El valor de la disciplina para nuestro diario vivir: 6 beneficios incuestionables

Cada logro personal o grupal depende en gran medida de la disciplina.

Guía de: Espiritualidad

Cada uno de nosotros, en nuestra individualidad única e irrepetible, tiene distintos talentos y capacidades esperando emerger y florecer. Cualquiera sea el camino que tomemos, lo importante, más que lo que hagamos, es nuestra actitud interna para lograr esos objetivos que son elevados y que brindan sentido a la vida. Y, para ello, es fundamental contar con un adecuado nivel de disciplina. Ya sea en grande o en pequeño, cada logro personal o grupal depende en gran medida de ella.

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Beneficios de ser disciplinados

Consolidamos hábitos: Estudios señalan que si desarrollamos durante 21 días una actividad determinada, nuestro cerebro la integrará y formará parte de una rutina dentro de nuestras acciones diarias. Es más, llega un momento en el que ejecutamos esas acciones de manera automática, sin pensar. Lo importante es que cada nuevo hábito a desarrollar nos conecte con algo que realmente nos motive y con aquellos objetivos y valores con los que nos sintamos alineados. Podemos comenzar haciéndonos la pregunta de  “¿para qué lo hago?” y luego enumerar todos los beneficios que nos reportará este nuevo hábito.

Conseguimos nuestros objetivos: Cuando somos consistentes con pequeñas decisiones cotidianas que tomamos, las probabilidades de alcanzar nuestros objetivos son exponencialmente mayores y, sí o sí, logramos un avance. En este sentido, es muy importante el ser pacientes, gentiles y no buscar la gratificación inmediata en lo que hacemos. Disfrutar el proceso y saber que el resultado se está generando desde ya, es la clave.

Se refleja en diversas áreas: Cuando vemos los resultados positivos que vamos obteniendo siendo disciplinados en un área determinada – por ejemplo, siendo más ordenado en casa o con nuestras finanzas-, es muy probable que empleemos ese mismo método en otras áreas de nuestra vida.

Reforzamos nuestra autoestima: Cada vez que ponemos en práctica la disciplina nos sentimos más alegres, vibrantes y satisfechos con nosotros mismos, sobre todo de haber dejado a un lado las excusas y haciendo aquello que requiere más determinación pero que será tanto más satisfactorio.

Podemos motivar e inspirar a otros: La disciplina es una fuente de motivación para nuestro entorno, especialmente cuando los resultados que el resto ve en nosotros son positivos y contribuyen a mejorar una o varias áreas de nuestra vida. Si bien es cierto que debemos hacer las cosas por nosotros mismos, de forma natural se va generando un efecto en los otros y pudiendo transmitir entusiasmo para luchar por lo suyo.

Por esta razón, comencemos a poner en práctica la disciplina en pequeños actos de la vida cotidiana: Ordenando nuestra casa, deshaciéndonos de lo que no nos sirve, haciendo un plan de actividades a realizar, y preocupándonos de nuestro cuerpo y espíritu. Las recompensas están a un paso.

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