una de nuestras esferas de acción y es parte fundamental de nuestra esencia interna.

En nuestra vida moderna intentamos encontrar el amor en las más variadas formas: Creyendo que existe una media naranja que vendrá a completarnos y solucionar nuestros conflictos internos; yendo de una pareja a otra, porque, simplemente, no podemos estar solos o bien buscando diversos sustitutos de amor, pudiendo llegar, en ocasiones, a conductas erráticas y poco saludables para nuestro equilibrio interno.

Por supuesto, es tremendamente natural y esperable estar en pareja. Ahora bien, cuando la sociedad nos presiona o cuestiona por el hecho de no estar enamorados o no tener una familia constituida a determinada edad, podemos reaccionar de dos formas: Una de ellas es sentirnos angustiados y buscar, de forma casi desesperada, a alguien que llene ese vacío interno y social; la otra es, simplemente, ir hacia adentro y comenzar a ordenar nuestro crucigrama sentimental.

Aprender a amar

verdadero amor

Foto: Jimmy Scott

Estar enamorados es una de las experiencias más felices que podemos vivenciar. Cuando lo estamos, nos sentimos fuertes, vibrantes, empoderados y agradecidos por todo lo bueno que nos rodea en ese momento. El punto está cuando ciframos demasiada expectativa en la otra persona y nos comenzamos a abandonar a nosotros mismos. Si bien es natural la entrega casi incondicional en etapas iniciales de la relación, llega un momento en el cual los rasgos 100% humanos de la otra persona comienzan a aflorar y, del mismo modo, lo hace nuestra capacidad de reaccionar frente a ellos.

Muchas veces decimos que amamos sin esperar nada a cambio; pero, en realidad, ocurre lo diametralmente opuesto. Solemos poner decenas de condiciones para que la relación de pareja sea como nosotros la deseamos; nos desilusionamos si no obtenemos lo que esperábamos  o nos damos cuenta de que la otra persona puede cometer muchos errores, mostrando matices antes desconocidos y poco gratos para nosotros. Es así como la relación se va desgastando lentamente y vamos perdiendo el norte, sufriendo a nivel físico y emocional.

Aprender a amar implica cultivar un espacio de amor que sea tanto más grande que el dirigido a una sola persona. Cuando descubrimos que somos amor en movimiento constante, la perspectiva se despliega y comenzamos a encontrar la plenitud desde nuestro interior. El amor está en las cosas más simples: En el amor a la vida, en nuestras pasiones y logros; en la salud que nos acompaña día a día y en cada uno de los aspectos de apreciación que, desde este momento, podemos comenzar a desarrollar en nosotros.

Es, entonces, desde esa panorámica, donde obtenemos mayor claridad,  pudiendo dirigirnos, con determinación, a abrazar nuestra relación actual. “¿Es realmente esto lo que quiero para mi?” constituye una pregunta clave. Cuando hemos llegado a un punto en el cual es tanta la lejanía entre ambos y es tan  evidente la falta de amor -no solo presente en la relación de pareja, sino en la relación con nosotros mismos-  que, sin duda alguna, necesitamos dar un paso más allá y expresar lo que realmente sentimos. En este proceso, podemos sentirnos comprendidos o no y, cuando esto último sucede, es necesario soltar y tomar un nuevo rumbo.

Nuestro verdadero amor.

Una de las lecciones más duras de aprender es ésta: “Nadie nos brindará más amor que el que nos brindemos nosotros mismos”. La búsqueda del verdadero amor llega a buen puerto cuando descubrimos que somos la fuente de todo amor y que, al estar en un estado de tranquilidad y realización interior, ya no sufriremos por estar solos. Eventualmente puede llegar (o podemos conocer), en el momento más inesperado, una persona que logre complementar nuestra visión de vida, nos acompañe y fortalezca nuestro camino. A veces, puede que esto no suceda y así sigamos solos por un buen tiempo. Frente a eso, la invitación es a no ser mezquinos y a desplegar todas las clases de amor que tenemos para entregar al resto. Porque todo, finalmente, sigue siendo amor, y nosotros, hasta el último día, seremos nuestros mejores compañeros.

Más sobre Espiritualidad

Comentarios Deja tu comentario ↓
Síguenos en Facebook X