Arca de la Alianza: El mito de su secuestro en territorio filisteo y la maldición de Dagón

Tras apoderarse del mítico cofre sagrado donde Moisés guardó las 10 Tablas de la Ley, los filisteos sufrieron una serie de calamidades bíblicas.

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El Arca de la Alianza es el mítico cofre de madera de acacia, revestido en oro puro y con dos querubines con las alas extendidas en sus extremos, construido para guardar las Tablas de los Diez Mandamientos que fueron entregadas por Yahveh a Moisés en el monte Sinaí y que el pueblo hebreo trasladó hasta la Tierra Prometida.

Arca de la Alianza

La Biblia, en Números 9:15, describe el tabernáculo del Arca cubierto por una nube durante el día y fuego por la noche, lo que demuestra la presencia de Dios entre ellos. De ahí la antigua tradición de que el Arca tenía poderes divinos para derrotar a los enemigos de Israel. Esta, por cierto, fue la premisa de la exitosa película de Steven Spielberg y George Lucas, “Los Cazadores del Arca Perdida” (1981).

El secuestro del Arca de la Alianza es uno de los relatos más famosos del Antiguo Testamento. El libro de Jueces relata que cuando la tierra prometida de Canaán estaba gobernada por una confederación de las Doce Tribus de Israel, para evitar el dominio tribal y los celos, el tabernáculo donde se custodiaba el Arca cambiaba en forma rotativa de lugar durante períodos de tiempo específicos.

La Biblia, en Samuel, relata que por entonces la invasión de los filisteos resultó en varias derrotas para los israelitas. Por ello, los sacerdotes de Silo (donde se encontraba temporalmente el Arca), decidieron llevar el cofre sagrado a la batalla como arma secreta contra el enemigo. Sin embargo, para su gran consternación, los filisteos derrotaron a los israelitas en la batalla de Eben-ezer. Capturaron el Arca y se la llevaron a su templo dedicado a su dios principal, Dagón, en la ciudad filistea de Asdod.

Arca de la Alianza

Los filisteos no sabían que estaban jugando con fuego. La Biblia relata que tras llevar el Arca de la Alianza a su territorio, los filisteos la depositaron en el templo dedicado a su dios Dagón. A la mañana siguiente, la estatua del dios apareció tirada en el suelo. La volvieron a levantar y, al día siguiente, la estatua apareció decapitada y con las manos cortadas.

Eso fue sólo el principio. Los habitantes de Asdod y otras ciudades filisteas (como Gat y Ecrón) comenzaron a sufrir brotes de tumores y forúnculos, asociados a la peste bubónica, sufriendo una gran mortandad, mientras una plaga de ratas devoraba todos sus granos. Tras siete meses de penurias y muertes, los líderes filisteos decidieron devolver el Arca a los israelitas en una carreta, acompañada de ofrendas de oro, para detener el castigo divino de Yave, el Dios único.

Arca de la Alianza

El Arca de la Alianza permanecería en la ciudad de Keriath-Jearim (Abu Gosh) durante los siguientes 20 años. Posteriormente, fue llevada al Templo de Jerusalén por el Rey Salomón. Tras la destrucción de Jerusalén por los babilonios en el año 586 a.C., el Arca desapareció sin dejar rastro, hace más o menos 2.600 años.

Su paradero sigue siendo uno de los mayores enigmas de la Antigüedad, con teorías que sugieren que fue escondida bajo tierra, encontrada por los caballeros templarios en las Cruzadas o llevada a Europa o Etiopía. Compitiendo con el Santo Grial, el Arca sigue siendo una de las reliquias más codiciadas de la historia.

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