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Chile envejece y las comunas rurales enfrentan una nueva realidad: Menos nacimientos y más personas mayores

En 2025 nacieron 146.446 personas en Chile, un 46,9% menos que en 1993.

La caída de los nacimientos en Chile ya está teniendo efectos concretos en distintas comunas rurales del país. En territorios pequeños, alejados de los centros urbanos y con una población cada vez más envejecida, la combinación entre menos nacimientos, migración de jóvenes y postergación de la maternidad está modificando la composición de las comunidades y tensionando servicios como educación, salud y cuidados.

Tal como consignó El Mercurio, el fenómeno se observa con especial claridad en comunas como Portezuelo, en la Región de Ñuble, que cuenta con cerca de 5.200 habitantes y registra un crecimiento natural negativo de -7,0 por cada mil habitantes. En Cochamó, Región de Los Lagos, la tasa alcanza -8,0, con una población de 4.199 personas, mientras que Río Hurtado, en la Región de Coquimbo, registra -5,9 y 4.334 habitantes.

Las cifras nacionales permiten dimensionar el cambio. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 1993 se registraron 275.916 nacimientos, mientras que en 2023 fueron 174.057. En 2025, en tanto, nacieron 146.446 personas, lo que representa una disminución de 46,9% respecto de 1993.

La Tasa Global de Fecundidad también ha experimentado una fuerte reducción. Entre 1993 y 2025 cayó 59,4% y actualmente se encuentra por debajo de un hijo por mujer, con un promedio de 0,99 nacidos vivos. A esto se suma el aumento en la edad media de la fecundidad, que pasó de 27 años en 1993 a 30 años en 2025.

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En paralelo, las defunciones aumentaron. En 1993 se registraron 76.261 muertes, cifra que llegó a 122.218 en 2023 y a 126.428 en 2025, un incremento de 65,8% respecto de 1993.
Un territorio que pierde población joven

Patricia Soto de la Cruz, doctora en Ciencias Sociales y directora de la Escuela de Educación Inicial de la Universidad San Sebastián, explica que en las comunas rurales la baja natalidad se combina con procesos que profundizan sus efectos.

“La baja natalidad está teniendo un impacto especialmente profundo en las comunas rurales, porque allí se combina con otros procesos demográficos: migración de jóvenes hacia centros urbanos, envejecimiento de la población y menor llegada de nuevas familias”, señala.

A su juicio, no se trata solamente de que nazcan menos niños, sino de territorios que progresivamente pierden población joven. Esto puede traducirse en una menor población económicamente activa, un mayor número de personas mayores que requieren cuidados y una disminución del recambio generacional.

Claudia Rodríguez, coordinadora del Centro de Envejecimiento de la Universidad de los Andes, plantea que lo ocurrido en estas localidades demuestra que Chile es un país envejecido y que algunas comunas ya presentan un envejecimiento “muy muy” marcado, lo que se explica “por un mayor número de defunciones que nacimientos además por la migración interna, donde la población joven se va de la zona por trabajo, estudios, más servicios o nuevas condiciones de vida”, sostiene.

Para la especialista, esta combinación genera cambios estructurales difíciles de revertir en el corto plazo. “Eso genera que los servicios cambien, los cupos de empleo disminuyan, cupos para educación bajen o cierren, complejizando el desarrollo y crecimiento de esa localidad”, agrega.

Más personas mayores y necesidades de cuidado

El envejecimiento también modifica las necesidades de las comunas. Roberto Altamirano, miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida, explica que habrá proporcionalmente menos demanda de atención pediátrica y materna, mientras aumentarán las necesidades asociadas a enfermedades crónicas, multimorbilidad, rehabilitación, deterioro cognitivo, dependencia y cuidados paliativos.

Rodríguez plantea que uno de los primeros desafíos para las autoridades es contar con un catastro de las personas mayores y sus condiciones de vida. Así como “identificar sus patologías y los cuidados que requieran. Solo con ello se podrán generar estrategias de promoción y prevención, atención, cuidados domiciliarios o estrategias para evitar soledad y aislamiento”, señala.

La especialista agrega que, si una persona mayor no puede acceder al sistema de salud por las características del territorio, los servicios deben acercarse a ella. “Acá los municipios, los gobiernos regionales y el trabajo intersectorial son clave”, sostiene.

Planificación para comunas que están cambiando

Frente a este escenario, los expertos plantean que las autoridades deben anticiparse a los efectos de la transición demográfica. Soto propone una planificación territorial de mediano y largo plazo que considere nacimientos, matrícula, envejecimiento, migración y necesidades docentes para los próximos 10 o 15 años.

Altamirano plantea cinco líneas de acción: utilizar proyecciones demográficas comunales para anticipar necesidades, fortalecer la atención primaria rural, potenciar la atención domiciliaria, telemedicina y equipos móviles, desarrollar una red de cuidados y mantener servicios esenciales que permitan a las familias jóvenes permanecer en los territorios.

“La baja natalidad es un indicador que nos obliga a mirar mucho más allá de los nacimientos. Nos habla del futuro de nuestras escuelas, de quién cuidará a las personas mayores, de cómo sostendremos los servicios públicos y, finalmente, de qué territorios queremos seguir habitando”, concluye Altamirano.

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