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Encerronas en Chile: Las comunas con más casos y las redes ilegales detrás del robo de vehículos

Los expertos advierten sobre la conexión de estos delitos con mercados ilícitos de autos y repuestos. En la RM, Maipú, Puente Alto y San Bernardo lideran los registros.

La violenta encerrona que sufrió la periodista Mónica Rincón volvió a poner la atención sobre uno de los delitos que afectan a los conductores en Chile. Sin embargo, detrás de estos hechos no solo existe la sustracción de un vehículo: también puede haber redes dedicadas a la venta ilegal de automóviles, la clonación de patentes y documentos, y la comercialización de piezas robadas.

Un reporte de la División de Estudios, Evaluación, Control y Desarrollo de la Gestión (DIVEST) del Ministerio Público analizó 89.179 hechos catalogados como robo violento de vehículos entre 2020 y 2025. El documento constituye el primer esfuerzo institucional de la Fiscalía por cuantificar y caracterizar este fenómeno, considerando sus modalidades de comisión y su evolución reciente.

De acuerdo con el documento, en 2025, se registraron 12.756 víctimas de robo violento de vehículo, cifra que es un 26% menor que en 2024, cuando se contabilizaron 17.917 víctimas.

Las modalidades del robo violento de vehículos

Carolina Stefoni, directora alterna del Núcleo Milenio sobre Inseguridad y Cohesión Urbana (NUMIC), explica que la encerrona ocurre cuando los delincuentes interceptan un automóvil en movimiento, habitualmente en una autopista o en la vía pública, para obligar al conductor a descender y sustraer el vehículo. En tanto, el falso pasajero consiste en utilizar aplicaciones de transporte para solicitar un viaje y posteriormente robar el automóvil. El portonazo, por su parte, ocurre cuando la víctima entra o sale de su domicilio.

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Según Stefoni, la evolución de estos delitos también está relacionada con los cambios tecnológicos en los sistemas de seguridad de los automóviles. Mientras que antiguamente los vehículos podían ser sustraídos mediante la apertura de sus puertas y la manipulación de los cables de encendido, los mecanismos actuales han dificultado esas prácticas.

En ese escenario, la especialista sostiene que los delincuentes han recurrido a métodos más violentos para concretar los robos. El uso de la intimidación y la fuerza busca que las víctimas entreguen rápidamente sus vehículos, reduciendo el tiempo necesario para ejecutar el delito.

La evolución de las cifras y las zonas más afectadas

El comportamiento de los robos violentos de vehículos ha variado durante los últimos años. De acuerdo con Stefoni, durante la pandemia se produjo una disminución de las denuncias, asociada a las restricciones de movilidad. Posteriormente, en 2022 se registró un aumento abrupto, mientras que en 2025 se observó una disminución importante.

La Región Metropolitana concentra la mayor frecuencia de estos delitos. Dentro de ella, las comunas con más casos denunciados son Maipú, Puente Alto, San Bernardo, Pudahuel y Quilicura, en ese orden, según la información del reporte de DIVEST.

Otro antecedente relevante es el perfil de las víctimas y de quienes participan en estos hechos. El informe señala que el 78% de las víctimas son hombres, mientras que el 54% de los imputados tiene menos de 22 años.

Para Stefoni, la participación de adolescentes y jóvenes constituye un elemento preocupante, especialmente por su posible vinculación con organizaciones criminales. Según plantea, las condiciones de vulnerabilidad social pueden aumentar la exposición de niños y adolescentes al reclutamiento por parte de estas estructuras.

El negocio ilegal detrás de los vehículos robados

Pilar Lizana, investigadora experta en crimen organizado y directora ejecutiva de Volpe Consulting, plantea que las encerronas deben analizarse más allá del momento en que se sustrae el automóvil. A su juicio, estos hechos pueden formar parte de una economía ilícita que incluye la venta de vehículos robados, la falsificación de sus antecedentes registrales y la comercialización de repuestos.

Una de las modalidades descritas por la especialista consiste en utilizar los documentos y registros de un automóvil siniestrado, adquirido en un remate, para dar apariencia de legalidad a otro vehículo robado. De esta manera, el automóvil sustraído puede ser comercializado mediante la clonación de sus antecedentes.

Lizana agrega que este mercado puede trascender las fronteras nacionales. Según explica, vehículos robados en Chile pueden terminar comercializados en países como Bolivia, donde existen mercados para este tipo de bienes.

La investigadora también advierte sobre las irregularidades en el comercio de piezas y partes automotrices y esta situación dificulta distinguir entre las actividades comerciales legítimas y aquellas vinculadas con la receptación de piezas robadas.

Por ello, Lizana sostiene que algunas encerronas pueden responder a hechos cometidos por grupos que buscan sustraer un automóvil para utilizarlo en otros delitos, mientras que otras pueden estar conectadas con redes criminales más amplias, cuyo objetivo es obtener ganancias mediante la comercialización ilegal de vehículos y sus componentes.

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