El caso que aterrorizó Inglaterra: el vampiro del cementerio de Highgate

A fines de la década del 60’ los londinenses se vieron conmocionados con la supuesta presencia del “Rey Vampiro de Valaquia”.

Guía de: Fenómenos Paranormales

En el distrito londinense de Islington, cerca de Highgate Hill, Inglaterra, se ubica el famoso cementerio de Highgate, un lugar de arquitecturas sobrecargadas, esculturas clásicas y una intensa atmósfera gótica. Allí reposan los restos de famosos personajes como el físico Michael Faraday y el filósofo político Karl Marx, además de muchos artistas, arquitectos y héroes militares británicos.

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La tumba de Karl Marx.

La tumba de Karl Marx.

Construido en 1839 para paliar la precariedad de los cementerios locales aledaños, Highgate fue uno de los primeros camposantos privados del lugar y se convirtió rápidamente en el sitio de descanso eterno preferencial de las altas clases sociales inglesas, aunque durante la segunda mitad del siglo XX caería en el abandono y la decadencia. Sin embargo, el lugar saltaría nuevamente a la palestra pública luego que los tabloides ingleses comenzaran a publicar las primeras historias que afirmaban que el cementerio no sólo estaba embrujado, sino que también era el sitio donde descansaba un vampiro real, el llamado “Rey Vampiro de Valaquia”, un noble de Valaquia que habría sido traído a Inglaterra en un ataúd en el siglo XIX. Una criatura infernal que, según algunos testigos, a veces iba acompañada de tres fantasmas.

Si bien a partir de la década del 60’ los medios de comunicación británicos comenzaron a informar sobre el primer vampiro de Inglaterra en más de cien años, los primeros reportes de índole sobrenatural en el cementerio de Highgate se remontan a 1890, cuando un anciano del lugar afirmó haber visto a una entidad sobrenatural que había matado a una mujer en Harmondsworth y, a continuación, había bebido su sangre. Si bien muy pocas personas le dieron crédito a su relato, en la mañana del 16 de abril de 1922 una persona fue atacada cerca del cementerio por “algo” que le mordió el cuello y le intentó succionar la sangre. El hombre, que fue encontrado casi exánime en la vía pública, fue llevado al hospital de Charing Cross, donde los cirujanos insistieron en que no había sido mordido, sino que había sido apuñalado con un objeto cortante fino. Sin embargo, dos horas y media más tarde llegó otra persona al hospital con heridas idénticas en el cuello y, un poco después, una tercera víctima. La policía determinó que estas tres personas habían sido atacadas por un asaltante invisible, exactamente de la misma manera, en las cercanías del cementerio de Highgate. En ese momento comenzaron a esparcirse los rumores de que había un vampiro real rondando por Londres.

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Por esa misma época varios testigos afirmaron haber visto, en una noche de abril iluminada por la luna llena, a un ser oscuro de dos metros de altura volando alrededor de la iglesia de West Drayton que se dirigió hacia el cementerio de Highgate. Dos policías que intentaron perseguir al ente alado relataron que la criatura emitió un chillido espeluznante, justo antes de que batiera sus alas y desapareciera entre las tumbas del camposanto.

Debido al terror generalizado que se instaló entre los habitantes de la ciudad, las autoridades decidieron contratar a un cazador de vampiros profesional. Semanas más tarde, un policía informó a la prensa que el vampiro había sido “cazado” y puesto a descansar en uno de las más profundas bóvedas del cementerio de Highgate, con una estaca de madera en su corazón.

El vampiro vuelve a atacar

Tuvieron que pasar varias décadas para que se reanudaran los reportes sobrenaturales en el cementerio de Highgate. En 1963 dos adolescentes de 16 años que volvían de una fiesta y pasaron frente a la puerta norte del cementerio, afirmaron que habían visto los cuerpos de varias personas presuntamente fallecidas saliendo de sus tumbas. Semanas más tarde, una pareja observó una entidad de aspecto espeluznante “flotando” detrás de las rejas de hierro de la puerta del cementerio. Además, se descubrieron por todo el cementerio numerosos cadáveres de animales, especialmente zorros, a los cuales se les había drenado toda la sangre a través de unas extrañas incisiones que tenían en la garganta.

