El fatídico caso del supuesto fantasma de Hammersmith: Terminó en un homicidio

En 1804, en Inglaterra, se produjo un insólito episodio protagonizado por un posible espectro vestido de blanco.

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Una de las supuestas apariciones de fantasmas más célebres de la historia británica ocurrió a principios del siglo XIX. Ocurrió en la localidad de Hammersmith, leyenda que en 1803 sembró el pánico en dicho distrito londinense, cuando varios vecinos afirmaron que habían sido atacados por el espíritu de un hombre que se había suicidado y, que fue sido enterrado en el cementerio local el año anterior, y cuya alma presuntamente no descansaba en paz, debido a la creencia popular de que las víctimas de suicidio no deberían ser enterradas en un suelo consagrado.

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El “fantasma” de Hammersmith fue visto por primera vez en noviembre de 1803. Lo describieron como una figura muy alta y vestida completamente de blanco, aunque también se dijo que usaba una prenda de piel de becerro con cuernos y grandes ojos de cristal. Dos mujeres, una anciana y la otra embarazada, denunciaron que habían sido detenidas por el fantasma en distintas ocasiones mientras caminaban cerca del cementerio.

Días más tarde, el sirviente de un cervecero, Thomas Groom, testificó que mientras caminaba por la noche por el cementerio de Hammersmith con un compañero, algo se levantó de detrás de una lápida y lo agarró por el cuello.

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El 29 de diciembre de 1803 William Girdler, un vigilante nocturno, aseguró que había visto al fantasma mientras estaba cerca del sector de Beaver Lane y lo persiguió. Según él, la aparición se quitó la mortaja y logró escapar. Por entonces, dado que Londres no tenía una fuerza policial organizada y como “mucha gente estaba muy asustada” -según relató el mismo Girdler-, varios ciudadanos formaron patrullas armadas con la esperanza de aprehender al fantasma.

Un oficial llamado Francis Smith se unió a la búsqueda. La noche del 4 de enero de 1804 se encontró de sopetón con una figura vestida con un supuesto sudario blanco. Pensando que se había encontrado cara a cara con el ser más temido de todo Londres, Smith sacó su arma de fuego, pronunció la frase “maldito seas” y le descerrajó un tiro en pleno rostro.

El ruido del disparo congregó de inmediato a todas las patrullas que rondaban por el sector. Sin embargo, cuando todos se acercaron a ver al fantasma, se percataron que era un hombre de carne y hueso. Se trataba de un albañil llamado Thomas Millwood, quien vestía su ropa habitual de trabajo -un delantal blanco y unos pantalones de lino y una chaqueta de franela del mismo color- y que caminaba por allí en dirección a su casa tras haber visitado a sus padres.

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La víctima, según determinaría la justicia británica, había perdido la vida tras recibir un disparo mortal en la parte inferior izquierda de su mandíbula, luego de ser confundido erróneamente con el fantasma de Hammersmith. Su viuda, la Sra. Fulbrooke, relataría posteriormente que le había advertido a su marido que cubriera su ropa blanca con un abrigo, pues ya lo habían señalado como el sospechoso con el supuesto espectro en una ocasión anterior.

El agente Francis Smith, el responsable de la muerte del albañil Thomas Millwood, sería juzgado y declarado culpable de asesinato y condenado a muerte (mediante ahorcamiento, con la posterior disección de sus miembros), aunque luego se le conmutó la pena capital a un año de trabajos forzados.

Dibujo que recrea al zapatero John Graham, el verdadero fantasma de Hammersmith.

Dibujo que recrea al zapatero John Graham, el verdadero fantasma de Hammersmith.

La enorme publicidad que se le daría al caso del fantasma de Hammersmith en Londres convenció al verdadero culpable de presentarse antes las autoridades londinenses: Era John Graham, un zapatero anciano que admitió que había estado fingiendo ser un fantasma usando una sábana blanca para asustar a su aprendiz, quien a su vez había estado aterrorizando a los hijos de Graham con historias de espectros y aparecidos. Hasta el momento, no hay el menor registro de que hubiera sido castigado por aquello.

Irónicamente, unas dos décadas después de estos hechos, los vecinos del distrito londinense de Hammersmith aseguraron que por allí rondaba el espectro de un nuevo fantasma: El espíritu de Millwood, quien, clamando venganza, vagaba por el mismo sector donde había recibido el disparo que le costó la vida.

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