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Empleo y pesimismo: Las señales que profundizan la preocupación por la economía chilena

Las expectativas negativas sobre el empleo llegaron a 91%, su nivel más alto desde mediados de 2020, mientras la desocupación alcanzó 9,5% y el Imacec de julio cayó 1,5% interanual.

Las expectativas sobre el empleo atraviesan uno de sus peores momentos desde la pandemia. La última encuesta Plaza Pública de Cadem, realizada el 2 de septiembre, mostró que un 91% de los consultados considera que la situación del empleo es negativa, el nivel más alto desde mediados de 2020. El resultado se conoce pocos días después de que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informara que la tasa de desocupación llegó a 9,5% en el trimestre mayo-julio de 2026, su nivel más alto en cinco años.

El escenario laboral se suma a un deterioro más amplio de las expectativas económicas. Según el sondeo, un 63% considera que Chile va por un mal camino, cinco puntos porcentuales más que en la medición anterior y el nivel más alto registrado durante el actual gobierno. Solo un 32% cree que el país va por buen camino. A esto se agrega que un 82% evalúa negativamente la situación económica de los consumidores para comprar bienes y servicios, el peor resultado desde que esta medición comenzó en julio de 2014.

Los resultados se conocieron luego de que el Banco Central informara que el Imacec de julio cayó 1,5% respecto del mismo mes del año anterior.

Una economía golpeada por factores puntuales

Para Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno de la Universidad San Sebastián, el resultado confirma que julio fue un mes particularmente débil, aunque una parte importante de la caída estuvo asociada a factores puntuales, especialmente las condiciones climáticas adversas.

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El académico señala que la minería retrocedió con fuerza debido a menores leyes del mineral, mantenciones y condiciones climáticas, mientras que la industria cayó 3,1% y los servicios disminuyeron 0,7%. El Imacec no minero también registró una caída, aunque menor, de 0,3% anual.

“El clima parece haber afectado a la economía por varios frentes. Por una parte, dificultó el normal funcionamiento de faenas mineras; por otra, impactó a los servicios y a la producción industrial. También hubo efectos sobre actividades como la educación, debido a las suspensiones de clases”, sostiene Weber.

El comercio, en cambio, mostró una señal algo más favorable, con un crecimiento de 0,7% en doce meses, impulsado principalmente por el comercio minorista y las ventas online. El comercio mayorista, sin embargo, cayó, particularmente por las menores ventas de materiales de construcción.

Para Weber, parte de los factores que explicaron el mal resultado de julio podría comenzar a disiparse si las condiciones climáticas se normalizan. La recuperación de las faenas mineras, la industria y la construcción también podría entregar mayor dinamismo durante los próximos meses.

“Por eso, más que interpretar el Imacec de julio como un deterioro permanente de la economía, creo que hay que separar los factores transitorios de los más estructurales. El dato es indudablemente malo y confirma que la recuperación sigue siendo frágil, pero también existen condiciones para que el segundo semestre muestre un mejor desempeño si se normalizan los factores climáticos y comienzan a recuperarse sectores como la minería, la industria y la construcción”, plantea el experto.

Con todo, el académico estima que, pese a que podrían observarse cifras positivas hacia el cierre del año, incluso con algunos meses sobre el 3%, lo más probable es que Chile termine 2026 con un crecimiento algo inferior al 1%.

Producción, desempleo y brecha digital

Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, vincula el deterioro de las expectativas con una combinación de menor crecimiento, factores climáticos y problemas estructurales del mercado laboral. “Las expectativas se forman a partir de los datos que se van obteniendo. Los datos de crecimiento son más malos de lo que se pensaban”, afirma.

El académico sostiene que el fenómeno climático ha afectado especialmente a actividades vinculadas con la producción de bienes, entre ellas la agricultura, la pesca, la industria forestal y la minería. En el caso de la minería, agrega que las inundaciones y los daños en infraestructura pública también pueden ralentizar las operaciones y reducir la producción.

A este escenario se suma el desempleo de 9,5%, que Román considera alto, junto con una brecha entre las capacidades que buscan los empleadores y las de quienes están buscando trabajo. “Tenemos un problema estructural que tiene que ver con una brecha digital que se ha ido agudizando, producto de los grandes avances tecnológicos, particularmente el de la inteligencia artificial”, explica. Según el académico, se trata de un desafío de largo plazo, cuya reversión podría tomar décadas.

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