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El 24 de diciembre de 1969 un joven identificado como David Farrant, durante una noche en que él y un grupo de amigos interesados en lo oculto recorrían el viejo camposanto, aseguró que observó un ser “gris” de gran altura merodeando por el cementerio. Farrant envió una carta al diario “Hampstead and Highgate Express” relatando su tétrica experiencia, lo cual desató una oleada de cartas firmadas por otros habitantes de la localidad, que no sólo confirmaron la existencia del supuesto vampiro, sino que también describieron a una gran variedad de fantasmas que supuestamente embrujaban el cementerio y los caminos adyacentes. Fue el caso de un supuesto fantasma de un hombre alto con sombrero de copa que solía caminar cerca de un antiguo mausoleo, una dama de blanco que solía salir de un sepulcro, un rostro que se asomaba a través de las barras de la reja principal, una figura que caminaba sobre el agua de un estanque y el sonido de lastimeras voces que parecían salir de entre las tumbas.

El 27 de febrero de 1970 Sean Manchester, un residente de Highgate aficionado a los fenómenos ocultos y que decía descender del poeta inglés Lord Byron, informó a la prensa que el aterrador ente sobrenatural que merodeaba por el cementerio era “un Rey Vampiro de los No-Muertos”. Según Manchester, se trataba de un noble medieval que había practicado la magia negra en la región rumana de Valaquia y que había sido llevado en un ataúd a Inglaterra por sus seguidores, siendo presuntamente enterrado en 1800 en el sitio que eventualmente se convertiría en el cementerio de Highgate, donde descansó hasta que un grupo de satanistas lo invocó y lo volvió a la vida.

David Farrant en el interior de un mausoleo del cementerio de Highgate, en 1971.

David Farrant en el interior de un mausoleo del cementerio de Highgate, en 1971.

David Farrant, quien comenzó a aparecer cada vez más en la prensa inglesa hablando del vampiro, en tanto, opinó que la criatura podría ser un espectro o fantasma de hábitos vampíricos, que se alimentaba, además de la sangre de sus víctimas, de la energía psíquica de las personas, la misma energía que permitía que el vampiro se materializaba cuando se daban ciertas condiciones adecuadas.

En 1971 las autoridades inglesas comenzaron a preocuparse cuando una niña aseguró que había sido atacada por el vampiro en el exterior del cementerio. La menor regresaba a su casa cuando fue súbitamente arrojada al suelo, con una fuerza sobrehumana, por una “figura negra, alta y con una cara blanca mortal”. El ataque no se llevó a cabo porque en ese preciso momento un automóvil que pasaba por el lugar se detuvo a ayudarla y el vampiro “desapareció” con el resplandor de los faros, desvaneciéndose por una pared del cementerio de tres metros de altura.

La cacería del vampiro de Highgate

Los vecinos de Highgate Hill, cansados de todos estos tétricos reportes, decidieron tomar el toro por las astas y organizaron el 13 de marzo de 1971 una cacería del “vampiro de Highgate”, que fue incluso cubierta por varios canales de televisión, que transmitieron una serie de especiales en los cuales se hablaba a fondo sobre el centenario cementerio y las entidades espectrales que lo habitaban. La búsqueda del presunto chupasangre se prolongó alrededor de tres días y una multitud de personas armadas con ajos, cruces, agua bendita y estacas, ayudados de las autoridades, buscaron sin éxito al vampiro.

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Por esa época, Farrant y Manchester, convertidos por los mismos medios de prensa en una suerte de “Van Helsings del siglo XX”, entablaron una mediática rivalidad sobre quién capturaría o asesinaría al vampiro, lo que desató otras cacerías durante ese mismo año.

En el libro “El vampiro de Highgate”, publicado por Sean Manchester años más tarde, éste narraría con lujo de detalles lo que ocurrió durante una de estas cacerías. Según Manchester, entró con un grupo de personas al cementerio a través de las rejas dañadas de una iglesia cercana. Lo primero que hizo fue intentar abrir la puerta a una catacumba que, de acuerdo con una médium que lo acompañaba, era donde dormía el vampiro. Al no poder forzar la cerradura, Manchester entró a través de un hueco en el tejado del mausoleo y se encontró con varios ataúdes vacíos en el interior, los cuales roció con agua bendita y dientes de ajo.

“Reinaba la oscuridad y una horrible pestilencia asaltaba nuestras fosas nasales. Las plataformas soportaban un gran número de ataúdes carcomidos. Me tomé la molestia de contarlos y observé, después de comparar su número con las inscripciones fúnebres de la fachada, que había uno de mas. Pero ¿cuál era? Advertí un sarcófago situado a ras de suelo, al fondo de la gruta; estaba mejor conservado que el resto y no tenia marca alguna de la identidad de su ocupante.

