Arturo Prat y su supuesta relación con el espiritismo: La tragedia que marcó su vida

El mítico héroe naval chileno participó en sesiones espiritistas para comunicarse con su padre muerto y su pequeña hija recién fallecida.

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El abogado, militar y marino Arturo Prat Chacón (1848-1879) es considerado el máximo héroe naval de la historia de nuestro país. Célebre por su famoso salto espada en mano desde la corbeta Esmeralda para inmolarse en aras de la Patria en la cubierta del monitor peruano Huáscar durante la batalla naval de Iquique -acaecida el 21 de mayo de 1879, en las fases iniciales de la Guerra del Pacífico-, su muerte aunó a la población chilena en torno a la causa común de la guerra, creando nuevas reglas de conducta que le significaron a nuestro país obtener la victoria en esa conflagración, las que serían internalizadas por las generaciones siguientes.

Arturo Prat Chacón.

Arturo Prat Chacón.

Descendiente de catalanes y nacido en 1848 en una hacienda del sur de Chile, Arturo Prat no sólo fue un destacado marino y militar, sino que además desempeñó una destacada carrera como abogado, trabajando en temas jurídicos relacionados con lo naval. Sin embargo, un aspecto de su vida que muchos desconocen dice relación con su supuesta cercanía con el espiritismo -doctrina que sostiene que es posible entrar en contacto con espíritus de personas fallecidas-, que comenzó a practicar a los 27 años de edad influenciado por su tío materno, Jacinto Chacón, considerado como uno de los precursores de esta práctica en nuestro país.

Si bien la Iglesia Católica había rechazado en el siglo XIX la práctica del espiritismo por considerarlo una “obra del demonio”, el espiritismo en Chile había comenzado a difundirse a mediados de ese siglo a través de la circulación de libros y de revistas y de la actividad desarrollada, en el ámbito privado, por diversos centros y círculos espiritistas repartidos en distintos lugares del país, concentrados especialmente en los círculos aristocráticos de Santiago y Valparaíso, los cuales solían organizar sesiones y experimentos donde se establecían presuntamente comunicaciones con los espíritus.

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Arturo Prat, un devoto católico practicante, comenzó a experimentar con el espiritismo tras el fallecimiento en diciembre de 1874 de su hija Carmela de la Concepción Prat, una pequeña criatura de contextura frágil y enfermiza que sólo había alcanzado a vivir unos meses de vida, debido a una hernia causada por el mal retiro del cordón umbilical en el momento de su nacimiento.

Prat quedó devastado con la muerte de la criatura, a quien llamaba “mi ángel”, aunque también tenía otra pena que le carcomía el alma. Cuando la niña se encontraba muy mal de salud, Prat no alcanzó a estar con ella para acompañarla en sus últimos días de vida, pues se encontraba destinado en el norte del país cumpliendo sus deberes navales, en un hecho que lo marcaría profundamente hasta su fallecimiento.

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Según relata el escritor Jorge Baradit en su obra “Historia Secreta de Chile”, Arturo Prat, todavía apesadumbrado por la muerte de su hija, habría participado junto a su esposa Carmela Carvajal en una sesión de espiritismo que se realizó una noche de abril de 1875, en una gran casona aristocrática en un cerro de Valparaíso. Su intención, por cierto, era comunicarse con el espíritu de la niña.

En dicha sesión también participarían algunos encopetados vecinos porteños, quienes tras tomarse de las manos con el matrimonio Prat-Carvajal y esperar bajo completo silencio, comenzaron a recibir los escuetos y misteriosos mensajes que llegaban desde ultratumba mediante la médium Rosario Orrego, quien solía celebrar sus sesiones de espiritismo en completa oscuridad, acompañada sólo de un lápiz y abundante papel, que rayaba desordenamente hasta entrar en contacto con los espíritus del Más Allá.

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En un momento de dicha sesión, mientras Prat esperaba con ansias contactarse con el espíritu de su hija Carmela, la voz de la médium se desdobló en un hilillo de voz que parecía venir del mundo sobrenatural y que articuló la siguiente frase: “Papá… es triste despertar en este mundo y ver el sufrimiento que ha causado mi partida. Pero Dios así lo dispone, hágase su voluntad”. Tras escuchar estas palabras, Arturo Prat rompió a llorar, abrazado junto a su esposa.

Arturo Prat junto a su esposa Carmela Carvajal, junto a los dos hijos que tuvo la pareja.

Arturo Prat junto a su esposa Carmela Carvaja y los dos hijos que tuvo la pareja.

El héroe naval que fallecería en la rada de Iquique a los 31 años de edad, también habría realizado sesiones de espiritismo para comunicarse con su fallecido padre, lo cual se habría producido el 4 de abril de 1876. Según relata el mismo Jorge Baradit, el papá de Prat, a través de la médium, le dijo a su hijo Arturo: “Ten la seguridad de que nos volveremos a ver”, procediendo a continuación a hablarle sobre tópicos como el amor y la compasión y a aconsejarlo sobre la manera en que debía ser educado Ricardo, el hermano menor de Prat.

Curiosamente, Ricardo Prat Chacón, el hermano menor del héroe naval de Iquique, también eventualmente se convertiría en un ferviente creyente de las prácticas espiritistas, atrayendo a sus filas a Jaime Galté, considerado hoy el más importante médium de la historia de Chile, responsable de asesorar y diagnosticar por vías paranormales durante décadas a miles de chilenos -entre ellos, a los Presidentes Carlos Ibáñez del Campo y Salvador Allende y a la familia de la Presidenta Michelle Bachelet- a través del espíritu de un médico fallecido.

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