Ciberdelincuencia, videojuegos y los nuevos blancos de los hackers: Los desafíos que muestran los datos
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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El atractivo digital de los videojuegos entre adolescentes ha abierto un nuevo frente para los ciberdelincuentes. A través de enlaces falsos o herramientas que prometen mejorar la experiencia de juego, los antisociales instalan malware capaz de robar cuentas, dinero virtual e incluso datos bancarios. Expertos alertan sobre el auge de este fenómeno y los desafíos que plantea para familias, jugadores y empresas desarrolladoras.
El creciente interés de los ciberdelincuentes por videojuegos populares entre adolescentes ha abierto un nuevo foco de riesgo digital. A través de herramientas o extensiones que prometen mejorar el rendimiento del juego o entregar beneficios gratuitos, los atacantes introducen códigos maliciosos que permiten acceder a las cuentas de los usuarios, extraer dinero virtual e incluso robar información bancaria.
Según Marcelo Wong, jefe nacional del Cibercrimen de la PDI, los videojuegos en línea se han convertido en un entorno muy atractivo para los delincuentes, pues combinan “un gran volumen de usuarios, la circulación de dinero real en microtransacciones y la presencia de información personal”. Explica que estas plataformas gestionan millones de datos sensibles como tarjetas bancarias y activos virtuales (NFTs o monedas internas) y que gran parte de sus comunidades está compuesta por menores de edad “que muchas veces no son conscientes de los riesgos a los que están expuestos”.
Entre los ataques más frecuentes, Wong menciona el robo de cuentas y credenciales de acceso mediante phishing o ingeniería social, el uso de malware disfrazado de juegos, actualizaciones, y los fraudes con monedas o activos virtuales, que incluso pueden ser utilizados como mecanismos de lavado de dinero. Agrega que también se registran casos de grooming y ciberacoso, sobre todo en plataformas donde los jugadores se comunican por chat o voz.
Explica que han recibido denuncias en los últimos años en las Brigadas de Cibercrimen de la PDI, “donde se han registrado casos vinculados a estafas digitales dentro de videojuegos, robos de cuentas y situaciones de acoso en línea a menores de edad. Desde nuestra perspectiva policial, estos casos demuestran que los videojuegos no están ajenos a la ciberdelincuencia y se han convertido en un espacio donde confluyen las conductas tradicionales de delincuencia, las cuales han evolucionado y se han adaptado a estos nuevos entornos digitales”.
Cifras asociadas
La Radiografía Digital 2025, elaborada por Claro Chile y Criteria, reveló que seis de cada diez niños tienen contacto con dispositivos a los siete años y que la edad promedio de acceso al primer celular es de diez años. Esta exposición temprana, sumada a la falta de mediación adulta, amplifica riesgos como el ciberacoso, la sobreexposición y la vulnerabilidad ante ataques digitales.
A nivel global, el informe “Bienestar infantil en un mundo digital 2025” de Internet Matters muestra un aumento preocupante: el 24% de los niños vulnerables declaró haber vivido experiencias perturbadoras con frecuencia, más del doble del 10% registrado el año anterior. Estas cifras reflejan cómo la exposición digital sin acompañamiento puede intensificar riesgos emocionales y de seguridad, especialmente entre adolescentes.
De acuerdo con datos de Kaspersky, más de 19 millones de intentos de descarga de archivos maliciosos disfrazados de juegos populares de la generación Z fueron detectados en un solo año. Los títulos más utilizados como señuelo incluyen Minecraft, Roblox, Among Us y Brawl Stars, todos ampliamente jugados por menores.
Cómo operan las redes de ciberdelincuencia
Según Thierry De Saint Pierre, director del Magíster en Ciberseguridad de la Universidad San Sebastián, las redes criminales que lucran con cuentas robadas funcionan como verdaderos mercados negros digitales.
“Los atacantes usan programas automatizados que prueban contraseñas filtradas o instalan malware para capturar credenciales al iniciar sesión. Una vez obtenidas, las venden o intercambian en foros clandestinos y canales cerrados de Discord o Telegram”, detalla el académico.
Los precios varían según el nivel del jugador, los objetos virtuales acumulados o las monedas disponibles en la cuenta. En algunos casos, incluso se revenden identidades completas de usuarios o tarjetas asociadas a plataformas de pago. “Este ecosistema delictual es global, pero también tiene presencia local. En Chile se han detectado usuarios que compran o venden cuentas comprometidas, exponiéndose a ser víctimas de fraude”, explica De Saint Pierre.
Educación y prevención: los grandes desafíos
La expansión de los ataques ha llevado a los expertos a enfatizar el rol de la educación digital y la supervisión adulta. Para De Saint Pierre, el acompañamiento de padres y tutores sigue siendo la principal medida de prevención.
“Supervisar las descargas, activar la autenticación en dos pasos, mantener antivirus actualizados y conversar abiertamente sobre los riesgos de compartir datos son pasos básicos que hacen la diferencia”, afirma.
Desde la PDI, Wong insiste en que las familias deben mantener una conducta atenta y responsable respecto de la información que los niños comparten y las comunidades en las que participan. “La conversación constante y la mediación son claves para reducir la exposición”, señala.
Políticas y responsabilidades de la industria
Los especialistas coinciden en que las empresas desarrolladoras también deben reforzar su rol. La seguridad digital, dicen, debe integrarse en el diseño de los videojuegos, no añadirse después.
Esto incluye implementar detección temprana de accesos anómalos, alertas automáticas ante intentos de conexión desde ubicaciones inusuales, controles basados en comportamiento y campañas permanentes de educación y concientización dentro del propio entorno de juego.
“La ciberseguridad ya no puede ser un complemento opcional. Debe formar parte del producto desde su creación”, enfatiza De Saint Pierre.
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