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Alerta internacional por virus Nipah: Riesgos y nivel de preparación de Chile frente a patógenos emergentes

Este patógeno zoonótico tiene una letalidad estimada de entre 40% y 75%.

La confirmación de nuevos casos del virus Nipah en la ciudad de Calcuta, en el estado de Bengala Occidental, India, ha encendido las alertas de las autoridades sanitarias internacionales debido a su elevada letalidad. Se trata de un patógeno zoonótico poco frecuente, pero con una tasa de mortalidad estimada entre un 40 % y un 75 %, lo que mantiene en alerta a la comunidad científica global. Aunque Chile no registra casos ni forma parte de las zonas endémicas, el aumento de la movilidad internacional y la experiencia reciente con emergencias sanitarias han vuelto a instalar el debate sobre el riesgo de ingreso de virus emergentes al país y el grado de preparación del sistema de salud nacional.

El virus Nipah fue identificado por primera vez en 1998 y desde entonces, se han reportado casos esporádicos en países del sur y sudeste asiático como Bangladesh, India, Filipinas y Singapur. Tal como consignó CNN, hasta 2024, se habían registrado alrededor de 754 casos a nivel mundial, cifra que expertos consideran subestimada debido a las dificultades de detección y notificación en zonas rurales. Su rareza no disminuye su peligrosidad: la infección puede provocar fiebre, síntomas respiratorios y, en los casos más graves, compromiso neurológico severo como encefalitis, con alta probabilidad de muerte.

Uno de los factores que más inquieta a las autoridades sanitarias es la ausencia de una vacuna o tratamiento específico. Actualmente, el manejo clínico se basa en cuidados de soporte intensivo y atención temprana, lo que puede mejorar las probabilidades de supervivencia, pero no elimina el riesgo. El virus tiene como huésped natural a murciélagos frutales de la familia Pteropodidae, y suele transmitirse a humanos por contacto directo con animales infectados o por consumo de alimentos contaminados, como frutas. En algunos brotes, también se ha documentado transmisión de persona a persona en contextos de contacto estrecho.

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Pese a la alarma inicial, los especialistas coinciden en que la probabilidad de expansión del virus Nipah hacia Sudamérica es, por ahora, baja. La infectóloga pediátrica y jefa del Programa de Medicina del Viajero de Clínica Universidad de los Andes, María Luz Endeiza, explica que los casos actuales se concentran en zonas muy específicas de la India, que no corresponden a destinos turísticos masivos. “El mecanismo de transmisión es bastante particular y localizado. Requiere contacto con ciertos animales o con alimentos muy específicos contaminados por murciélagos. Eso hace que el riesgo para viajeros y, especialmente, para países como Chile, sea muy lejano en este minuto”, señala.

No obstante, la especialista advierte que la experiencia con el COVID-19 demuestra que los escenarios pueden cambiar rápidamente. “Partimos diciendo que era un brote localizado y luego vimos cómo se transformó en una pandemia. Por eso, más que generar pánico, lo importante es estar atentos, entender cómo se transmite el virus y reforzar las medidas de vigilancia”, añade.

Desde una perspectiva epidemiológica, la evaluación es similar. María Paz Bertoglia, epidemióloga del Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello, subraya que el virus Nipah es de baja frecuencia, pero de alta letalidad, lo que obliga a una vigilancia constante. “La Organización Mundial de la Salud considera bajo el riesgo de expansión global. Sin embargo, existe un riesgo real de que una persona infectada viaje durante el período de incubación, que puede ir de 4 a 14 días, por lo que es importante considerar este diagnóstico diferencial en personas sintomáticas que tengan el antecedente de viaje a zonas con casos activos”, explica.

En ese contexto, la pregunta clave es qué tan preparado está el sistema sanitario chileno para enfrentar una eventual amenaza de este tipo. Los expertos coinciden en que Chile cuenta con una base sólida. Tras la pandemia de COVID-19, el país fortaleció su sistema de vigilancia epidemiológica, amplió su red de laboratorios con capacidad de diagnóstico molecular y mejoró los mecanismos de coordinación entre el sector público y privado. “La infraestructura quedó instalada y llegó para quedarse. Hoy existe capacidad técnica para detectar virus emergentes, siempre que las alertas se activen a tiempo”, afirma Endeiza.

Bertoglia agrega que Chile opera bajo el marco del Reglamento Sanitario Internacional (RSI), lo que permite una comunicación fluida con organismos internacionales y una respuesta coordinada ante eventos de importancia sanitaria. “Recientemente se evaluaron las capacidades nacionales en vigilancia, respuesta rápida, puntos de entrada y recursos humanos. Eso refleja un compromiso con los estándares internacionales, y los resultados de esa evaluación deben impulsar a invertir más y mejores tecnologías, recursos y personal para poder responder adecuadamente a los desafíos sanitarios de un mundo interconectado.”, sostiene.

En cuanto a los controles fronterizos, ambas especialistas coinciden en que no se justifica implementar medidas indiscriminadas. El foco debe estar en la vigilancia epidemiológica inteligente: identificar viajeros sintomáticos provenientes de zonas con brotes activos, mantener alertas clínicas actualizadas y asegurar la notificación inmediata de casos sospechosos. “Más que frenar viajes, lo clave es que cualquier persona que consulte por fiebre, síntomas neurológicos o respiratorios y tenga antecedente de viaje reciente a zonas de riesgo sea evaluada con mayor rigurosidad”, explica Bertoglia.

La experta comenta que “el riesgo actual para Chile es mínimo, pero no es nulo, principalmente porque no existe evidencia de transmisión sostenida de persona a persona fuera del área afectada y la capacidad de respuesta sanitaria de India ha sido adecuada para contener el evento en ocasiones anteriores. Chile no registra casos y su distancia geográfica de las zonas endémicas (sur y sudeste asiático) reduce significativamente la probabilidad de importación de casos. Sin embargo, la conectividad aérea implica que no puede descartarse completamente la posibilidad de que una persona infectada viaje durante el período de incubación”.

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