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Después de acercarnos con extrema prudencia, y el corazón encogido, levantamos la tapa. No estaba vacío, había un cuerpo que no parecía ni vivo ni muerto. Desconcertados, contemplamos durante unos instantes interminables aquel espectáculo que desafiaba toda explicación lógica. Uno de mis acólitos comentó, rompiendo el silencio, que no llevaba mucho tiempo muerto. Pero la gruta tenía más de un siglo y no había acogido recientemente a ningún difunto.

Apenas hubo pronunciado estas palabras, esgrimí una estaca de madera de álamo, cuya punta sitúe en el flanco izquierdo del cuerpo, entre la séptima y la octava costilla. El sol se estaba poniendo. Con un fervor aún mayor, me puse a exclamar las fórmulas de exorcismo que retumbaron contra las paredes de la gruta: “¡Avanza, ser pérfido, portador de todos los males y de todas las falsedades, enemigo de la virtud, perseguidor de los inocentes! ¡Cede tu lugar, viciosa criatura! ¡Cede tu lugar, espíritu maligno! ¡Cede tu lugar al Cristo!”

Poco después, se elevó de las tumbas un sordo fragor, acompañado de poderosas y profundas vibraciones. Atemorizada, la médium soltó la Biblia que sostenía. Uno de mis ayudantes la retuvo en el instante en que se disponía a salir del círculo. El crepúsculo se cernía sobre nosotros. Blandiendo el gran crucifijo que empuñaba con la mano derecha, exclamé: “¡Vete, horrible demonio! ¡Regresa con los tuyos y no vuelvas jamás a atormentar a los hijos de Dios Todopoderoso!” Dicho esto, lancé la cruz con todas mis fuerzas a las tinieblas de la gruta. Tan sólo el silencio me respondió. Permanecimos durante largo tiempo envueltos por ese silencio de mármol, sin osar movernos. Finalmente anuncié que todo había concluido y pudimos partir.

Al recoger la Biblia lanzada por la médium, observé que había caído abierta por una página del Deuteronomio. Mis ojos se deslizaron sobre las palabras: “Asegúrate solamente de que no comerás sangre, pues la sangre es la vida…” (Capitulo 12, versículo 23). Siguiendo nuestra recomendación, tapiaron con ladrillos y cemento la entrada de la gruta”.

Fotografías del supuesto vampiro exterminado por Sean Manchester en las cercanías del cementerio de Highgate.

Fotografías del supuesto vampiro exterminado por Sean Manchester en las cercanías del cementerio de Highgate.

Sean Manchester.

Sean Manchester.

Manchester relató en su libro que tres años después de estos sucesos descubrió el cuerpo de otro vampiro en el sótano de una casa abandonada en el área de Highgate, el cual quemó luego de clavarle una estaca. De acuerdo al mismo Manchester, la única forma de matar a un vampiro era utilizar la denominada “Técnica antigua de extermino vampírico”, que consiste en clavar la estaca en el corazón de la criatura, para después cortarle la cabeza, rociar su cuerpo con agua bendita, introducir una hostia en la boca y después quemar todos los restos (En una entrevista realizada en 1985, Manchester se jactaba de haber acabado con 30 vampiros siguiendo este sangriento ritual).

Curiosamente, en agosto de 1970, tres niños que jugaban cerca de una catacumba del cementerio de Highgate encontraron los restos incinerados y decapitados de una mujer que había fallecido en 1926. La policía, tras examinar el caso, concluyó que se trataba de un ritual satánico.

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Poco después de eso, David Farrant fue detenido por la policía mientras intentaba entrar al cementerio de Highgate durante la noche. Llevaba consigo un crucifijo y una estaca de madera. Fue arrestado, pero liberado al no encontrársele culpable de ningún crimen. Sin embargo, en 1974 fue encarcelado luego de ser hallado culpable de dañar monumentos y profanar tumbas, así como de vandalismo y extracción de restos humanos en Highgate.

Para 1975, la actividad del supuesto “vampiro” de Highgate había desaparecido del todo, quedando relegada a
menciones en series televisivas y reportajes de índole paranormal en medios impresos. Varios libros que se han lanzado posteriormente aseguran que el supuesto chupasangre del cementerio no fue otra cosa que un ejemplo de pánico colectivo y exageración de rumores por parte de David Farrant y Sean Manchester, los dos supuestos cazadores de vampiros. Sin embargo, otros, por el contrario, creen que en las centenarias catacumbas y góticos mausoleos del cementerio de Highgate todavía se esconde algo terrorífico e innominado.

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