Inicio » Facts » Equipo

Radiografía de la salud mental en Chile: Cansancio, estrés y brechas de acceso marcan el escenario actual

Una encuesta Cadem muestra que el cansancio es el sentimiento predominante entre los chilenos, con 30%, mientras el estrés alcanza 37% y supera a la felicidad.

El cansancio se ha instalado como uno de los principales estados emocionales entre los chilenos. De acuerdo con una encuesta de Cadem, el 30% de las personas identifica este sentimiento como el predominante, mientras que el estrés alcanza un 37%, tres puntos por sobre la felicidad, que llega a 34%. El escenario se desarrolla además en un contexto de incertidumbre económica, donde la evaluación económica personal se ubica en terreno negativo con 36%, mientras la capacidad de pagar deudas o créditos alcanza 46%, la de comprar bienes y servicios llega a 30% y la de ahorrar o invertir se reduce a 25%.

Para Isabel Puga, psicóloga clínica del Departamento de Promoción Integral de la Salud del Centro de Salud USACH, las cifras reflejan una situación que también observa en la práctica clínica y universitaria. “Los datos entregados por la medición Cadem reflejan con mucha claridad lo que observamos día a día en la consulta clínica y en la docencia universitaria: nos enfrentamos a un estado de agotamiento profundo y colectivo, donde un 62% de las personas reporta sentimientos negativos”, sostiene.

La especialista plantea que el cansancio, el estrés y la disminución de los afectos positivos deben entenderse dentro de un escenario más amplio. Según explica, esta sobrecarga puede expresarse en trastornos del sueño, sintomatología ansiosa, irritabilidad y desánimo. A esto se suman las presiones económicas y la percepción de inseguridad, factores que pueden mantener a las personas bajo una sensación prolongada de alerta.

Un sistema con dificultades para responder

Frente al aumento de las necesidades de atención psicológica y psiquiátrica, Puga advierte que el sistema de salud presenta limitaciones estructurales. En el sector público identifica una alta presión asistencial y falta de horas disponibles, mientras que en el privado observa restricciones asociadas a la cobertura de las Isapres.

salud mental chile

La especialista señala que Chile destina alrededor del 2% del gasto total en salud al área de salud mental, una proporción que considera distante del 5% recomendado por la OMS. A su juicio, esto contribuye a mantener un modelo principalmente reactivo, en el que la atención llega cuando los cuadros ya se encuentran en una etapa aguda.

Una de las principales paradojas, según Vicente García-Huidobro, psicólogo clínico y académico del Instituto de Filosofía de la Universidad Católica, está en la disponibilidad de profesionales y las dificultades de acceso. “Chile sobresale por la cantidad de gente que está estudiando y que está egresando de las escuelas de psicología, sin embargo, la mayor parte de esas personas que están egresando no están trabajando dentro del sistema de atención psicológica”, explica.

El especialista plantea que existe una gran cantidad de psicólogos, pero que muchos permanecen fuera del sistema formal de atención debido a la falta de presupuesto y de puestos laborales. “Vemos la paradoja de tener grandes problemas de atención psicológica. Mucho psicólogo, pero, sin embargo, una gran dificultad acceso a la atención psicológica en los distintos sectores sociales”, sostiene.

A esta situación se suma la precariedad de algunos puestos laborales disponibles para estos profesionales, según García-Huidobro, quien apunta a la existencia de empleos con “sueldo muy bajo” y condiciones poco favorables.

Jóvenes y adultos mayores, entre los grupos más expuestos

El impacto de este escenario no se distribuye de la misma manera entre toda la población. Puga identifica especialmente a las mujeres y personas que cumplen labores de cuidado, jóvenes y estudiantes universitarios, adultos mayores y población trabajadora como grupos particularmente vulnerables.

En el caso de los jóvenes, García-Huidobro destaca la incertidumbre respecto de sus posibilidades futuras. A su juicio, existe una dificultad creciente para acceder a condiciones básicas como vivienda y estabilidad profesional, situación que puede incrementar la sensación de inseguridad respecto del proyecto de vida.

Los adultos mayores también representan una preocupación creciente debido al envejecimiento de la población chilena. El especialista advierte que existe una tendencia a naturalizar el sufrimiento asociado a la vejez.

Según explica, mientras una enfermedad física o psicológica en una persona joven puede generar rápidamente preocupación y compasión, en los adultos mayores existe una percepción de que ciertas dificultades son simplemente parte de envejecer. Esto puede reducir la sensibilidad frente al sufrimiento físico y mental de este grupo.

Mayor inversión y políticas preventivas

Para los especialistas, uno de los principales desafíos es aumentar el gasto destinado a salud mental. Puga plantea elevar progresivamente el presupuesto específico hasta acercarse al estándar del 5% recomendado por la OMS, además de fortalecer la Atención Primaria de Salud con equipos interdisciplinarios.

También propone mejorar la coordinación entre organismos públicos, establecimientos educacionales, municipios, lugares de trabajo y mutualidades, junto con garantizar una mayor continuidad de los tratamientos.

García-Huidobro coincide en la necesidad de aumentar la inversión. “Es esencial el aumento del gasto en el área de salud mental”, afirma, y plantea una contradicción entre la magnitud del problema y los recursos destinados a enfrentarlo.

El especialista agrega que la situación también debe abordarse desde la prevención y no únicamente cuando las personas presentan cuadros que requieren atención. En ese sentido, plantea que el país debe aprovechar la disponibilidad de profesionales del área e integrarlos efectivamente al sistema.

En paralelo, Puga plantea que las respuestas individuales también pueden contribuir a enfrentar el agotamiento cotidiano. Entre las estrategias que menciona se encuentran realizar pausas durante el día, proteger los horarios de sueño, fortalecer los vínculos significativos, limitar la sobreexposición a pantallas e información angustiante, incorporar movimiento y validar el cansancio sin interpretarlo como una falla personal.

Más sobre Facts